La inteligencia artificial generativa ya está dentro de la rutina de muchas empresas. Sirve para redactar correos, resumir documentos, preparar informes, ordenar ideas o acelerar tareas administrativas. El problema es que su uso crece más rápido que las normas internas que deberían acompañarlo.
Ahí aparece una brecha delicada: empleados que utilizan herramientas de IA sin protocolos claros y, en algunos casos, con información corporativa sensible de por medio. Lo que empieza como una forma de ahorrar tiempo puede terminar convirtiéndose en un riesgo de seguridad para la organización.
El Logicalis Global CIO Report 2026 pone cifras a esa preocupación. Según el informe, el 57% de las empresas considera que sus trabajadores ya están poniendo en riesgo datos corporativos por un uso inadecuado de herramientas de IA generativa. El dato confirma que la seguridad de la información se ha convertido en uno de los grandes desafíos de esta nueva etapa tecnológica.
El riesgo no está solo en que la IA se use más. Está en cómo se usa. Un empleado puede copiar en una plataforma externa un contrato, un correo con datos internos, un informe financiero o una presentación estratégica para obtener una respuesta rápida. Sin una política clara, esa acción puede sacar del control de la empresa información que debería permanecer protegida.
La formación no avanza al ritmo de la adopción de la IA
Uno de los puntos más sensibles está en la preparación de las plantillas. El informe señala que el 66% de las organizaciones considera insuficiente la formación interna sobre el uso responsable de la IA generativa. Dicho de otra forma: muchas personas ya usan estas herramientas, pero no siempre saben qué información pueden compartir y cuál debería quedar fuera.
La falta de formación se suma a otro problema: la escasa visibilidad tecnológica. Solo el 37% de los responsables tecnológicos afirma tener control completo sobre todas las herramientas y servicios de inteligencia artificial que se utilizan dentro de su organización.
Esto complica la gestión del riesgo. Si una empresa no sabe qué aplicaciones se están usando, tampoco puede saber con precisión qué datos se introducen en ellas, qué proveedores intervienen o qué condiciones se aplican al tratamiento de esa información.
Para las pymes, el reto puede ser todavía más exigente. Muchas quieren aprovechar la IA para ganar productividad, pero no siempre cuentan con equipos técnicos amplios ni con recursos suficientes para revisar cada herramienta que entra en el día a día de la empresa.
Las empresas quieren más IA, aunque todavía no sepan cómo controlarla
A pesar de las dudas, las compañías no están frenando su apuesta por la inteligencia artificial. El 94% asegura haber aumentado su interés por esta tecnología durante el último año. La IA gana terreno como apoyo para automatizar procesos, mejorar la atención al cliente, analizar datos y reducir tareas repetitivas.
El entusiasmo convive con una sensación de aceleración difícil de gestionar. El 51% de los responsables tecnológicos consultados considera que la adopción de la IA avanza demasiado rápido para que las organizaciones puedan controlarla de forma segura.
La consecuencia es una distancia cada vez más visible entre el potencial de la tecnología y la capacidad real de integrarla con orden. Muchas compañías prueban herramientas, lanzan proyectos piloto o incorporan soluciones de IA en áreas concretas, pero no siempre consiguen convertir esos avances en capacidades estables para el negocio.
El informe también detecta una brecha entre inversión y resultados. El 66% de los directores tecnológicos reconoce que no confía plenamente en poder escalar la IA más allá de pruebas de concepto aisladas. Además, el 62% admite que las inversiones realizadas hasta ahora todavía no han generado un valor de negocio claramente medible.
Datos, talento y regulación siguen frenando el salto a gran escala
Implantar inteligencia artificial no consiste solo en contratar una herramienta. Las empresas necesitan datos fiables, equipos preparados, procesos internos bien definidos y criterios claros para cumplir con las exigencias regulatorias.
Entre las principales barreras aparecen la falta de habilidades técnicas internas, los desafíos vinculados a la calidad y gestión de los datos y el aumento de las obligaciones normativas. Estos factores ayudan a entender por qué muchas organizaciones ven oportunidades en la IA, pero todavía encuentran dificultades para desplegarla a gran escala.
La gestión de los datos es uno de los puntos más sensibles. Si la información corporativa no está bien clasificada, protegida o gobernada, la IA puede aumentar los riesgos en lugar de reducirlos. Una herramienta puede acelerar procesos, sí, pero también puede amplificar errores si trabaja sobre datos desordenados o mal protegidos.
Por eso, la adopción de IA exige algo más que entusiasmo tecnológico. Requiere definir qué datos pueden usarse, quién puede acceder a cada herramienta, qué proveedores están autorizados y cómo se revisan los resultados generados por estos sistemas.
La IA autónoma añade una nueva capa de presión
Mientras las empresas intentan ordenar el uso de la IA generativa, el sector ya avanza hacia una fase más compleja: la inteligencia artificial autónoma o agéntica. Estos sistemas no se limitan a generar contenido. También pueden ejecutar tareas, coordinar procesos y tomar decisiones con menor intervención humana.
El estudio apunta que el 72% de las empresas prevé seguir aumentando sus inversiones en IA generativa durante el próximo año. Además, el 60% ya planea destinar recursos a sistemas autónomos capaces de actuar por sí mismos en determinadas funciones empresariales.
Este salto obliga a reforzar la supervisión. Si una herramienta pasa de ayudar a un empleado a ejecutar acciones dentro de un proceso empresarial, la organización necesita saber qué decisiones toma, con qué datos trabaja, quién valida sus resultados y cómo se garantiza la trazabilidad.
La IA agéntica puede abrir nuevas oportunidades de eficiencia, pero también eleva el nivel de responsabilidad. Que una herramienta actúe de forma autónoma no significa que la empresa deje de responder por lo que ocurre dentro de sus procesos.
Los proveedores tecnológicos ganan protagonismo en la estrategia de IA
La creciente complejidad de la inteligencia artificial está empujando a muchas empresas a apoyarse en especialistas externos. Según el informe, el 94% prevé recurrir a proveedores de servicios tecnológicos especializados durante los próximos años.
Además, casi la mitad contempla externalizar funciones críticas vinculadas al soporte técnico, mantenimiento de sistemas, ciberseguridad, servicios en la nube o gestión de aplicaciones empresariales. La tendencia muestra que la IA ya no se percibe solo como una herramienta puntual, sino como una pieza que afecta a toda la estructura tecnológica de la empresa.
El reto no será únicamente adoptar inteligencia artificial. Será hacerlo con formación, control interno y reglas claras. Porque la búsqueda de productividad puede ser una ventaja competitiva, pero sin una gobernanza adecuada también puede convertirse en una puerta abierta a la exposición de datos sensibles.
