La Unión Europea ha ordenado a Google abrir partes clave de Android y de su negocio de búsqueda a competidores, incluidas compañías de inteligencia artificial. La decisión se apoya en la Ley de Mercados Digitales, el marco que Bruselas utiliza para limitar el poder de las grandes plataformas consideradas guardianes de acceso. En la práctica, Google tendrá que ofrecer más interoperabilidad a asistentes rivales y compartir determinados datos de búsqueda de forma anonimizada.
La medida sobre Android busca que servicios de terceros puedan acceder a funciones del sistema en condiciones comparables a las de Gemini. Eso puede incluir integración más profunda con el dispositivo, activación por voz o ejecución de tareas en segundo plano, siempre bajo reglas de seguridad y privacidad que la Comisión Europea deberá concretar. Bruselas quiere evitar que la próxima capa de control del móvil quede cerrada alrededor del asistente propio de cada plataforma.
La segunda decisión afecta a los datos de búsqueda. Google deberá facilitar a rivales, incluidos chatbots y buscadores alternativos, acceso a información anonimizada generada por sus servicios. La lógica regulatoria es que la escala histórica de Google produce una ventaja de datos difícil de replicar. Si los asistentes de IA reemplazan parte de la búsqueda tradicional, esa ventaja puede trasladarse a una nueva interfaz sin que el mercado tenga tiempo de reaccionar.
Google ha defendido que estas obligaciones pueden crear riesgos de privacidad y seguridad. Ese argumento no es menor. Abrir capacidades de sistema operativo y compartir datos requiere controles estrictos para evitar abuso, filtraciones o usos secundarios no deseados. La cuestión de fondo es si esos riesgos justifican mantener cerrada una infraestructura digital que usan miles de millones de personas.
La regulación europea entra así en el núcleo de la competencia en IA: quién puede actuar por el usuario dentro del dispositivo y con qué datos aprende. No se trata solo de buscadores alternativos. También afecta a asistentes capaces de reservar viajes, gestionar correo, buscar documentos, responder mensajes o comparar compras.
El calendario será importante. Según la información publicada, algunas obligaciones sobre datos de búsqueda llegarán en enero de 2027 y la interoperabilidad de Android se desarrollará hacia julio de 2027. Ese margen da tiempo a Google para adaptar sistemas y a los competidores para preparar productos, pero también permite a Gemini seguir ganando presencia mientras la norma se implementa.
El contraste con Apple es evidente. La compañía ha retrasado su Siri AI en la Unión Europea alegando conflictos con el DMA, mientras Google opta por seguir desplegando Gemini y negociar cumplimiento. Para usuarios y empresas europeas, el resultado puede ser paradójico: más derechos de competencia sobre el papel, pero lanzamientos de IA fragmentados o más lentos si las plataformas deciden contener funciones.
Para las empresas españolas, la decisión abre un escenario de mayor pluralidad, pero también de más complejidad tecnológica. Integrar asistentes, datos y permisos en móviles corporativos exigirá revisar proveedores, controles de acceso y políticas internas. La elección de una herramienta de IA no dependerá solo de la calidad de sus respuestas, sino de cómo se conecta con sistemas críticos.
Bruselas está marcando una línea: la IA no puede convertirse en una nueva puerta cerrada sobre mercados ya concentrados. El éxito de esa línea dependerá de detalles técnicos, plazos razonables y capacidad de supervisión. Si falla, puede terminar beneficiando justo a quienes ya tienen más recursos para cumplir.
