Google y SpaceX estudian llevar centros de datos al espacio. Según una información publicada por The Wall Street Journal, ambas compañías mantienen conversaciones para desarrollar infraestructura informática orbital destinada a tareas de inteligencia artificial. El movimiento llega en un momento en el que las grandes tecnológicas buscan nuevas fórmulas para sostener el crecimiento de la IA sin disparar todavía más el consumo energético y los costes asociados a los centros de datos tradicionales.
La operación también coincide con una etapa clave para SpaceX. La compañía de Elon Musk prepara una salida a bolsa valorada en 1,75 billones de dólares, y uno de los argumentos que estaría utilizando ante potenciales inversores es la posibilidad de convertir los centros de datos espaciales en una alternativa más barata para la computación de IA durante los próximos años.
La idea parece futurista, pero ya no se plantea solo como un experimento. Las necesidades de capacidad informática de la inteligencia artificial están creciendo a una velocidad difícil de asumir en tierra. Empresas como OpenAI, Anthropic, Google o xAI necesitan enormes cantidades de energía y refrigeración para entrenar modelos cada vez más complejos. Un único centro de datos avanzado puede consumir tanta electricidad como una pequeña ciudad.
En paralelo, SpaceX sigue ampliando su ecosistema alrededor de la IA. La semana pasada trascendió un acuerdo entre Anthropic y la compañía aeroespacial para utilizar recursos informáticos del centro de datos de xAI en Memphis, Tennessee. Ese pacto también abriría la puerta a futuras colaboraciones relacionadas con centros de datos orbitales. Conviene recordar que SpaceX adquirió xAI en febrero, reforzando todavía más la relación entre infraestructura espacial y desarrollo de inteligencia artificial.
Según el informe, Google también estaría negociando con otras empresas de lanzamiento de cohetes. El objetivo sería diversificar opciones mientras avanza en una iniciativa interna conocida como Proyecto Suncatcher, presentada a finales del año pasado. Dentro de ese plan, la compañía prevé lanzar prototipos de satélites en 2027 para probar tecnologías vinculadas a computación y procesamiento de datos en órbita.
Elon Musk lleva tiempo defendiendo públicamente esta visión. El empresario sostiene que operar centros de datos fuera de la Tierra podría reducir costes y evitar algunos de los problemas que enfrentan actualmente las instalaciones terrestres. Entre ellos, las limitaciones energéticas, la necesidad de grandes superficies y la creciente oposición vecinal en distintas zonas de Estados Unidos.
De hecho, varios proyectos de centros de datos han generado protestas por el consumo de agua, el impacto ambiental o la presión sobre las redes eléctricas locales. En estados como Virginia o Arizona, algunos desarrollos han encontrado resistencia por parte de comunidades cercanas. La posibilidad de desplazar parte de esa infraestructura al espacio elimina buena parte de esos conflictos físicos y regulatorios.
Aun así, no todos los expertos comparten el optimismo de Musk. Un reciente análisis de TechCrunch señalaba que, con la tecnología actual, los centros de datos terrestres siguen siendo mucho más baratos que los orbitales una vez se incluyen costes de construcción, transporte y lanzamiento de satélites. Poner infraestructura informática en órbita continúa siendo extremadamente caro y técnicamente complejo.
También existen dudas sobre mantenimiento, refrigeración, reparaciones o reemplazo de componentes en el espacio. ¿Qué ocurre si falla un servidor a cientos de kilómetros de la Tierra? Ese tipo de preguntas todavía no tienen respuestas claras a gran escala.
Lo que sí está confirmado es la relación financiera entre ambas compañías. Según documentos regulatorios, Google invirtió 900 millones de dólares en SpaceX en 2015, una operación que ya mostraba el interés estratégico de la tecnológica por el negocio espacial mucho antes del auge actual de la inteligencia artificial.
Ahora, con la IA disparando la demanda de capacidad computacional y con SpaceX buscando nuevas áreas de crecimiento, la idea de los centros de datos orbitales vuelve a ganar fuerza. Puede parecer ciencia ficción, pero las grandes tecnológicas llevan meses buscando soluciones fuera de los modelos tradicionales. Y esta vez, literalmente, fuera del planeta.
