Donald Trump ha vuelto a amenazar con aranceles en medio de la tensión internacional y de los conflictos que siguen creciendo en Oriente Medio. En este caso las amenazas van dirigidas a España, por el rechazo del Gobierno a que se usen las bases militares del país. La guerra comercial es algo en lo que el presidente de EEUU ya tiene experiencia. Pero hoy en día existe otra posibilidad mucho más inquietante que nos puede afectar mucho más que una posible subida de precios, que no es poco. Estamos hablando de la tecnología.
¿Qué pasaría si se apagaran las grandes nubes de internet?
Puede que no seamos realmente conscientes de la procedencia de los recursos tecnológicos que forman parte de nuestra rutina, pero no debería sorprender a nadie si decimos que buena parte de lo que usamos cada día depende de empresas estadounidenses. Y ejemplos como la caída de AWS nos pueden ayudar a entender hasta qué punto Europa depende de esa tecnología.
Las “nubes” son enormes centros de datos que hacen que internet funcione con normalidad y donde las empresas suelen guardar su información de la red. El problema es que gran parte de esas nubes pertenecen a compañías de Estados Unidos como Amazon, Google o Microsoft.
Si esos servicios dejaran de funcionar durante unas horas en un país concreto, muchas cosas se pararían al mismo tiempo. Tiendas online que no cargan, aplicaciones que dejan de responder, empresas que no pueden trabajar con sus sistemas habituales. No haría falta un gran apagón como el del 28 de abril. Bastaría con que esas plataformas se desconecten (premeditadamente) durante un rato para generar caos.
¿Y si los móviles se quedaran casi inútiles?
El problema es que la posible represalia no afectaría solo a algo intangible como puede ser la red. Algo parecido ocurre con los dispositivos electrónicos que usamos para trabajar. La mayoría de los ordenadores funcionan gracias a Windows. Y casi todos los teléfonos móviles dependen de Android o de iOS. Esos sistemas son los que permiten que el móvil se encienda y que las aplicaciones funcionen.
Si esos sistemas dejaran de actualizarse o de funcionar de repente, millones de móviles podrían quedarse prácticamente inútiles. Seguirían encendidos, pero apenas servirían para nada.
¿Y si un día no se pudiera pagar con tarjeta?
Dejando de lado que las plataformas de pago digital dependen de las nubes que ya mencionamos, hay otro detalle que muchas veces pasa desapercibido. En general, dependemos de Visa o MasterCard, que también son empresas estadounidenses, para utilizar nuestro dinero. Si esos sistemas se detuvieran no podríamos pagar ni sacar dinero en efectivo. Algo tan cotidiano como pagar en un supermercado podría convertirse en un problema. En esto Europa sí está intentando buscar alternativas como el euro digital o el bizum europeo.
Con estos escenarios no pretendemos alarmar. Todo esto sería real en el supuesto de que todas las empresas mencionadas estuviesen del lado de Donald Trump y se llegase a una situación de tensión internacional que requiriese de este tipo de actuación. De momento, no se ha llegado a este punto en ninguno de los casos. Lo que sí es importante tener claro hasta qué punto Europa depende de Estados Unidos.

