SpaceX pierde fuerza en Wall Street: el rally de Musk choca con MSCI, la deuda y las dudas sobre la IA

El estreno bursátil de SpaceX empezó con euforia, pero el mercado ya ha cambiado el tono. La compañía espacial de Elon Musk, que salió a cotizar el 12 de junio, encadena varias sesiones de caídas y se acerca de nuevo al precio con el que cerró su primer día en Wall Street.

La corrección ha sido rápida. Tras dispararse en sus primeras jornadas y llegar a tocar niveles próximos a los 218 dólares por acción, los títulos han perdido cerca de una cuarta parte de su valor desde ese máximo. La caída refleja un giro en el apetito inversor hacia una empresa que combina cohetes, satélites, inteligencia artificial y una valoración difícil de justificar solo con sus cuentas actuales.

Del entusiasmo inicial a las dudas sobre la valoración

SpaceX debutó con fuerza. El primer día cerró con un avance cercano al 19% y el interés de los inversores minoristas ayudó a alimentar una subida que llevó a la compañía a compararse, por capitalización bursátil, con algunos de los grandes nombres tecnológicos del mundo.

Ese salto, sin embargo, abrió una pregunta incómoda: ¿cuánto vale realmente una empresa que crece rápido, pero todavía consume enormes recursos? La comparación con Amazon ilustra el debate. El gigante del comercio electrónico y la nube mueve cientos de miles de millones en ingresos anuales y genera beneficios netos muy elevados, mientras que SpaceX facturó en torno a 18.700 millones de dólares en 2025 y registró pérdidas de varios miles de millones.

La tensión no está en si SpaceX es relevante. Lo es. Starlink se ha convertido en una pieza clave de su negocio y Starship sigue concentrando expectativas industriales y geopolíticas. El problema para el mercado es otro: la acción llegó a cotizar como si casi todo el futuro prometido ya estuviera descontado.

MSCI pone el foco en el gobierno corporativo

A la presión bursátil se ha sumado un golpe reputacional. MSCI ha otorgado a SpaceX la calificación ESG más baja de su escala, una triple C, según la información publicada por Financial Times. Esa nota sitúa a la compañía en el nivel más bajo dentro del marco de evaluación de riesgos ambientales, sociales y de gobernanza de la firma.

El punto más sensible no está solo en el negocio espacial o en el gasto energético asociado a la inteligencia artificial. MSCI apunta especialmente a la concentración de poder en manos de Elon Musk. Tras la salida a bolsa, el empresario mantiene una posición dominante gracias a una estructura accionarial con derechos de voto diferenciados.

Ese diseño reduce el peso efectivo de parte de los nuevos accionistas y permite a Musk conservar un control muy amplio sobre la compañía. Para los inversores institucionales, esto plantea varios riesgos:

  • Menor independencia real del consejo de administración.
  • Supervisión limitada sobre la remuneración de la dirección.
  • Posibles conflictos de interés por el papel de Musk en otras compañías.
  • Menos capacidad de los accionistas externos para influir en decisiones estratégicas.

El aviso llega en un momento delicado. SpaceX ya no se analiza solo como una empresa espacial, sino como un grupo que quiere competir también en inteligencia artificial, centros de datos y servicios de computación para terceros.

La IA, nueva promesa y nuevo foco de gasto

La ambición de Musk va mucho más allá de los lanzamientos. SpaceX ha integrado el negocio de xAI y está tratando de convertir su infraestructura de computación en una fuente de ingresos relevante. Sus centros Colossus ya forman parte de acuerdos con grandes actores del sector, entre ellos Anthropic y Google, interesados en acceder a capacidad de cálculo para entrenar y operar modelos de IA.

Esa estrategia puede abrir una vía de negocio potente. También exige mucho capital. Construir centros de datos, comprar chips avanzados y financiar el desarrollo de Starship no es barato, y la compañía ya ha acudido al mercado de bonos para reforzar su balance pocos días después de su debut bursátil.

La operación de deuda busca sustituir financiación puente por deuda a más largo plazo y cubrir necesidades generales de la empresa. El movimiento no implica necesariamente debilidad, pero sí confirma que SpaceX afronta una fase de expansión muy intensiva en capital.

El mercado empieza a pedir algo más que visión

La promesa de Musk es ambiciosa: llevar a SpaceX a una escala de ingresos muy superior en los próximos años y convertir la inteligencia artificial en un pilar adicional del grupo. Pero Wall Street empieza a exigir más que una narrativa de futuro.

La caída de los últimos días no borra el peso tecnológico de la compañía ni su posición en el negocio espacial. Sí deja un mensaje claro: la paciencia del mercado tiene límites cuando una valoración extrema se combina con pérdidas, deuda, gobierno corporativo concentrado y una apuesta masiva por la IA.

SpaceX sigue siendo una de las compañías más observadas del planeta. Ahora, además de lanzar cohetes, tendrá que demostrar que también puede sostener sus cifras en bolsa.

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