La pizza napolitana —con su borde aireado, masa fina y productos italianos— vive un auge en España. Tras la pandemia, locales como Grosso Napoletano o pequeñas pizzerías independientes llenan sus mesas cada semana. Entre ellas, destaca Il Figlio di Emiliano, en Sabadell, donde Eric Ayala, conocido en redes como @ericayalapizzaiolo, ha convertido su pasión en un negocio de éxito gracias a la creator economy.
El pizzero que convirtió su comunidad en clientes
Ayala comenzó a hacer pizza en casa durante la pandemia. Su obsesión lo llevó a formarse en Nápoles y documentar todo el proceso en redes, desde sus viajes hasta la apertura del restaurante en 2023. Hoy el local produce unas 8.000 pizzas al mes y, según algunos medios, factura entre 120.000 y 140.000 euros mensuales.
Además de cocinar, Ayala ha trasladado su marca personal al negocio: produce su propia mozzarella y ricota en un pequeño caseificio, y comparte el día a día de su obrador en redes, donde combina transparencia y pedagogía con un tono cercano que fideliza a su audiencia.
La fórmula: comunidad, producto y autenticidad
Su modelo demuestra que la economía del creador puede aplicarse con éxito a la gastronomía. Ayala:
- Construyó una comunidad digital sólida antes de abrir el local.
- Apostó por ingredientes italianos auténticos y procesos tradicionales.
- Convirtió su contenido en motor de marketing y canal de venta directa.
El resultado: un negocio rentable, una comunidad fiel y una marca que crece más allá de la pizzería, con planes de ampliar hacia charcutería y producción de lácteos artesanales.
Oportunidades y desafíos para el sector
El auge de la pizza napolitana en España refleja una tendencia clara: el consumidor busca autenticidad y conexión emocional con las marcas. Pero el modelo tiene retos —costes de importación, competencia creciente y necesidad de mantener la calidad con alta demanda— que pondrán a prueba la sostenibilidad de estos proyectos.
Eric Ayala encarna una nueva generación de emprendedores gastronómicos que entienden que cocinar bien ya no basta: hay que saber contar la historia. Y, cuando la historia conecta, hasta una pizza puede convertirse en fenómeno cultural.
Ya hemos visto como la creator economy se abre país en nuestro país a pasos agigantados. El equipo de fútbol de Ibai Llanos, los drops de moda de Nil Ojeda o el restaurante en Andorra de JDalmau son más ejemplos de creadores que se pasan al mundo de los negocios para rentabilizar a su audiencia más allá de la publicidad de Youtube o las colaboraciones con marcas.
