La ONU alerta de que el avance de la robótica puede agravar la desigualdad tecnológica

El desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial avanza a gran velocidad. Pero no todos avanzan al mismo ritmo. Guillem Martínez Roura, responsable de inteligencia artificial y robótica en la Unión Internacional de Telecomunicaciones, lanzó una advertencia clara durante el Mobile World Congress: si el acceso sigue concentrado en unos pocos países, la brecha digital crecerá.

El contraste ya es evidente. Mientras algunos mercados prueban robots en hogares y fábricas, 2.600 millones de personas siguen sin conexión a Internet. Esa cifra marca el punto de partida. “Estamos en un punto de inflexión”, explicó Martínez, aunque matizó que la adopción de estas tecnologías “no es universal ni homogénea”. ¿Qué ocurre cuando una revolución tecnológica llega solo a una parte del mundo?

Desde su posición en la UIT, Martínez coordina el desarrollo de estándares internacionales que evalúan cómo funcionan los robots y qué riesgos implican. Se analizan aspectos como el rendimiento, la seguridad física o la ciberseguridad. Un ejemplo concreto: muchos robots están conectados a Internet, lo que los expone a posibles ataques si no se diseñan con protección suficiente. Aun así, estas normas no son obligatorias. Son recomendaciones construidas con la participación de gobiernos, empresas y centros de investigación.

El interés por los robots humanoides también estuvo sobre la mesa. Martínez pidió rebajar expectativas. El debate, dijo, no debería centrarse en si el robot se parece a una persona, sino en su utilidad. “Lo importante es qué tipo de robot necesitas para resolver cada tarea”. En casa, un robot con forma humana puede encajar mejor porque el entorno ya está pensado para personas. En una fábrica, en cambio, lo relevante es que pueda mover paquetes con precisión y rapidez.

La presencia de robots en el hogar ya no es una idea lejana. Algunas empresas han comenzado a comercializar dispositivos para tareas concretas, como limpiar o transportar objetos pequeños. Sin embargo, su autonomía sigue siendo limitada. Funcionan bien en escenarios muy definidos. El reto aparece cuando se busca que hagan varias tareas a la vez, se desplacen con soltura o interactúen con personas sin errores.

El riesgo de que esta evolución amplíe la desigualdad es, según Martínez, evidente. El acceso a infraestructuras, datos y talento marcará la diferencia entre países. Si esos recursos se concentran, también lo hará el desarrollo tecnológico. El resultado puede ser un mapa aún más desigual que el actual.

Para evitarlo, el responsable de la UIT insiste en una idea clave:

  • Evitar la concentración tecnológica en unos pocos países
  • Facilitar que más regiones participen en el desarrollo
  • Adaptar las soluciones a las necesidades locales

No se trata solo de desplegar tecnología, sino de hacerlo con contexto. Cada país enfrenta retos distintos y necesita soluciones ajustadas a su realidad. Imponer modelos externos, advierte, suele fallar.

El despliegue de robots también exige garantías básicas. Privacidad, ciberseguridad, conectividad o confianza del usuario no son detalles técnicos, son condiciones necesarias para su adopción. Sin ellas, el avance se frena.

Martínez lo ilustra con un ejemplo cercano. Hace años, los robots cortacésped generaban dudas. Hoy, muchos usuarios los utilizan sin cuestionarlos. El cambio no fue inmediato. Llegó cuando demostraron utilidad en tareas concretas y ganaron confianza.

La robótica sigue ese mismo camino. Paso a paso, tarea a tarea. La diferencia ahora es la escala. Y quién queda dentro o fuera de esa transformación.

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