EE. UU. podría perder la nueva carrera lunar: exdirectivos de la NASA alertan de que China tomará la delantera

Los retrasos del programa Artemis y los fallos del Starship de SpaceX amenazan con dejar a Pekín como la primera potencia en lograr un alunizaje tripulado.

La carrera por regresar a la Luna vuelve a encenderse, pero esta vez Estados Unidos podría quedarse atrás. Varios exdirectivos de la NASA advierten que el país está lejos de cumplir su meta de volver a poner astronautas sobre la superficie lunar antes que China. Mientras tanto, Pekín avanza sin ruido, pero sin pausas, con el objetivo de lograr su propio alunizaje tripulado antes de 2030.

Artemis, cada vez más lejos del calendario

El programa Artemis, presentado en 2017 durante el mandato de Donald Trump, aspiraba a repetir la hazaña de Apollo con una misión tripulada en 2024. Pero el calendario se ha erosionado misión tras misión.

  • Artemis II, el primer vuelo tripulado en más de 50 años, se limitará a orbitar la Luna entre febrero y abril del próximo año.
  • Artemis III, que debería culminar con un alunizaje, se ha aplazado a 2027… y podría volver a retrasarse.

Los exdirectivos Douglas Loverro, Doug Cooke y Dan Dumbacher publicaron un artículo en SpaceNews con una advertencia directa: “El plan actual no permitirá a EE. UU. regresar a la Luna antes que China”. Su propuesta: diseñar un “Plan B” que simplifique la arquitectura del programa y reduzca dependencias técnicas.

China acelera su calendario lunar

Mientras Washington acumula retrasos, la agencia espacial china (CNSA) avanza con un plan meticuloso. En agosto, probó con éxito la primera etapa de su cohete lunar, un paso clave hacia su objetivo de alunizar con astronautas antes de 2030.

Incluso antiguos responsables de la NASA, como Jim Bridenstine, reconocen que el calendario chino parece “más realista” que el estadounidense. En su comparecencia ante el Senado, advirtió: “A menos que algo cambie, es muy poco probable que lleguemos antes que China”.

Starship: la pieza que no encaja

El mayor cuello de botella está en el Starship de SpaceX, seleccionado por la NASA como módulo de aterrizaje. Para cumplir su misión, la nave debe repostar combustible en órbita terrestre, descender verticalmente en la Luna y volver a acoplarse con la cápsula Orion en órbita lunar. Ninguna de esas maniobras ha sido validada.

Los fallos en los ensayos recientes han aumentado la desconfianza. Sean Duffy, secretario de Transporte y jefe en funciones de la NASA, reconoció a finales de octubre que el calendario ya apunta a 2028. En paralelo, la agencia baraja abrir la puerta a Blue Origin como respaldo técnico.

El otro gran componente, el Space Launch System (SLS), continúa en pruebas. Su principal problema no es técnico, sino económico: cada lanzamiento cuesta unos 4.000 millones de dólares.

Un diseño demasiado complejo

Para muchos dentro y fuera de la agencia, Artemis se ha convertido en un laberinto técnico y político.

El actual esquema exige múltiples lanzamientos, repostajes en órbita, transferencias entre vehículos y un aterrizaje vertical de una nave del tamaño de un edificio de 15 pisos sobre el terreno irregular del polo sur lunar. Los ensayos con regolito —el polvo que cubre la superficie— apenas comenzaron este año.

Blue Origin toma posiciones

En paralelo, la NASA ha reactivado el programa VIPER, un rover que viajará a la Luna en el módulo Blue Moon Mark 1 de Blue Origin, previsto para finales de 2027. La compañía de Jeff Bezos también fue elegida para Artemis V, programada para 2030, lo que refuerza su papel como alternativa al sistema de SpaceX.

Varios expertos sugieren que EE. UU. debería adelantar parte de esa arquitectura —más parecida a la de Apollo— para evitar perder la iniciativa.

En el caso de Europa, estamos todavía en los inicios de una nueva era espacial y pensar en entrar en este tipo de batallas es, todavía, algo utópico.

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