La guerra de Irán hunde a los países dependientes del gas y salva a quienes invirtieron en renovables

La crisis en Irán vuelve a sentirse lejos del campo militar y muy cerca del bolsillo de millones de europeos. La reciente subida del gas en la Unión Europea, tras los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos iniciados el 28 de febrero de 2026, ha reactivado una vieja debilidad del continente: seguir dependiendo de los combustibles fósiles para fijar el precio de la electricidad.

Mientras algunos países afrontan el golpe con mayor resistencia gracias a las renovables y la energía nuclear, otros vuelven a quedar expuestos a la volatilidad internacional. El contraste ya se refleja en las previsiones de costes para este año.

El gas dispara las alertas en el mercado europeo

El mercado energético reaccionó con rapidez al recorte de suministros de gas natural licuado procedente de Catar. En solo 48 horas, el precio del gas en el índice TTF de Países Bajos subió un 68%, hasta los 52,8 euros por megavatio-hora, su nivel más alto en dos años.

A esa presión se sumó la competencia asiática por el suministro mundial. Durante marzo, los envíos de gas natural licuado de Estados Unidos hacia Europa cayeron un 11%, mientras las exportaciones con destino a Asia se duplicaron.

El efecto fue directo: más tensión en los precios eléctricos y mayor vulnerabilidad para los países donde el gas sigue teniendo un papel central.

Renovables y nuclear marcan la diferencia

Un análisis del centro de estudios energéticos CREA señala que los países con sistemas eléctricos más apoyados en fuentes limpias y energía nuclear prevén ahorros en la factura eléctrica un 58% superiores frente a los Estados que mantienen una elevada dependencia fósil.

Las cinco economías europeas mejor posicionadas son Dinamarca, Finlandia, Francia, Suecia y Eslovaquia. En conjunto, podrían ahorrar hasta 8.500 millones de euros este año frente al grupo formado por Polonia, Italia, Grecia, Estonia y Países Bajos. Quienes aceleraron antes la transición energética hoy amortiguan mejor las crisis externas. Los que retrasaron ese cambio siguen pagando más.

España y Portugal refuerzan su escudo energético

La península ibérica aparece entre las zonas con mejor evolución. Desde 2022, España y Portugal aumentaron un 21% la aportación de energía limpia, impulsados sobre todo por la solar, cuya generación creció un 74%.

En 2025, la energía solar ya representó cerca de una quinta parte de toda la electricidad generada, una cuota similar a la del gas. Ese cambio permitió reducir en un 53% la sensibilidad ibérica a las subidas del combustible.

Hoy España y Portugal registran uno de los menores niveles de exposición de la UE, con un alza estimada de apenas 0,089 euros por megavatio-hora en la electricidad por cada euro que sube el gas.

Francia y Suecia consolidan ventaja

Francia mantiene una posición sólida gracias al peso de la energía nuclear y al respaldo hidroeléctrico. Ambas tecnologías ayudan a estabilizar precios y reducen la necesidad de recurrir al gas en momentos de alta demanda.

Suecia va incluso más lejos. El país apenas registra un incremento de 0,04 euros por megavatio-hora por cada euro adicional en el gas. Además, el 99% de su electricidad procede ya de fuentes limpias. Es el mejor ejemplo de cómo una matriz energética diversificada puede proteger hogares e industria.

Países Bajos y Polonia siguen más expuestos

No todos avanzan al mismo ritmo. Países Bajos ha ampliado su capacidad renovable, pero el gas continúa siendo su principal fuente eléctrica con un 22% del total.

Polonia también afronta una transición compleja. En lugar de sustituir directamente carbón por renovables, parte del cambio se está haciendo hacia gas. Como resultado, la generación eléctrica con este combustible creció un 132% en 2025 respecto a 2022. Eso aumenta la exposición a futuras crisis internacionales y limita la capacidad de contener precios.

Europa aún no rompe con el gas

Pese al avance renovable, el mercado eléctrico europeo sigue condicionado por el sistema marginalista, donde la última tecnología necesaria para cubrir la demanda suele marcar el precio final. Y con frecuencia, esa tecnología continúa siendo el gas.

La guerra en Irán deja una conclusión: Europa ha avanzado en transición energética, pero todavía no ha cortado del todo su dependencia fósil. Algunos países ya disfrutan de la ventaja de haber actuado antes. Otros siguen pagando la factura, literalmente.

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