Oura, fabricante de anillos inteligentes para salud y actividad física, ha publicado su documentación para salir a bolsa y prepara una posible cotización en Nasdaq bajo el ticker OURA. La compañía, fundada en Finlandia en 2013 y con sede en San Francisco, muestra un crecimiento notable: pasó de 697 millones de dólares de ingresos en los nueve meses terminados el 30 de junio de 2025 a unos 1.200 millones en el mismo periodo de 2026, según TechCrunch y el Wall Street Journal.
La empresa ya había presentado la documentación de forma confidencial en mayo. Bloomberg había señalado previamente que Oura podría buscar una valoración de 16.000 millones de dólares, por encima de los 11.000 millones alcanzados en una ronda anterior. TechCrunch añade que la compañía esperaba acercarse a 2.000 millones de dólares de ingresos este año, tras generar unos 1.000 millones en 2025.
La OPV de Oura interesa porque combina hardware, suscripción y datos biométricos en un momento en el que los inversores vuelven a mirar empresas tecnológicas rentables. No es solo un fabricante de dispositivos. Su negocio se apoya en anillos vendidos por cientos de dólares y en una membresía que desbloquea métricas más completas de salud y bienestar.
Oura afirma haber vendido 3,6 millones de anillos durante el último año y contar con aproximadamente cinco millones de miembros de pago. Su retención media ponderada a 12 meses ronda el 85%, según la documentación citada por TechCrunch. Ese dato es relevante porque indica que muchos usuarios mantienen la suscripción después de la compra inicial del dispositivo.
La compañía vende sus anillos en un rango aproximado de 350 a 400 dólares, con mediciones sobre sueño, estrés, metabolismo, frecuencia cardiaca y otros indicadores. Oura describe su propuesta como una plataforma de inteligencia de salud siempre activa. También afirma haber reunido uno de los mayores conjuntos longitudinales de datos biométricos de consumo, con más de 50 métricas de salud y bienestar y cerca de 42.000 millones de horas de datos fisiológicos.
El atractivo para el mercado está en que cada anillo puede abrir una relación recurrente con el usuario, algo que el hardware de consumo no siempre consigue. Las suscripciones elevan márgenes, suavizan ingresos y permiten desarrollar funciones de IA más personalizadas. Esa lógica se parece más al software que a la venta puntual de un gadget.
La historia también tiene riesgos. Oura ha recibido una demanda colectiva propuesta que cuestiona la precisión de sus mediciones de sueño, especialmente la capacidad para determinar fases del descanso. La compañía niega las acusaciones y ha señalado que se defenderá en el foro legal correspondiente. Para una empresa basada en confianza sanitaria, cualquier duda sobre precisión puede afectar reputación, regulación y retención.
El mercado de wearables está lleno de competidores grandes, desde Apple hasta Samsung, Garmin o marcas de bajo coste. Oura ha construido una posición propia gracias al formato de anillo, más discreto que un reloj y atractivo para usuarios interesados en sueño y recuperación. Su reto será ampliar público sin perder el posicionamiento premium ni entrar en una guerra de precio.
La salida a bolsa medirá si Wall Street compra la idea de que un wearable puede convertirse en plataforma de datos de salud con ingresos recurrentes. Si Oura mantiene crecimiento y margen, puede abrir camino a más compañías de salud digital. Si el mercado castiga sus riesgos de precisión o competencia, recordará que los datos biométricos exigen más confianza que otros negocios de consumo.
