La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín dejó una imagen de aparente cordialidad, pero también un aviso político de primer nivel. Los presidentes de Estados Unidos y China mantuvieron este jueves un encuentro de algo más de dos horas en el Gran Palacio del Pueblo, con una agenda marcada por el comercio, la inteligencia artificial, los chips, la guerra en Ucrania, Oriente Medio y la estabilidad en Asia.
El recibimiento fue solemne. Pekín preparó una ceremonia con honores militares, alfombra roja y banderas de ambos países en la plaza de Tiananmen. Sin embargo, detrás de la puesta en escena había un pulso mucho más concreto para la economía digital global: quién controla el acceso a los semiconductores avanzados, qué margen tienen las tecnológicas estadounidenses en China y hasta dónde puede escalar la tensión por Taiwán.
Taiwán vuelve a tensar la relación entre Washington y Pekín
Xi trasladó a Trump que la relación bilateral debía avanzar por la vía de la cooperación, aunque endureció el mensaje sobre Taiwán. Según medios estatales chinos recogidos por agencias internacionales, el presidente chino advirtió de que una mala gestión de este asunto podría provocar un deterioro grave de la relación entre ambas potencias.
El peso de Taiwán en la industria tecnológica explica por qué esta cuestión va más allá de la diplomacia. La isla ocupa una posición clave en la fabricación de semiconductores, un sector esencial para los centros de datos, los dispositivos electrónicos y los sistemas de inteligencia artificial. Cualquier tensión en el estrecho puede afectar a la cadena global de suministro de chips.
La situación sigue siendo especialmente delicada. Estados Unidos mantiene compromisos legales para facilitar medios de defensa a Taiwán, aunque no reconoce oficialmente a la isla como Estado independiente. China, por su parte, considera Taiwán parte de su territorio. Ese choque vuelve a condicionar cualquier intento de acercamiento comercial entre Washington y Pekín.
Apple, Tesla y Nvidia buscan margen en China
La visita también tuvo una lectura empresarial muy clara. En la delegación estadounidense participaron directivos de grandes compañías con intereses en China, entre ellos Tim Cook, Elon Musk y Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia. La presencia de Huang fue una de las más significativas por el papel de Nvidia en la carrera mundial por la inteligencia artificial.
Nvidia intenta recuperar espacio en el mercado chino tras las restricciones de Estados Unidos a la exportación de chips avanzados. Reuters informó este jueves de que Washington ha autorizado a unas diez empresas chinas a comprar chips H200 de Nvidia bajo condiciones específicas, aunque las ventas aún no se han concretado por las cautelas de Pekín y por los límites impuestos desde Estados Unidos.
El caso resume el nuevo mapa de poder tecnológico. Para las empresas de IA, los semiconductores son infraestructura básica. Para los gobiernos, son una herramienta estratégica. Y para compañías como Nvidia, Apple o Tesla, China sigue siendo un mercado difícil de reemplazar, tanto por su tamaño como por su peso industrial.
China promete más espacio a las empresas estadounidenses
Xi recibió también a los empresarios que acompañaron a Trump y trasladó que China está dispuesta a ofrecer más oportunidades a las compañías estadounidenses. El mensaje llega en un momento en el que Pekín busca estabilizar su relación comercial con Washington, pero sin ceder en los asuntos que considera estratégicos.
Trump acudió a la cumbre con el objetivo de lograr avances económicos. Entre los temas sobre la mesa figuran la compra de productos agrícolas, posibles acuerdos vinculados a aeronaves estadounidenses y nuevos canales de diálogo comercial para evitar otra escalada arancelaria. Al cierre del primer encuentro no se habían anunciado acuerdos concretos.
¿Pueden Estados Unidos y China cooperar en comercio mientras compiten por el liderazgo tecnológico? La reunión no despejó esa duda, pero sí dejó claro que las empresas necesitan estabilidad para operar en los dos mercados.
Irán, Ucrania y Corea completan la agenda
La cita no se limitó al comercio. Según las informaciones disponibles, ambos mandatarios abordaron también la situación en Oriente Medio, la guerra de Ucrania y la península de Corea. La guerra en Irán añade presión a la conversación por su impacto potencial sobre el petróleo, el estrecho de Ormuz y la inflación.
Estados Unidos espera que China use su influencia sobre Teherán para rebajar la tensión en el Golfo Pérsico. Pekín, mientras tanto, observa con preocupación cualquier alteración en los flujos energéticos, ya que China figura entre los grandes compradores de petróleo iraní.
Una cumbre con gestos de cooperación, pero sin cerrar el choque tecnológico
La visita continúa con actos simbólicos en Pekín, entre ellos una visita al Templo del Cielo, un almuerzo y un banquete oficial. La escenografía busca proyectar estabilidad, pero los asuntos de fondo siguen abiertos.
Para el sector tecnológico, la señal es clara: la rivalidad entre Estados Unidos y China seguirá marcando el futuro de la inteligencia artificial, los chips y las cadenas de suministro globales. La cumbre ha servido para rebajar el tono público y mantener abiertos los canales de diálogo. Aun así, Taiwán, los semiconductores y las restricciones comerciales siguen siendo los puntos capaces de bloquear cualquier avance.
