Google compra energía solar y baterías a gran escala para sostener sus centros de datos de IA

Paneles solares como imagen temática de energía para centros de datos e inteligencia artificial

Google ha realizado su mayor compra de energía solar y almacenamiento en baterías hasta la fecha para alimentar indirectamente su crecimiento en centros de datos. El proyecto Steel River Energy Center, situado en Arkansas, añadirá en sus dos primeras fases 1 gigavatio de capacidad solar y 1,9 gigavatios hora de baterías. La electricidad irá a la red para compensar la demanda de los centros de datos de Google.

La compañía invertirá junto a Cypress Creek Energy y comprará toda la producción de las dos primeras fases. Cuando se complete la tercera fase, prevista para conectarse a la red en 2029, el proyecto alcanzará alrededor de 1,8 gigavatios solares y 2,9 gigavatios hora de almacenamiento. Cypress Creek ha asegurado 3.500 millones de dólares en financiación para las dos primeras fases.

La noticia ilustra una de las restricciones centrales de la carrera de la IA: los modelos avanzados no solo necesitan chips, también electricidad disponible, barata y defendible políticamente. Los centros de datos se han convertido en infraestructuras estratégicas y, al mismo tiempo, en fuentes de tensión por consumo eléctrico, agua, suelo y emisiones.

El proyecto se ubicará al norte de Memphis y, según las empresas, podrá suministrar energía a la red de forma continua gracias a la combinación de paneles solares y baterías. Esa parte es clave. La energía solar pura depende de la hora del día, mientras que el almacenamiento permite desplazar producción y acercarse al objetivo de Google de igualar su consumo con energía limpia hora a hora.

La decisión contrasta con otras estrategias del sector. TechCrunch señala que el proyecto está a unas decenas de millas de una planta de gas natural asociada a xAI que, según reportes de Reuters, operaría con decenas de turbinas sin permisos federales de aire limpio. Más allá de ese caso concreto, el contraste refleja dos velocidades en la infraestructura de IA: construir rápido con combustibles fósiles o intentar escalar renovables y baterías a ritmos compatibles con la demanda.

Para las grandes tecnológicas, la energía se ha convertido en parte de la propuesta de negocio, no en un coste invisible. Un proveedor cloud que promete capacidad de IA a empresas debe demostrar que puede expandir centros de datos sin provocar rechazo local, subidas de tarifas o problemas regulatorios.

Google también ha invertido en gas natural en proyectos concretos, como una planta de 933 megavatios en Texas junto a Crusoe, pero su estrategia general se ha apoyado más en renovables, compras de energía y acuerdos de almacenamiento. El tamaño de Steel River sugiere que las plantas híbridas de solar y baterías pueden convertirse en una herramienta central para crecer sin depender únicamente de generación fósil.

Para España, la lectura es directa. El país cuenta con abundante recurso solar y una posición relevante en renovables, pero atraer centros de datos de IA exige red eléctrica, permisos, almacenamiento, agua y acuerdos industriales. No basta con tener sol. Hace falta convertirlo en capacidad firme y en contratos que den previsibilidad a operadores e inversores.

La infraestructura de IA está dejando de medirse solo en GPUs y empieza a medirse también en gigavatios, baterías y aceptación territorial. Google acaba de reforzar esa lectura con su mayor apuesta solar.