SpaceX acelera los preparativos para una operación que puede cambiar los mercados financieros. La compañía de Elon Musk ha convocado esta semana a destacados analistas de Wall Street en una serie de reuniones privadas de tres días en Texas y Tennessee, un paso habitual antes de debutar en bolsa, pero pocas veces visto con este nivel de expectación.
Según varias fuentes cercanas al proceso, la empresa busca convencer a bancos e inversores de participar en una oferta pública inicial que aspira a recaudar 75.000 millones de dólares, una cifra que la situaría como la mayor OPI jamás realizada. El calendario interno apunta a finales de junio como momento clave para el estreno bursátil.
Tres días para vender el futuro de SpaceX
Las sesiones comienzan en Starbase, el complejo de lanzamiento que SpaceX opera en Boca Chica, Texas. Allí, un grupo de analistas del sector aeroespacial y tecnológico ha sido invitado a conocer de cerca las instalaciones y recibir presentaciones estratégicas sobre el negocio.
Al día siguiente, otro grupo formado por representantes de grandes fondos de inversión y planes de pensiones tendrá acceso a reuniones específicas. El mensaje es claro: la empresa quiere atraer tanto al dinero institucional tradicional como al capital que busca grandes apuestas de crecimiento.
El tercer día traslada la atención a Memphis, Tennessee. Allí se encuentra Colossus, el centro de datos ligado al proyecto interno conocido como Macrohard, una iniciativa vinculada al desarrollo tecnológico e infraestructura de inteligencia artificial.
No es un detalle menor. Hoy, vender cohetes puede no ser suficiente. También hay que vender capacidad computacional.
Un gigante con caja… y con enormes costes
Parte de los asistentes ya habría recibido extractos del registro confidencial presentado para la salida a bolsa. Esa documentación ofrece una primera fotografía financiera tras la integración de SpaceX con xAI, otra de las empresas impulsadas por Musk.
Los números muestran una compañía de escala masiva:
- 24.700 millones de dólares en efectivo al cierre de 2025.
- Más de 50.000 millones en pasivos.
- 18.670 millones en ingresos durante 2025.
- Pérdidas de 4.940 millones en el ejercicio.
El año anterior, la empresa había registrado beneficios de 791 millones sobre ingresos de 14.020 millones. El giro responde, según las fuentes citadas, al fuerte gasto en infraestructura de inteligencia artificial.
Es decir, SpaceX genera más negocio, pero también consume mucho más capital. Algo frecuente en compañías que intentan dominar varios mercados a la vez.
El gran reto: justificar una valoración de 1,75 billones
El director financiero, Bret Johnsen, afronta ahora una tarea decisiva: persuadir al mercado de que SpaceX vale 1,75 billones de dólares. Si lo logra, la empresa entraría directamente en el club más exclusivo del planeta corporativo.
La dificultad está en una pregunta simple: ¿cómo se valora realmente una empresa así?
SpaceX no solo fabrica cohetes. También opera Starlink, integra activos tecnológicos ligados a inteligencia artificial, mantiene conexiones con X y suma negocios que no encajan en los modelos clásicos.
Por eso algunos inversores no la comparan con empresas tradicionales como Boeing o AT&T. En cambio, la miden frente a nombres tecnológicos como Palantir, o grupos vinculados a infraestructura para IA como Vertiv y GE Vernova.
Eso revela cómo quieren vender la historia: menos industria pesada, más plataforma tecnológica global.
Musk mira al pequeño inversor
Otro elemento llamativo del plan es el peso reservado al inversor minorista. Fuentes cercanas aseguran que alrededor del 30% de las acciones podría destinarse a particulares.
Además, estaría prevista una visita guiada a Starbase para unas 1.500 personas durante la gira promocional de junio. La estrategia recuerda al fenómeno vivido con Tesla, donde miles de pequeños accionistas respaldaron la cotización durante años.
También se contempla abrir la colocación inicial a compradores internacionales de Reino Unido, Unión Europea, Australia, Canadá, Japón y Corea del Sur.
Musk seguirá mandando
La documentación presentada indica que Elon Musk mantendrá el control del voto tras la salida a bolsa gracias a una estructura de acciones de doble clase. En la práctica, otros accionistas podrán entrar en el capital, pero con influencia limitada en las grandes decisiones.
Ese modelo ya es común en gigantes tecnológicos. Permite captar dinero sin ceder el timón.
Lo que está en juego
No se trata solo de una OPI. SpaceX quiere convencer al mercado de que puede unir espacio, telecomunicaciones e inteligencia artificial bajo una sola marca rentable.
Si lo consigue, Wall Street podría estar ante una nueva era de megasalidas a bolsa. Si falla, quedará una pregunta incómoda: cuánto vale realmente el futuro cuando todavía no genera beneficios estables.
