Mercadona ha dado un paso poco habitual en el comercio electrónico: abandonar un proveedor consolidado como Algolia y construir su propio buscador desde cero. Lo ha hecho en torno a un mes. Hoy ya está en producción.
Detrás del cambio está José Ramón Pérez Agüera, CTO de Mercadona Tech. En apenas unos días levantó una primera versión funcional con Claude Code. No es una metáfora: la base del sistema, incluyendo la lógica de resultados, salió de un fin de semana largo.
El impacto se mide en dos planos. El primero, económico. La compañía ha pasado de pagar entre 9.000 y 15.000 dólares al mes a menos de 900. El segundo, operativo. El nuevo buscador mejora el orden de resultados en un 85% y elimina las búsquedas sin respuesta, que antes rondaban el 4%. Para un usuario, eso significa algo concreto: escribir “leche sin lactosa” y no quedarse sin resultados.
El buscador no es una pieza menor. Entre el 30% y el 35% de los productos que acaban en el carrito pasan por ahí. Es una puerta de entrada directa a la compra. Por eso, depender de un tercero con precios que crecen según el uso llevaba tiempo generando dudas internas.
Ese dilema no es exclusivo de Mercadona. Muchas empresas usan software como servicio que funciona bien… hasta que escala el negocio. ¿Tiene sentido seguir pagando más cada mes por algo tan crítico?
La diferencia ahora es el contexto tecnológico. Las herramientas de inteligencia artificial han cambiado el ritmo del desarrollo. En este caso, permitieron iterar rápido: decenas de pruebas en horas y análisis de grandes volúmenes de datos en pocos días. Hablamos de experimentar con cómo ordenar resultados o qué peso dar a cada variable sin escribir todo a mano.
Pero no todo se delegó. Hubo decisiones clave que siguieron siendo humanas. Por ejemplo, elegir el motor de indexación. Son elecciones que dependen del contexto interno y no solo de lo que recomiende una herramienta.
El proyecto, una vez definido el núcleo, pasó al equipo de ingeniería. Ahí llegó la parte menos visible: adaptar el código a los estándares de la empresa e integrarlo en su arquitectura. No era rehacerlo, sino alinearlo. Ese ajuste llevó unos pocos días más.
El resultado final contrasta con las previsiones iniciales. Antes de la IA, se estimaban varios meses de trabajo y un equipo más amplio. Al final, el desarrollo lo asumieron dos personas a tiempo completo y un apoyo parcial en infraestructura.
Puntos clave del cambio:
- Coste: de hasta 15.000 dólares al mes a menos de 900
- Tiempo: de una estimación de cinco meses a unas semanas
- Equipo: de cinco o seis personas a poco más de dos
- Impacto directo: mejora en resultados y eliminación de búsquedas vacías
Más allá de las cifras, el movimiento refleja algo más profundo. Mercadona Tech no está probando si usar IA, sino cómo reorganizar su forma de trabajar alrededor de ella. El foco pasa de escribir código a diseñar sistemas y tomar decisiones.
Eso abre otra línea de trabajo: definir mejor las especificaciones antes de desarrollar. La idea es que la IA no improvise, sino que ejecute sobre una base clara y validada. Es una forma de mantener velocidad sin perder control, especialmente en entornos donde un fallo tiene impacto directo en el negocio.
El buscador es un caso concreto, pero marca una dirección. La inteligencia artificial acelera, sí. Sin criterio humano, se queda corta. Aquí, la combinación de ambos ha reducido costes, acortado tiempos y reforzado el control sobre una pieza clave. Y eso, en comercio electrónico, no es un detalle menor.
