Las fiestas llenan de vida una ciudad, pero también ponen a prueba su capacidad para recuperar la normalidad cuando termina la celebración. En Murcia lo saben bien. Las Fiestas de Primavera atraen a miles de personas, concentran actividad en calles, plazas y zonas de ocio, y obligan al Ayuntamiento a reforzar los servicios de limpieza e higiene ambiental. Este año, además, el Consistorio ha querido dar un paso más: combatir los malos olores con biotecnología en lugar de limitarse a taparlos con productos convencionales.
El Ayuntamiento de Murcia y PreZero, empresa concesionaria de los servicios municipales de limpieza, han presentado un dispositivo de higiene ambiental diseñado específicamente para estas fiestas. La base del sistema es un triple tratamiento enzimático avalado científicamente por la Universidad de Murcia, pensado para actuar en aseos, calles y zonas de contenedores con mayor concentración de personas. La idea es sencilla, pero ambiciosa: eliminar el mal olor desde su origen y no solo disimularlo durante unas horas.
La presentación pública del operativo tuvo lugar en la Plaza del Romea, donde el Ayuntamiento realizó una demostración práctica del funcionamiento del sistema. La vicealcaldesa y concejala de Fomento y Patrimonio, Rebeca Pérez, acudió junto al director de PreZero, José Manuel García Alcaraz, y al catedrático de Microbiología de la Universidad de Murcia, Juan Carlos Argüelles, que explicó el fundamento científico de la solución. El despliegue, según el Consistorio, llega después de los buenos resultados obtenidos en la edición anterior.
Lo más interesante del protocolo está en cómo se estructura. El sistema abandona los enfoques basados únicamente en químicos agresivos o ambientadores tradicionales y se articula en tres fases complementarias. El propio Ayuntamiento resume esa lógica con tres verbos muy gráficos: devorar, secuestrar y perfumar.
La primera fase ataca la causa del problema. Se aplica un producto enzimático que degrada la materia orgánica, como los restos de orina que se acumulan en la vía pública o en el entorno de los aseos portátiles. Las enzimas actúan sobre el origen físico del mal olor, de modo que el tratamiento no se queda en la superficie. Un ejemplo fácil de entender es el de una esquina con fuerte tránsito durante una jornada festiva: en lugar de rociar solo perfume, el sistema intenta descomponer aquello que realmente está generando el hedor.
La segunda fase se centra en la neutralización inmediata. Aquí entra en juego un producto secuestrante que encapsula las moléculas odoríferas ya liberadas al aire para impedir que sean percibidas por el olfato humano. Esta parte del procedimiento resulta importante porque permite actuar incluso cuando el mal olor ya se ha extendido, algo habitual en jornadas de gran afluencia o en zonas donde la limpieza necesita refuerzos continuos.
La tercera fase es la más visible para el ciudadano, aunque no la más decisiva desde el punto de vista técnico. Una vez saneado y neutralizado el entorno, se aplica un odorizante con aroma a azahar de alta persistencia. La elección del perfume no es casual. El azahar conecta con una imagen muy reconocible de Murcia y encaja mejor con el ambiente de la ciudad que un desodorante genérico. El objetivo final es que el espacio quede no solo limpio, sino también más agradable para quienes lo recorren durante las fiestas.
El operativo no se limita a los aseos químicos. Según ha explicado el Ayuntamiento, el tratamiento también se aplicará en las calles con mayor concentración de personas y en zonas de contenedores, dos puntos especialmente sensibles cuando se acumulan residuos y actividad durante varios días seguidos. En paralelo, el Consistorio ha reforzado además la señalética horizontal con flechas de vinilo para dirigir rápidamente a los ciudadanos hacia los puntos de higiene y reducir conductas incívicas en los momentos de mayor aglomeración.
La organización del mantenimiento también está bastante detallada. A primera hora de la mañana se realizará una limpieza integral de cada aseo portátil, con vaciado de residuos, reposición del líquido sanitario y pulverización interior del producto enzimático. Durante el resto del día habrá mantenimientos complementarios, con aplicación del producto encapsulador en el interior y del odorizante en el exterior. Es decir, no se trata de una actuación puntual, sino de un sistema pensado para acompañar el uso intensivo de las instalaciones a lo largo de toda la jornada festiva.
Desde el punto de vista político, el Ayuntamiento quiere presentar esta solución como una muestra de mejora de los servicios públicos. Rebeca Pérez ha defendido que Murcia aspira a ser referente no solo por la riqueza cultural de sus fiestas, sino también por la calidad de su gestión urbana. Desde PreZero, José Manuel García Alcaraz ha insistido en la idea de mejora continua e innovación técnica aplicada al diseño de los operativos de limpieza.
También hay una lectura más amplia detrás de esta iniciativa. Las fiestas populares suelen medirse por su ambiente, su tradición o su impacto turístico, pero pocas veces se pone el foco en la logística posterior: aseos, residuos, baldeos, olores, seguridad sanitaria. Murcia está intentando convertir ese problema cotidiano en un pequeño laboratorio urbano, donde una solución biotecnológica se usa para resolver una molestia muy concreta y muy visible para vecinos y visitantes. De hecho, el operativo desplegado tras el Bando de la Huerta retiró casi 66 toneladas de residuos y movilizó a 680 operarios en turnos rotativos, una cifra que ayuda a entender la dimensión real del desafío.
La clave ahora estará en comprobar si el sistema mantiene los resultados prometidos durante toda la semana festiva. La biotecnología aplicada a la limpieza urbana no tiene el brillo de otras innovaciones más llamativas, pero responde a un problema muy tangible: que una ciudad muy concurrida siga siendo habitable, salubre y agradable cuando la celebración aprieta. En ese terreno, Murcia ha decidido probar una vía distinta. Y si funciona, puede acabar convirtiendo algo tan poco glamuroso como el olor de la calle en un buen ejemplo de innovación municipal útil.
