La inversión en startups en España ha cerrado 2025 prácticamente en el mismo punto en el que empezó. Los datos confirman una realidad incómoda: 3.225 millones de euros invertidos en 378 operaciones, apenas un 0,6% más que en 2024. La cifra evita hablar de retroceso, pero no permite celebrar una recuperación real. El mercado aguanta, sí, pero lo hace sin impulso.
El ejercicio deja una sensación de pausa prolongada. No hay desplome, como ocurrió tras el pico de 2021, pero tampoco un rebote claro. La lectura es sencilla: el capital riesgo sigue presente, pero actúa con freno de mano. Y eso se nota tanto en el tamaño de las rondas como en el perfil de las compañías financiadas.
El contexto internacional vuelve a pesar. La combinación de incertidumbre geopolítica, tensiones macroeconómicas y un clima político global más imprevisible ha reforzado la cautela inversora. El regreso de Donald Trump al centro del tablero político estadounidense ha añadido ruido a un entorno que ya venía marcado por tipos de interés altos y menor apetito por el riesgo. El resultado es un capital más selectivo y menos dispuesto a apostar a largo plazo.
A esa cautela se suma la comparación inevitable con el ciclo anterior. En 2021, el mercado vivió un momento excepcional, con valoraciones disparadas y rondas récord. Ese escenario ya no existe. Desde entonces, el sector ha entrado en una fase de ajuste que todavía no ha terminado de resolverse. Los datos lo confirman: tras los 3.422 millones de euros de 2022, la inversión cayó con fuerza en 2023 hasta 2.328 millones, para recuperarse en 2024 por encima de los 3.200 millones. 2025 consolida esa recuperación, pero no la acelera.
La estructura del mercado explica parte del estancamiento. La mayoría de las operaciones se concentra, de nuevo, en fases tempranas. Pre-semilla, semilla y series A acaparan el grueso de las rondas. Es una señal positiva en términos de creación de nuevas compañías, pero también revela una debilidad estructural: faltan rondas grandes que empujen el volumen total.
Solo 17 operaciones pueden considerarse rondas de crecimiento. Son pocas, pero clave. En ellas se juega la capacidad del ecosistema para crear empresas con ambición global. Sin ese tipo de financiación, el salto a valoraciones superiores a los 1.000 millones de euros sigue siendo una excepción más que una tendencia.
El mapa geográfico mantiene patrones conocidos. Barcelona lidera la captación de capital, con 1.374,6 millones de euros, consolidando su posición como principal polo emprendedor del país. Madrid queda por detrás este año, con 915 millones, una cifra relevante pero menor de lo habitual. A más distancia aparecen San Sebastián, con 269,4 millones, y Valencia, con 262,1 millones, mientras que Bilbao completa el top cinco con 62,3 millones.
Las grandes rondas del año se concentran en pocas compañías. Cinco startups superaron los 100 millones de euros de financiación:
- TravelPerk, con 190 millones.
- Multiverse Computing, con 189 millones.
- SpliceBio, con 119 millones.
- Factorial, con 110 millones.
- Lingokids, con 101,9 millones.
El caso de Multiverse Computing es especialmente llamativo. Una segunda ronda cerrada en marzo eleva su captación anual por encima de los 250 millones de euros, convirtiéndola en uno de los principales referentes del año y en un ejemplo de cómo la inteligencia artificial sigue siendo uno de los pocos sectores capaces de atraer grandes cheques.
En paralelo, el mercado de salidas y operaciones corporativas ha aportado algo de oxígeno. Wallapop fue adquirida por Naver por 377 millones de euros. CoverManager pasó a manos de PSG Equity por 350 millones. Uber tomó un 30% de Auro por 220 millones, y Apollo entró en el capital de TradeInn. En el ámbito de la IA, Freepik compró Magnific AI por 20 millones, una operación pequeña en volumen, pero significativa en señal.
El balance final deja un mensaje claro. La inversión resiste, incluso en un entorno adverso, y se mantiene en niveles elevados si se miran con perspectiva histórica. Pero la falta de crecimiento real evidencia un ecosistema todavía condicionado por la prudencia, la selección extrema y la ausencia de apuestas transformadoras.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante una fase de madurez o ante un bloqueo de ambición? De momento, el capital no huye, pero tampoco corre. Y en un mercado global que vuelve a moverse rápido, quedarse quieto también es una decisión.
