BZERO capta 1,5 millones para escalar bioplásticos compostables desde Valencia

BZERO ha cerrado una ronda semilla de 1,5 millones de euros para acelerar la producción de bioplásticos compostables desde Valencia. La operación, sobresuscrita según la compañía, eleva a 2,5 millones la financiación captada desde su creación en 2021 y refuerza una tesis cada vez más visible en el ecosistema español: la sustitución del plástico convencional no se ganará solo con discurso ambiental, sino con materiales que puedan entrar en fábricas y líneas de envasado reales.

La ronda incluye continuidad de Ship2B Ventures, CTL Investments y Torribas, junto a la entrada de Impact Shakers Ventures y Viscofan. Ese último nombre tiene una lectura industrial relevante, porque conecta la financiación con conocimiento del sector alimentario y de materiales. Para una startup de biomateriales, el capital importa, pero la capacidad de probar producto con clientes industriales puede ser igual de decisiva.

Fundada por José Espí y Cristina Martín, BZERO trabaja con una tecnología propia basada en almidón termoplástico. Su producto más citado son films compostables en el hogar de unas 7 micras de espesor, una cifra especialmente baja para un material que aspira a competir con plásticos fósiles en resistencia mecánica. La empresa afirma que ya cuenta con una capacidad de producción anual cercana a las 300 toneladas.

El destino de la financiación será escalar esa capacidad, ampliar pilotos con empresas de packaging alimentario y seguir ajustando formulaciones. La compañía se mueve en una categoría difícil: el mercado quiere envases más sostenibles, pero también exige precio, barrera, resistencia, seguridad alimentaria y disponibilidad. Un material puede ser prometedor en laboratorio y quedarse corto cuando se enfrenta a humedad, transporte o tiempos de almacenamiento.

La oportunidad de BZERO está en reducir la distancia entre sostenibilidad y operación industrial cotidiana. Si un film compostable exige cambiar demasiadas máquinas, encarece mucho el envase o no aguanta los usos habituales, el comprador lo tratará como una excepción. Si entra con pocos cambios y rendimiento razonable, puede pasar a compras recurrentes.

El contexto regulatorio europeo ayuda, aunque no resuelve el problema. Las restricciones al plástico de un solo uso, la presión sobre residuos y los objetivos de economía circular empujan a marcas y fabricantes a buscar alternativas. España cuenta además con una base potente en agroalimentación, distribución y envase, lo que convierte al mercado local en un buen campo de pruebas para materiales aplicados.

La clave estará en demostrar que la compostabilidad no es solo una etiqueta comercial. Los clientes necesitan saber en qué condiciones se degrada el material, cómo debe gestionarse el residuo y qué certificaciones acompañan al producto. También necesitan claridad sobre el origen de las materias primas, porque un biomaterial no es automáticamente mejor si su cadena de suministro añade otros impactos relevantes.

El caso BZERO muestra una evolución sana del emprendimiento climático español: menos promesas generales y más tecnología de materiales con clientes concretos. La ronda no convierte a la compañía en un actor industrial por sí sola, pero le da margen para pasar de pilotos a producción más amplia. Ahí se jugará su posición.

Para el ecosistema, la lectura es positiva. Las startups españolas de deep tech suelen necesitar más tiempo y capital que una empresa de software, pero también pueden construir barreras más sólidas si la tecnología funciona. En packaging, donde cada céntimo pesa, esa prueba será especialmente exigente.

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