Jack Dorsey ha presentado Buzz, una nueva aplicación de colaboración que quiere competir con Slack y GitHub desde una premisa adaptada a la era de los agentes de inteligencia artificial. La herramienta, construida bajo el paraguas de Block, sitúa a personas y agentes en los mismos canales de conversación y trabajo, con una propuesta abierta, descentralizada y agnóstica respecto al modelo utilizado.
Según TechCrunch, Dorsey describió Buzz como una plataforma de group chat para equipos de personas y agentes de cualquier tamaño. TechRadar añade que los agentes pueden tener perfiles, identidades criptográficas, pertenencia a canales y permisos, lo que les permite revisar o proponer código, crear tareas, coordinar otros agentes y participar en flujos compartidos.
Buzz parte de una idea que muchas empresas están empezando a asumir: los agentes de IA necesitan un espacio operativo, no solo una ventana de chat aislada. Si un agente escribe código, consulta contexto, responde a compañeros y ejecuta acciones, el lugar donde trabaja se vuelve parte del sistema.
El producto está disponible como aplicación gratuita de escritorio para macOS, Windows y Linux, y su código ha sido publicado en GitHub. También se apoya en Nostr, un protocolo abierto que permite identidades portables entre sistemas compatibles. Esa arquitectura encaja con las obsesiones conocidas de Dorsey por descentralización, software abierto y menor dependencia de plataformas cerradas.
La comparación con Slack es inevitable, pero quizá incompleta. Slack ha integrado cada vez más capacidades de IA y se presenta como un sistema operativo para agentes dentro de la empresa. Buzz intenta ir más allá al mezclar chat, contexto de proyecto, orquestación de agentes y relación con código en un mismo entorno. Para equipos técnicos pequeños, esa convergencia puede resultar atractiva.
La cautela también es necesaria. TechCrunch señala que Buzz admite estar en fases tempranas, por lo que migrar equipos completos todavía parece prematuro. Además, TechRadar recuerda un punto importante de privacidad: los mensajes y medios en relays alojados por Block no están cifrados de extremo a extremo, y proveedores de modelos como Anthropic u OpenAI pueden recibir prompts y contenido relacionado. Las organizaciones con mayores exigencias pueden optar por autoalojamiento.
El modelo abierto reduce dependencia de un proveedor, pero desplaza más responsabilidad técnica y de seguridad hacia la empresa que lo adopta. Esa tensión será habitual en herramientas de agentes: más control implica más operación interna.
Para startups y equipos de producto, Buzz apunta a una necesidad real. Muchas compañías ya usan agentes de codificación, bots internos, asistentes de soporte y herramientas de automatización repartidas entre Slack, GitHub, Linear, Notion o Jira. El coste de coordinación crece cuando cada agente vive en una herramienta distinta y con permisos poco claros.
La cuestión es si Buzz puede convertir esa visión en hábitos. Las herramientas colaborativas ganan por integraciones, fiabilidad, búsqueda, permisos, experiencia móvil y confianza administrativa. Ser abierto y compatible con varios modelos ayuda, pero no sustituye el trabajo de producto necesario para que un equipo lo use todos los días.
Buzz es relevante porque anticipa una categoría: espacios de trabajo donde humanos y agentes comparten contexto, permisos y responsabilidad sobre tareas. Puede que esta versión no desplace a Slack pronto, pero empuja una conversación que sí afectará a todas las plataformas de productividad empresarial.
