Google planea invertir hasta 40.000 millones de dólares en Anthropic, una operación que combinaría dinero e infraestructura de computación y que vuelve a mostrar cuál es hoy la verdadera moneda de poder en la inteligencia artificial: no solo el capital, sino el acceso asegurado a chips, centros de datos y capacidad energética durante años. Según Reuters y Bloomberg, Alphabet comprometería 10.000 millones de dólares de inmediato y dejaría otros 30.000 millones condicionados al cumplimiento de determinados objetivos de rendimiento por parte de Anthropic.
La cifra por sí sola ya coloca el movimiento entre los más importantes del sector en 2026. La inversión inicial se plantea con una valoración de 350.000 millones de dólares para Anthropic, aunque Bloomberg añade que desde febrero algunos inversores ya estarían dispuestos a respaldar a la compañía con valoraciones incluso superiores, de hasta 800.000 millones. Eso refleja hasta qué punto el mercado está premiando a las empresas que no solo desarrollan modelos potentes, sino que además logran asegurar la infraestructura necesaria para operarlos a gran escala.
El momento tampoco es casual. El posible acuerdo llega pocas semanas después del lanzamiento restringido de Mythos, el modelo más potente de Anthropic hasta la fecha, diseñado con aplicaciones muy avanzadas en ciberseguridad. La empresa ha limitado su acceso a un grupo reducido de socios porque considera que el sistema podría utilizarse de forma maliciosa si se desplegara sin controles suficientes. Reuters informó además de que usuarios no autorizados lograron acceder al modelo poco después de su presentación, un episodio que aumentó todavía más la atención política y empresarial sobre esta tecnología.
Detrás de la operación hay una lógica industrial muy clara. La carrera de la IA ya no se decide solo en los laboratorios, sino en la capacidad de conseguir computación masiva durante años. Entrenar y servir modelos cada vez más potentes exige una escala de infraestructura que pocas compañías pueden asegurar por sí solas. En ese contexto, Google compite con OpenAI, Microsoft, Amazon o Meta en modelos, pero también actúa como proveedor de infraestructura para empresas rivales que necesitan potencia urgente. Es una relación tensa, pero cada vez más habitual en este mercado.
Anthropic lleva meses moviéndose precisamente en esa dirección. A comienzos de abril anunció un acuerdo con Google y Broadcom para acceder a múltiples gigavatios de capacidad basada en TPU a partir de 2027, una expansión que la propia compañía presentó como clave para sostener la demanda mundial de sus modelos. Broadcom detalló después en documentación regulatoria que esa capacidad ascendería a 3,5 gigavatios, una cifra que da idea del tamaño del despliegue. Para hacerse una idea del orden de magnitud, no estamos hablando de alquilar unos cuantos racks más, sino de asegurar durante años una infraestructura comparable a la de grandes complejos industriales de datos.
El nuevo movimiento de Google ampliaría todavía más ese vínculo. Según la información citada por Bloomberg y recogida por TechCrunch, Google Cloud aportaría ahora 5 gigavatios adicionales de capacidad en los próximos cinco años, con posibilidad de seguir escalando después. Eso reforzaría el papel de Google no solo como inversor, sino como socio estructural de Anthropic en chips e infraestructura. La startup depende ya de Google Cloud para acceder a TPU, los procesadores propios de Google para cargas de IA, que hoy se consideran una de las principales alternativas a Nvidia en determinados despliegues.
La operación también debe leerse junto a otros acuerdos recientes. Anthropic ha ido encadenando pactos para responder a un crecimiento de demanda que está tensionando su infraestructura y, de paso, su producto. Reuters destaca que su tasa anualizada de ingresos alcanzó los 30.000 millones de dólares en abril, frente a unos 9.000 millones al cierre de 2025, un salto muy poco habitual incluso en un mercado tan acelerado como este. Esa presión se ha notado también en el uso de Claude, con quejas recientes de usuarios por límites y disponibilidad.
Además del acuerdo con Google y Broadcom, Anthropic también ha firmado recientemente con CoreWeave para asegurar capacidad de centros de datos y ha reforzado su relación con Amazon, otro de sus grandes apoyos industriales y financieros. En otras palabras, la compañía está construyendo una red de suministro de computación diversificada para no depender de un único proveedor en una fase donde quedarse corto de infraestructura puede frenar tanto el crecimiento comercial como la evolución técnica de los modelos. Esta conclusión se desprende de la sucesión de acuerdos anunciados por la empresa y de la descripción de Reuters sobre su necesidad de soportar una demanda extraordinaria.
Para Google, la jugada tiene doble sentido. Por un lado, invierte en una de las compañías más fuertes del momento. Por otro, se asegura que una parte relevante del crecimiento de Anthropic pase por su nube, sus chips y su infraestructura. En un mercado donde cada gran modelo necesita una base física gigantesca para funcionar, ser el proveedor del rival puede ser casi tan valioso como superarlo directamente en producto. Un ejemplo claro sería venderle las “palas” al competidor mientras ambos buscan oro en el mismo terreno.
También hay un ángulo financiero adicional. Bloomberg señala que Anthropic estaría valorando una salida a bolsa tan pronto como octubre, algo que convertiría esta ronda y estos acuerdos de infraestructura en una forma de llegar al mercado con más músculo, más capacidad asegurada y una historia de crecimiento todavía más sólida. No sería solo una empresa con buenos modelos. Sería una compañía que ha logrado atar, antes que muchas otras, la materia prima más escasa de esta fase de la IA: computación disponible en cantidad suficiente.
En conjunto, la posible inversión de Google no es solo una apuesta financiera por Anthropic. Es una apuesta por controlar una parte crítica de la cadena de valor de la inteligencia artificial. Y deja una idea bastante clara: en 2026, ganar en IA ya no depende únicamente de tener el mejor modelo. Depende de quién puede pagar, reservar y encender la infraestructura capaz de sostenerlo.
