La ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán, iniciada el fin de semana, ha sacudido de inmediato a los mercados energéticos y ha devuelto al estrecho de Ormuz al centro del riesgo global. Durante la madrugada europea, el petróleo llegó a encarecerse cerca de un 13% antes de moderar el avance a alrededor del 10%, el mayor salto en cuatro años. El mercado reaccionó en cuestión de horas, no de días.
En paralelo, el gas en Europa registró un repunte superior al 20% en la apertura. El contrato TTF negociado en Países Bajos se disparó hasta los 39 euros por megavatio hora, un nivel que vuelve a tensionar a industrias y comercializadoras que dependen de compras a corto plazo.
La reacción del mercado en cifras
El Brent, referencia en Europa, avanzaba un 9,7% y rozaba los 80 dólares por barril. El WTI, la referencia estadounidense, subía un 9,3%. En lo que va de año, el crudo acumula un alza cercana al 30%, una escalada que ya presionaba costes antes de este episodio.
El movimiento no se limitó al petróleo. Los futuros del diésel repuntaron también alrededor de un 20%. Cuando el diésel sube a este ritmo, el impacto se traslada rápidamente al transporte y a la logística, desde el camión que abastece supermercados hasta el combustible marítimo.
Por qué Ormuz concentra el miedo a un corte de suministro
El estrecho de Ormuz es la arteria por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado que se consume en el mundo. Reuters sitúa el volumen medio en torno a 14,5 millones de barriles diarios que transitan por ese corredor, con Asia como principal destino, al absorber cerca del 90% de esos flujos. Europa y América reciben cuotas mucho menores.
Se trata de un paso marítimo de pocas decenas de kilómetros en su punto más estrecho, encajado entre Omán e Irán. No ha sido bloqueado físicamente, pero el tráfico se ha resentido. Navieras y transportistas han interrumpido operaciones y, según Reuters, unos 150 buques permanecen paralizados en la zona. El simple riesgo de cierre ya altera el mercado.
Avisos a la navegación y señales de cautela
Irán informó de ataques contra tres petroleros propiedad de Estados Unidos y Reino Unido. Además, el Departamento de Transporte estadounidense recomendó que los buques comerciales eviten navegar por el estrecho, el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo.
En ese clima, analistas de Goldman Sachs describieron un patrón de espera prudente por parte de transportistas, productores y aseguradoras, con una interrupción significativa del tráfico. Al mismo tiempo, señalaron que hasta ese momento no había daños confirmados en la producción de petróleo ni en la infraestructura de exportación. La tensión está en la ruta, no en los pozos.
Gas: el mayor test para Europa desde la guerra en Ucrania
En el mercado del gas, el episodio se perfila como el impacto más serio desde la invasión rusa de Ucrania. Aunque Asia compra la mayor parte del GNL que sale de Oriente Medio, cualquier interrupción en esa ruta intensifica la competencia global por cargamentos alternativos.
Eso significa que Europa podría tener que pujar más alto para asegurar el suministro, incluso si no es el principal destino de esos volúmenes. La interconexión del mercado convierte un conflicto regional en un problema global de precios.
Previsiones: el rango de 80 a 90 dólares entra en escena
Varios análisis apuntan a un escenario de precios elevados si no aparece una señal clara de distensión. Rystad Energy atribuye el impacto inmediato a la interrupción efectiva del tráfico por Ormuz y estima que hasta 15 millones de barriles diarios podrían no llegar a los mercados en un escenario extremo. Sitúa una banda de 85 a 90 dólares por barril como referencia si la tensión persiste.
Morgan Stanley elevó su previsión para el Brent del segundo trimestre a 80 dólares por barril, desde los 62,50 anteriores. Citigroup, en una nota citada por Bloomberg, proyectó un Brent entre 80 y 90 dólares al menos durante la próxima semana y describió distintos escenarios, desde cambios en el liderazgo iraní hasta una desescalada ligada a ajustes en su programa de misiles y nuclear.
¿Está el mercado descontando un bloqueo total o solo un episodio de alta volatilidad? Esa es la incógnita que ahora domina las mesas de trading.
Producción, OPEP+ e instalaciones: más piezas del puzle
La OPEP+ acordó un aumento de producción de 206.000 barriles diarios para abril. Sin embargo, una parte relevante de ese suministro debe salir del Golfo Pérsico en buques cisterna, lo que vuelve a situar a Ormuz como cuello de botella potencial.
Irán bombea alrededor de 3,3 millones de barriles al día, cerca del 3% de la producción mundial, y continúa bajo sanciones. Reuters informó además de que Saudi Aramco detuvo operaciones en la refinería de Ras Tanura, en Arabia Saudí, tras un ataque con drones en la zona, un factor adicional que alimenta la percepción de riesgo.
El eco de los años setenta
Wood Mackenzie comparó el momento con el embargo petrolero de Oriente Medio en los años setenta, cuando los precios se multiplicaron y las economías occidentales sufrieron una crisis energética profunda. Como referencia, apuntó que 90 dólares por barril en 2026 sería un equivalente aproximado de aquel episodio en términos reales.
No se trata de una repetición automática de la historia, pero sí de un recordatorio. Cuando el mercado teme pérdidas relevantes de suministro, los precios pueden escalar con rapidez.
Los dos termómetros clave
Existen dos variables que marcarán el corto plazo:
- La recuperación del tráfico marítimo por Ormuz.
- El alcance de las represalias iraníes.
UBS considera que esa combinación será determinante para el precio del petróleo en las próximas jornadas. En paralelo, Donald Trump afirmó que Estados Unidos mantendría los ataques hasta alcanzar sus objetivos y planteó que el conflicto podría prolongarse hasta cuatro semanas.
Con el Brent al borde de los 80 dólares y el gas europeo en máximos recientes, el mercado energético vuelve a caminar sobre una línea muy fina. Ormuz no está cerrado, pero el riesgo ya se ha convertido en precio.
