La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) quiere reforzar la vigilancia sobre los contenidos que publican los grandes creadores en plataformas como YouTube y Twitch. El organismo prepara la contratación de empresas privadas especializadas para revisar si los vídeos difundidos por perfiles de gran alcance cumplen con las obligaciones de calificación por edad, una cuestión clave para proteger a los menores en el entorno audiovisual digital.
El movimiento vuelve a situar a los influencers en el centro del debate regulatorio. No se trata solo de controlar qué se publica, sino de comprobar si esos contenidos están bien clasificados para evitar que los usuarios más jóvenes accedan sin filtros a vídeos inadecuados para su edad. Cuando un creador acumula una audiencia comparable a la de un canal de televisión, la supervisión deja de ser un asunto menor.
Competencia quiere informes periódicos sobre vídeos, directos y contenidos bajo demanda
La CNMC busca ampliar su capacidad de control mediante una inspección específica de los contenidos generados por usuarios en plataformas de intercambio de vídeos. La empresa adjudicataria deberá elaborar informes periódicos sobre la edad recomendada aplicada a programas, vídeos bajo demanda y emisiones lineales disponibles en estos servicios.
Además, el supervisor podrá encargar análisis individualizados sobre vídeos concretos cuando existan dudas sobre su clasificación. Esta vía permitirá revisar casos específicos y comprobar si la edad recomendada se ajusta a las exigencias de la normativa audiovisual.
El foco estará especialmente puesto en los creadores con grandes audiencias. Su capacidad de difusión multiplica el posible impacto sobre menores y convierte sus canales en espacios con una responsabilidad mayor. A más alcance, más necesidad de control sobre el cumplimiento de las normas.
La medida se enmarca en la Ley General de Comunicación Audiovisual, que introdujo la figura de los usuarios de especial relevancia. Esta categoría afecta a creadores con una presencia significativa en plataformas digitales y con ingresos elevados derivados de su actividad.
Más de 1.600 influencers, bajo el radar de la CNMC
Según los criterios establecidos en la normativa, un usuario puede ser considerado de especial relevancia cuando supera el millón de seguidores en una plataforma o los dos millones de seguidores en varias plataformas, siempre que además genere al menos 300.000 euros anuales por su actividad.
La CNMC tiene identificados a más de 1.600 influencers que cumplen estos requisitos de alta difusión. Son perfiles con una capacidad de llegada masiva y, por ese motivo, se convierten en objetivo prioritario de los trabajos de análisis que el organismo quiere encargar.
El asunto conecta directamente con el modelo de consumo audiovisual de los usuarios más jóvenes. YouTube y Twitch ya no funcionan solo como espacios de entretenimiento informal. En muchos casos concentran retransmisiones en directo, vídeos bajo demanda, comunidades activas y formatos que compiten cada día por la atención de millones de personas.
La edad recomendada también pesa en la economía del contenido
La calificación por edad puede parecer un detalle técnico, pero tiene efectos importantes. Sirve para orientar a familias, usuarios y plataformas sobre el tipo de contenido que se está consumiendo. También ayuda a limitar la exposición de menores a materiales con lenguaje adulto, violencia, apuestas, consumo de sustancias o dinámicas comerciales poco adecuadas para ciertas edades.
Para los creadores, esta supervisión añade una nueva capa de responsabilidad. La economía de los influencers ha convertido muchos canales personales en negocios con ingresos relevantes, acuerdos comerciales y audiencias masivas. Competencia quiere comprobar que ese poder de influencia vaya acompañado de un cumplimiento adecuado de las normas audiovisuales.
La vigilancia no implica que todos los contenidos estén incumpliendo la ley. El objetivo es dotar al organismo de herramientas para detectar errores, omisiones o clasificaciones inadecuadas en un volumen de vídeos difícil de revisar solo con medios internos.
La CNMC también vigila la publicidad encubierta en redes
La actuación sobre la calificación por edad llega después de otro movimiento de la CNMC en el terreno de los contenidos digitales. El organismo ha adjudicado un contrato para que empresas privadas monitoricen perfiles de TikTok, YouTube e Instagram con el fin de detectar posibles casos de publicidad ilícita.
La Ley General de Comunicación Audiovisual exige que los contenidos comerciales estén claramente identificados. En los vídeos publicados en plataformas, la comunicación comercial debe señalarse con términos como “publicidad” o “publi”, de forma que el usuario pueda distinguir cuándo está ante una promoción pagada.
Competencia sospecha que una parte de los creadores con grandes audiencias no estaría cumpliendo correctamente con estas obligaciones. Por eso ha recurrido a compañías externas para ampliar la supervisión y revisar con más detalle los contenidos difundidos en redes y plataformas de vídeo.
Un control más amplio para creadores, plataformas y marcas
En la vigilancia de la publicidad irregular, el foco también incluye a los usuarios de especial relevancia, aunque la CNMC ha ampliado el perímetro. En este caso, el análisis alcanza a creadores con al menos 100.000 seguidores, siempre que hayan publicado 24 vídeos o más en el último año y dirijan su contenido al mercado español.
Este criterio es más amplio que el utilizado para identificar a los usuarios de especial relevancia, donde la barrera se sitúa en uno o dos millones de seguidores, según la presencia en una o varias plataformas. Con ello, Competencia busca cubrir una parte mayor del ecosistema de creadores, incluidos aquellos que ya cuentan con una audiencia importante aunque no lleguen a las cifras más altas del mercado.
El movimiento confirma una tendencia clara: la actividad de los influencers empieza a recibir una supervisión más parecida a la de otros actores audiovisuales. La diferencia está en que el terreno digital es más fragmentado, rápido y difícil de controlar.
Para plataformas, creadores y marcas, el mensaje es directo. La economía de la atención ya no se mide solo en seguidores, visualizaciones o ingresos. También se mide en responsabilidad regulatoria, transparencia publicitaria y protección efectiva de los menores.
