Verano en Aragón: tres rutas para recorrer la comunidad a tu aire

Aragón es una de esas comunidades que se disfrutan mejor sin prisa y sin horarios. Entre el Pirineo y el Moncayo, con Zaragoza como puerta de entrada, reúne en apenas unos cientos de kilómetros alta montaña, pueblos medievales, arte mudéjar declarado Patrimonio de la Humanidad y una gastronomía con carácter propio. En verano tiene además una ventaja evidente: es una alternativa real a la saturación de la costa. La única condición para exprimirla es poder moverse por libre, porque muchos de sus mejores rincones quedan lejos de las líneas regulares de transporte. Estas son tres rutas, pensadas para tres formas distintas de viajar.

Ruta 1. El Pirineo aragonés, sin horarios

El norte de Huesca concentra algunos de los paisajes más espectaculares del país. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es la visita obligada, con itinerarios para todos los niveles que van desde el paseo hasta la Cola de Caballo a ascensiones de jornada completa. Conviene saber que en temporada alta el acceso a la pradera de Ordesa se realiza en autobús lanzadera desde Torla, así que lo práctico es instalarse allí y olvidarse del vehículo durante la visita.

A partir de ahí, el valle de Tena, Panticosa, Benasque o la villa medieval de Aínsa permiten encadenar días de montaña, pueblos de piedra y baños en ibones y ríos de agua fría. Es un territorio hecho a medida de quien viaja en autocaravana: se duerme cerca del punto de salida de las rutas, se cambia de valle cuando apetece y no hay que reservar alojamiento con meses de antelación. Quien no disponga de una puede recurrir al alquiler de autocaravanas en Zaragoza y subir al Pirineo desde el mismo día de la salida.

Ruta 2. El Moncayo, Tarazona y el Monasterio de Piedra

Al oeste de Zaragoza, en la frontera con Soria, el Moncayo levanta sus más de 2.300 metros sobre el valle del Ebro y ofrece un parque natural de hayedos y pinares que sorprende por lo verde en pleno agosto. A sus pies, Tarazona merece una parada larga: su catedral, mudéjar y renacentista a la vez, y su casco medieval la han convertido en una de las visitas con más encanto de la comunidad.

La ruta se completa hacia el sur con el Monasterio de Piedra, en Nuévalos, donde un antiguo monasterio cisterciense se rodea de un parque de cascadas, lagos y grutas que es probablemente el mejor refugio contra el calor de todo Aragón. Es un recorrido que se hace bien en dos o tres días y que gana cuando se viaja en grupo grande o en familia numerosa: repartir el trayecto en un solo vehículo sale más a cuenta y evita ir en caravana de coches. Para eso, alquilar una furgoneta de 9 plazas resuelve la logística de una tacada.

Ruta 3. Zaragoza, Fuendetodos y el vino de Cariñena

Quien disponga de menos días puede quedarse en el entorno de la capital. Zaragoza se recorre a pie: la plaza del Pilar, La Seo, el Palacio de la Aljafería y los restos de la Caesaraugusta romana se concentran en un casco histórico compacto, y El Tubo espera después para tapear ternasco y verduras de la huerta.

El vehículo entra en juego para lo que hay alrededor. A menos de una hora está Fuendetodos, el pueblo donde nació Goya, con su casa natal y su museo del grabado. Muy cerca, Cariñena abre la puerta a una de las denominaciones de origen más antiguas de España, con bodegas visitables y un museo del vino. Y hacia el este, Belchite conserva su pueblo viejo tal como quedó tras la Guerra Civil. Son distancias cortas, de entre media hora y una hora, para las que basta con un alquiler de coches en Zaragoza y que permiten volver a dormir a la ciudad cada noche.

Cuándo ir y cómo organizar el viaje

El verano aragonés es de clima continental y en el valle del Ebro aprieta: agosto deja con facilidad jornadas por encima de los treinta y cinco grados. La regla práctica es reservar las horas centrales del día para los interiores (museos, bodegas, la Aljafería) o para el norte, donde la altitud rebaja la temperatura varios grados; las primeras horas de la mañana y los atardeceres son para todo lo demás.

Conviene además reservar con margen el alojamiento en el Pirineo, que se llena en agosto, y contar con que las distancias en Aragón engañan: son pocos kilómetros, pero muchos de ellos por carreteras de montaña. Con esa previsión, la comunidad se recorre con comodidad en una semana y deja la sensación de haber hecho tres viajes distintos en uno.

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