Monday.com se ha sumado a la lista de compañías tecnológicas que vinculan sus recortes de plantilla con una reorganización alrededor de la inteligencia artificial. La empresa de software de gestión de trabajo, con sede en Tel Aviv, anunció en una presentación regulatoria que reducirá cerca del 20 % de su plantilla, algo más de 600 empleados, como parte de un plan de reestructuración.
La compañía enmarca la decisión en una transformación de producto, marketing y estrategia comercial orientada a un modelo operativo más enfocado y a una visión de crecimiento impulsada por IA. Su cofundador y codirector ejecutivo, Eran Zinman, defendió en una comunicación interna que el movimiento no busca simplemente reducir costes ni reemplazar personas con IA, sino adaptar la organización a una nueva etapa.
El mensaje de Monday.com ilustra una tensión que se repite en el sector: las empresas presentan la IA como estrategia de crecimiento mientras ejecutan recortes que afectan a cientos o miles de trabajadores. La narrativa puede ser coherente desde la eficiencia, pero no elimina el impacto laboral.
TechCrunch recoge que Monday.com espera cargos netos de reestructuración de entre 45 y 55 millones de dólares y, al mismo tiempo, mantiene previsiones de crecimiento de ingresos de hasta el 20 % interanual en 2026. Esa combinación explica por qué el mercado sigue mirando estos anuncios con mezcla de interés y escepticismo. No todas las reducciones responden a debilidad financiera; algunas se presentan como reasignación de recursos.
El fenómeno es amplio. Según el seguimiento citado por TechCrunch, grandes tecnológicas como Amazon, Oracle, Meta, Microsoft, GitLab, Cisco, PayPal, Salesforce o Block han usado la IA como uno de los factores para rediseñar equipos, eliminar capas organizativas o desplazar inversión hacia infraestructura y producto. En algunos casos, las empresas siguen contratando en áreas de IA mientras recortan en otras funciones.
La lectura empresarial no es simple. La IA puede reducir trabajo repetitivo, acelerar ingeniería, automatizar soporte o cambiar la forma de vender software. Pero también puede convertirse en una explicación cómoda para corregir excesos de contratación acumulados durante años de dinero barato. La diferencia entre estrategia y excusa se verá en los resultados.
Para las compañías SaaS, el riesgo es doble: deben incorporar IA a sus productos y, a la vez, demostrar que esa incorporación no erosiona su propio modelo de valor. Si un cliente puede resolver tareas con agentes generales, una plataforma de productividad necesita justificar por qué sigue siendo imprescindible.
Monday.com quiere posicionarse como una AI Work Platform, una categoría que aspira a integrar automatización, colaboración y gestión de procesos. Ese movimiento tiene sentido en un mercado donde los clientes esperan más inteligencia dentro de las herramientas que ya usan. El problema es que la transición puede requerir perfiles distintos, ciclos de producto más rápidos y menos capas de coordinación interna.
Para España y Europa, la ola deja una advertencia. Las empresas que adopten IA no solo cambiarán herramientas, también rediseñarán funciones, indicadores y estructuras. Recursos humanos, comités de dirección y sindicatos tendrán que entender qué parte del cambio es automatización real y qué parte es reorganización financiera presentada con lenguaje tecnológico.
La historia de Monday.com no marca el final del empleo tecnológico, pero sí confirma que la IA ya se usa como argumento central para redibujar plantillas. El dato que importará durante los próximos trimestres será si esas compañías logran crecer mejor después de los recortes o si solo trasladan el coste humano de una apuesta todavía incierta.
