La creación audiovisual con inteligencia artificial vive un momento de expansión acelerada. La llegada de Sora, la app de vídeo de OpenAI, ha reforzado esa tendencia con un estreno especialmente intenso en Android: en las primeras 24 horas, registró unas 470.000 descargas en Google Play, según datos de Appfigures.
La comparación con su debut en iOS muestra el salto. En iPhone, el lanzamiento fue limitado a Estados Unidos y Canadá y requería invitación, lo que restringió la adopción inicial. En Android, en cambio, el despliegue fue más amplio y sin barreras de acceso, llegando a Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia y Vietnam.
La experiencia previa ya apuntaba el interés del público. En su primera semana en iOS, Sora superó el millón de instalaciones y se situó entre las apps gratuitas más descargadas. Actualmente ocupa el cuarto puesto del ranking gratuito en Estados Unidos, un indicador de uso sostenido más que de curiosidad inicial.
Vídeo generado con IA y formato de red social
Sora permite crear vídeos a partir de descripciones en texto. También integra Cameos, una función para animar la imagen del usuario o de sus contactos mediante modelos de IA. La navegación se construye en un feed vertical, similar al de TikTok, donde se muestran producciones de otros usuarios. El objetivo es claro: no solo generar contenido, sino fomentar una comunidad creativa alrededor de él.
Un mercado que se acelera
Del total de instalaciones en Android, alrededor de 296.000 procedieron de Estados Unidos. Es un dato que sugiere que la demanda no se limita a un momento de novedad, sino que mantiene su impulso más allá del lanzamiento.
El contexto importa. La expansión llega en paralelo al despliegue de Meta AI en Europa, tras su estreno en Estados Unidos. Las dos compañías avanzan hacia el mismo punto: hacer que la generación de vídeo asistida por IA sea tan accesible como publicar una foto.
La entrada de Sora en Android marca un cambio de percepción. La creación de vídeo con IA ya no aparece como una función experimental o para perfiles técnicos. Se está convirtiendo en una categoría central dentro del consumo digital, con implicaciones directas para redes sociales, creadores de contenido y plataformas de entretenimiento.
La pregunta ahora es quién fijará las normas y cuál será el papel del usuario: ¿autor, espectador o ambas cosas al mismo tiempo?
