España ha entrado en el grupo de cabeza de la OCDE en presión fiscal sobre el empleo. El último informe del organismo sitúa al país en el décimo puesto entre 38 economías desarrolladas con mayor carga tributaria vinculada al trabajo. El dato refleja un aumento de la llamada cuña fiscal durante 2025 y vuelve a poner el foco sobre cuánto cuesta contratar y cuánto termina cobrando realmente un trabajador.
Para un empleado soltero con salario medio, la presión fiscal pasó del 41,1% al 41,4% del coste laboral total, lo que supone una subida de 0,31 puntos respecto al ejercicio anterior. Ese avance basta para que España escale dos posiciones en la clasificación y se acerque al grupo de países donde trabajar y contratar resulta más gravoso desde el punto de vista fiscal.
El peso recae sobre las empresas
Una parte decisiva de esta situación está en las cotizaciones sociales empresariales. Según el informe, las compañías soportan una carga muy superior a la media de la OCDE, lo que eleva el coste total de cada contratación.
En la práctica, buena parte del impacto no se ve en la nómina del empleado, sino en la factura que asume la empresa cada mes. Mientras la aportación directa del trabajador ronda algo más del 6%, la carga empresarial supera el 32%.
Esto tiene consecuencias claras. Para una pyme que incorpora a un perfil técnico con un salario competitivo, el coste final puede crecer mucho más de lo que parece sobre el papel. No solo importa cuánto cobra el trabajador, también cuánto cuesta incorporarlo.
Startups y empresas tecnológicas, entre las más afectadas
El dato cobra especial relevancia en sectores intensivos en talento, como tecnología, inteligencia artificial o ingeniería. Son compañías donde crecer suele depender de contratar rápido y bien. Cuando el coste por empleado sube, aparecen varios efectos inmediatos:
- Menor margen para nuevas contrataciones.
- Más dificultad para ofrecer salarios netos atractivos.
- Presión adicional sobre startups en expansión.
- Incentivo para buscar mercados exteriores o estructuras más ligeras.
En una empresa digital que compite por desarrolladores o especialistas en datos, cada euro cuenta. El salario bruto deja de ser la única referencia: también pesan las cotizaciones y lo que recibe finalmente el profesional.
Las familias pagan menos, pero España sigue arriba
La fotografía cambia parcialmente cuando se analiza a hogares con hijos. Un contribuyente con familia soporta una carga fiscal media del 36,8%, lo que representa una rebaja de 4,6 puntos frente al trabajador soltero.
Existen incentivos fiscales ligados a las cargas familiares, pero España sigue por encima de muchos socios internacionales. Entre los países de la OCDE continúa situándose entre los que aplican mayor presión a familias con un solo sueldo y dos hijos.
La comparación con el entorno resulta reveladora. Mientras en España la ventaja fiscal frente a un soltero no llega a cinco puntos, en la media de la OCDE el alivio se aproxima a nueve. Eso significa que formar una familia reduce menos la factura fiscal que en otros países comparables.
Subir el sueldo no siempre mejora la renta real
La OCDE también advierte sobre un fenómeno cada vez más visible: la progresividad fría. Ocurre cuando los salarios aumentan por inflación o revisiones laborales, pero ese incremento empuja al contribuyente a tramos superiores del IRPF.
Traducido al día a día: una subida salarial puede parecer positiva y, aun así, dejar menos margen del esperado al final de mes. Parte del aumento se absorbe entre impuestos y cotizaciones.
En España, los salarios crecieron cerca del 3% entre 2024 y 2025, impulsados en parte por la subida del salario mínimo. Sin embargo, no todos los trabajadores trasladaron esa mejora a su poder adquisitivo real.
El debate económico vuelve a escena
La entrada de España en el top 10 fiscal de la OCDE reabre una discusión recurrente: cómo sostener el Estado del bienestar sin frenar empleo, inversión y competitividad.
Muchos países están revisando cotizaciones oajustando tramos fiscales para amortiguar el impacto de la inflación. España, en cambio, aparece ahora en una posición más exigente para atraer talento y facilitar nuevas contrataciones.
¿Puede una economía competir por profesionales cualificados si contratar resulta cada vez más caro? Esa es la pregunta de fondo. Y ya no es solo una estadística. Es un factor que influye en inversión, crecimiento y empleo de calidad.
