La Comisión Europea presentó una propuesta para cambiar algunas partes del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) con la intención de suavizar las restricciones para promover la innovación en el ámbito digital europeo.
Todos conocemos bien esos avisos de cookies que saltan cuando entras a una página web. Pues bien, la Comisión Europea quiere cambiar algunas reglas relacionadas con eso. Este cambio está basado en la idea de que internet ha cambiado mucho desde 2018 (fecha de la última regulación) y en que, con la llegada de la inteligencia artificial, hace falta actualizar esas normas para que tengan más sentido en la realidad digital a.
¿Por qué quieren cambiarlo?
La Comisión afirma que quiere hacer las reglas más claras y menos pesadas. Consideran que ya nadie presta atención a tanto aviso y que la mayoría de la gente está saturada de cerrar las ventanas de las cookies. La idea es simplificar este paso haciendo que el navegador recuerde ya tus preferencias. También creen que algunas normas actuales del reglamento frenan el desarrollo de nuevas tecnologías, sobre todo en el campo de la inteligencia artificial.
Otro punto importante y polémico es que quieren que las empresas puedan usar algunos datos personales para entrenar sus modelos de IA sin tener que pedir permiso cada vez. Eso sí, solo si aseguran que no afectan la privacidad o los derechos de las personas. Su argumento se basa en que esto ayudaría a que Europa compita mejor en innovación.
La intención es cambiar la definición de “dato personal” a la información que puede identificar a alguien por sí sola, y eso significaría que ciertos datos que hoy están muy regulados podrían quedar en «tierra de nadie» y por lo tanto, ser usados.
¿Por qué hay tanta preocupación?
Aunque la propuesta se haga con la intención de modernizar las normas, la noticia ha generado alarma en muchas organizaciones que defienden los derechos digitales. Ya que estos cambios pueden debilitar la protección de los ciudadanos y dar más poder a las grandes empresas tecnológicas.
El RGPD es una de las pocas herramientas que tienen los usuarios para exigir respeto a su privacidad. Por eso, más de cien organizaciones en Europa ya han expresado su rechazo. Algunas hablan incluso de que estos cambios serían el mayor retroceso en derechos digitales en la historia de la Unión Europea.
Si se abre la puerta a más usos de datos sin unos permisos claros, es más fácil que se generen abusos. Y todo parece apuntar a que la reforma favorecerá sobre todo a compañías muy grandes, que tendrán margen para aprovechar cualquier hueco legal.
¿Qué viene ahora?
La propuesta aún debe discutirse en el Parlamento Europeo y entre los países miembros. Nada está decidido. Mientras tanto, el debate sigue creciendo. Hay quienes piensan que estos cambios harán internet más sencillo y práctico. Otros creen que, si se baja la guardia, perderemos control sobre nuestra información. La pregunta lógica es: ¿vale la pena sacrificar la privacidad solo para hacer la vida digital un poco más cómoda?

