La desconfianza de los jóvenes hacia los empresarios amenaza a las pymes: solo el 31% los valora bien

La distancia entre los jóvenes y el mundo empresarial se ha convertido en una señal de alerta para las pymes. Según un informe de Grant Thornton, solo el 31% de los menores de 30 años tiene una imagen positiva del empresariado español, una cifra muy inferior al 45% registrado entre el conjunto de la población.

El dato preocupa porque llega en un momento en el que muchos negocios ya tienen problemas para contratar y retener trabajadores. La percepción negativa no afecta únicamente a las grandes compañías. También alcanza a la figura del empresario en general, aunque muchos jóvenes apenas tienen contacto directo con quienes dirigen una empresa.

El estudio recoge que el 90% de los encuestados no mantiene una relación directa con empresarios o directivos. Esa distancia puede alimentar una visión poco ajustada de la realidad de una pyme, donde el propietario suele estar pendiente de la caja, los turnos, la contratación, los impuestos y la continuidad diaria del negocio.

Una brecha generacional que golpea a la contratación

La diferencia por edades es clara. Mientras que el 61% de los mayores de 65 años valora positivamente al empresariado, entre los menores de 29 años el porcentaje baja hasta el 31%. La brecha no llega en cualquier momento. Muchas empresas necesitan incorporar perfiles jóvenes para cubrir vacantes, renovar plantillas y asegurar el relevo laboral.

Para sectores como la hostelería, el comercio, el transporte o los servicios personales, la falta de candidatos no es una cuestión teórica. Puede traducirse en horarios más cortos, menor capacidad para crecer o dificultades para mantener la actividad. Una tienda de barrio, por ejemplo, puede tener demanda suficiente para abrir más horas, pero no encontrar personal para cubrir los turnos.

El informe también muestra una paradoja. La sociedad reconoce el papel económico de las empresas, pero no siempre confía en quienes las dirigen. El 81% de los encuestados considera que los empresarios son importantes para el progreso del país, por encima del Gobierno y de los sindicatos. La utilidad se reconoce, pero la confianza, en cambio, sigue dañada.

Los salarios, el punto que más separa a jóvenes y empresas

La crítica más repetida se concentra en los sueldos. Seis de cada diez ciudadanos señalan los bajos salarios como el principal punto débil de los empresarios españoles. Entre los jóvenes, esa percepción sube hasta el 66%.

Este es uno de los focos más delicados del debate. El 71% de los ciudadanos considera prioritaria una mejora salarial de cara al futuro, mientras que entre empresarios y directivos esa cifra baja al 42%. La diferencia refleja dos miradas distintas sobre el mismo problema: la expectativa de mejores condiciones laborales y la capacidad real de muchas empresas para asumir mayores costes.

Para buena parte de las pymes, el margen de maniobra está condicionado por varios frentes. El informe señala que el 62% de los empresarios identifica la carga fiscal como uno de sus principales desafíos, el 56% apunta a la burocracia y el 46% menciona la situación política.

La ciudadanía también ve la fiscalidad como un obstáculo, aunque con menor intensidad. El 42% la sitúa entre los grandes retos empresariales, por delante de la burocracia, mencionada por el 36%, y muy cerca de la situación política, citada por el 41%.

Las pequeñas empresas se sienten poco respaldadas

El estudio también refleja una percepción extendida sobre el apoyo público al tejido empresarial. Más del 80% de los encuestados cree que el Estado favorece a las grandes empresas. Además, tres de cada cuatro ciudadanos y el 84% de los empresarios consideran que autónomos y pequeñas empresas reciben poco o ningún respaldo público.

Este punto ayuda a entender la tensión entre las demandas salariales y la realidad financiera de muchos negocios. Subir sueldos, pagar cuotas, asumir impuestos, afrontar alquileres y cubrir suministros exige una capacidad económica que no todas las pymes tienen. El problema se agrava cuando el negocio compite con compañías más grandes, con más músculo financiero y mejores herramientas para captar talento.

La cuestión es económica, pero también reputacional. La imagen pública del empresario suele construirse a partir de grandes compañías, conflictos laborales o debates sobre beneficios. En ese relato, el pequeño negocio local queda en segundo plano, aunque sea una pieza importante del empleo en muchos municipios.

El contacto directo mejora la imagen del empresario

Uno de los datos más relevantes del informe apunta a una posible salida: cuando existe relación directa con el empleador, la valoración mejora. El 51% de los empleados tiene una opinión positiva de su empresa o de quien la dirige.

La aportación empresarial más reconocida por la ciudadanía es la generación de empleo, mencionada por el 58% de los encuestados. Después aparecen la creación de riqueza para el país, con el 37%, y la innovación tecnológica, con el 22%.

Para las pymes, el reto será doble. Necesitan atraer talento joven en un mercado laboral cada vez más competitivo, pero también explicar mejor qué papel desempeñan en la economía diaria. ¿Cómo convencer a una generación que mira con recelo al empresario si apenas conoce de cerca cómo funciona una pequeña empresa?

La distancia entre jóvenes y empresa ya no es solo un problema de imagen. Puede convertirse en una barrera real para contratar, formar equipos y sostener la actividad de miles de pequeños negocios. Las pymes no solo tendrán que competir por salarios y condiciones, también tendrán que recuperar confianza.

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