La cirugía robótica ha cambiado de forma profunda el abordaje del cáncer de pulmón. Así lo explica el doctor Dionisio Espinosa en una entrevista realizada por el periódico La Razón. Dionisio es responsable del Servicio de Cirugía Torácica del Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz, una unidad que en poco más de una década ha pasado de estar dando sus primeros pasos a consolidarse como un área con peso propio en el tratamiento de una de las enfermedades oncológicas más complejas.
El servicio nació hace catorce años impulsado por el propio Espinosa junto a Jennifer Illana Wolf. Era entonces una estructura joven, todavía en construcción, pero con una idea clara de fondo: desarrollar en Cádiz una unidad capaz de ofrecer un abordaje especializado y actualizado en cirugía torácica. Desde entonces, el crecimiento ha sido sostenido. La unidad ha superado las 5.000 cirugías programadas, centradas en buena parte en el tratamiento del cáncer de pulmón, el tumor con mayor mortalidad si se analizan conjuntamente los datos de hombres y mujeres.
Ese recorrido, subraya el especialista, no puede entenderse sin el equipo. La evolución de la cirugía torácica no depende solo del cirujano ni de una tecnología concreta. Depende también de anestesistas, enfermería, oncólogos, radiólogos, intensivistas y de una estructura hospitalaria capaz de acompañar cada paso del proceso. La mejora asistencial no ha sido fruto de un avance aislado, sino de un trabajo de unidad.
Uno de los cambios más visibles ha llegado de la mano de la innovación tecnológica. Espinosa recuerda que, al principio, las intervenciones eran mucho más agresivas desde el punto de vista quirúrgico. Para operar había que abrir el tórax, separar las costillas y realizar incisiones amplias. Era una cirugía eficaz, pero también mucho más dura para el paciente. Con el tiempo, esa realidad empezó a cambiar gracias a la cirugía mínimamente invasiva, apoyada en cámaras de alta definición y en instrumental capaz de trabajar a través de aperturas muy pequeñas.
Ese tránsito ha sido decisivo. La cirugía torácica ha pasado de grandes aperturas a procedimientos mucho menos invasivos, con beneficios claros para la recuperación. Un ejemplo muy concreto está en el postoperatorio. Donde antes eran habituales estancias cercanas a los diez días, hoy muchos pacientes pueden regresar a casa y retomar su vida cotidiana en apenas 48 horas, siempre que la evolución clínica sea favorable.
El gran salto, según explica el doctor Espinosa, se produjo en 2022, con la puesta en marcha del programa de cirugía robótica mediante el sistema Da Vinci. Ese momento marcó un antes y un después en la forma de abordar determinados tumores pulmonares y otras patologías torácicas complejas. La plataforma permite operar con un nivel muy alto de precisión y hacerlo además dentro de una estrategia de mínima invasión.
Las ventajas, según resume el especialista, son claras. La cirugía robótica permite tratamientos más precisos, más seguros y con una recuperación más rápida. Al reducir el trauma quirúrgico, también disminuyen el dolor postoperatorio y el riesgo de ciertas complicaciones. Para el paciente, eso se traduce en algo muy tangible: menos sufrimiento físico y una vuelta más rápida a la normalidad. En una cirugía de pulmón, ese cambio no es menor.
Pero la transformación de la especialidad no se explica solo por el quirófano. También ha cambiado la forma de entender el tratamiento del cáncer de pulmón. En los últimos años, la llegada de la inmunoterapia y el desarrollo de una medicina más personalizada han modificado por completo el marco terapéutico. Antes, muchos pacientes recibían tratamientos más homogéneos, con menos capacidad de adaptación a las características concretas del tumor. Hoy ese modelo se ha afinado mucho más.
Espinosa lo plantea con claridad: ahora se toman decisiones casi individualizadas en función de los marcadores tumorales y de las mutaciones que presenta cada cáncer. Esa información permite seleccionar mejor los tratamientos y combinar de otra forma cirugía, oncología e inmunoterapia. También ha abierto la puerta a operar a pacientes que hace solo unos años quedaban fuera de indicación quirúrgica. Esa es una de las ideas más relevantes de toda la entrevista: hay enfermos que antes se consideraban inoperables y que hoy sí pueden beneficiarse de una cirugía.
El efecto no se mide solo en supervivencia. También se percibe en calidad de vida. El especialista insiste en que los pacientes no solo viven más, sino que en muchos casos viven mejor. La mejora del pronóstico ya no depende exclusivamente de llegar al quirófano, sino de cómo se combinan tecnología, diagnóstico, medicina de precisión y cuidados antes y después de la intervención.
En un entorno así, la formación continua deja de ser una opción para convertirse en una exigencia profesional. La cirugía torácica ha tenido que adaptarse a una nueva forma de operar, y eso obliga a actualizar conocimientos y habilidades de manera constante. La velocidad a la que avanza la tecnología hace imposible quedarse quieto.
Esa vocación formativa también forma parte de la actividad del servicio. A finales de febrero, el hospital acogió un curso de cirugía robótica avanzada en formato presencial y online. Durante la formación se realizaron cirugías en streaming y participaron profesionales conectados desde distintos países. La imagen es bastante elocuente: un quirófano en Cádiz convertido en aula global para enseñar una técnica que hace pocos años apenas estaba implantada en unos pocos centros.
Junto a la asistencia y la docencia, el equipo trabaja también en investigación. Uno de sus focos actuales está en la prehabilitación del paciente antes de la cirugía. La idea es preparar mejor a la persona antes de entrar en quirófano desde varios frentes: condición física, masa muscular, estado nutricional, anemia y equilibrio emocional. Llegar mejor a la operación puede mejorar de forma importante los resultados, y el grupo quiere aportar evidencia sobre ello.
Cuando se le pregunta por el futuro, Espinosa apunta a dos líneas muy claras. La primera es la inteligencia artificial, que previsiblemente ayudará a seleccionar mejor a los pacientes candidatos a cirugía y a optimizar decisiones clínicas complejas. La segunda es una automatización creciente de ciertas tareas dentro del quirófano. Igual que la conducción asistida ha cambiado la relación con el coche, la cirugía podría incorporar robots cada vez más autónomos en funciones muy concretas.
Pese a todos estos avances, siguen quedando retos importantes. El primero es cultural y organizativo. Todavía hace falta entender que invertir en tecnología sanitaria no es un gasto, sino una inversión asistencial. El segundo tiene que ver con la equidad: esa innovación no está implantada de forma homogénea en todo el país. Y el tercero apunta al diagnóstico precoz. Para el doctor Espinosa, sigue siendo clave avanzar en el screening del cáncer de pulmón, porque detectar antes significa operar antes y mejorar la supervivencia.
La cirugía torácica vive un momento de cambio profundo. Y en ese proceso, la cirugía robótica se ha convertido en una de las herramientas que mejor explican hacia dónde va la especialidad: menos agresión, más precisión y tratamientos cada vez más ajustados a cada paciente.
