Jeff Bezos ha defendido una lectura optimista sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral. Durante su intervención en VivaTech, en París, el fundador de Amazon y Blue Origin sostuvo que la IA no tiene por qué desembocar en una sustitución masiva de trabajadores. Su planteamiento va en otra dirección: la tecnología puede abrir tantos frentes nuevos que acabe generando más necesidad de talento humano.
El mensaje llega en un momento delicado. La automatización se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de empresas, empleados y gobiernos. Varias compañías tecnológicas han reducido plantilla después de acelerar sus inversiones en inteligencia artificial, lo que alimenta la percepción de que la IA ya está cambiando el equilibrio del empleo.
En Estados Unidos, los empleadores anunciaron 97.006 despidos en mayo, con la inteligencia artificial vinculada al 40% de esos ajustes, según datos de Challenger, Gray & Christmas. La inquietud también aparece en las encuestas: un sondeo de Reuters/Ipsos señaló este mes que cerca de la mitad de los estadounidenses teme que esta tecnología pueda dejar sin trabajo a ellos mismos o a alguien de su hogar.
Bezos defiende que la IA puede crear más trabajo del que elimina
Bezos se apartó de las previsiones más negativas. Su argumento parte de la idea de que la humanidad tiene más problemas pendientes de los que puede resolver con los recursos actuales. Falta tiempo, capacidad técnica, financiación o personas suficientes para llevar determinados proyectos a la práctica.
La inteligencia artificial, según su visión, puede reducir parte de esas barreras. No solo automatizaría tareas existentes, sino que también permitiría detectar nuevos retos, acelerar procesos complejos y hacer viables proyectos que hasta ahora quedaban fuera del alcance de muchas organizaciones.
¿Y si el problema no fuera que sobra gente, sino que faltan manos para todo lo que vendrá después? Esa es la lectura que defendió Bezos. Bajo ese enfoque, el mercado podría enfrentarse a una escasez de mano de obra si la IA amplía el número de trabajos posibles y multiplica las áreas en las que las empresas pueden actuar.
La tesis contrasta con algunos movimientos recientes de Amazon. La compañía ha eliminado alrededor de 30.000 puestos corporativos desde finales del año pasado, en parte por mejoras de eficiencia asociadas a la inteligencia artificial. Ese dato refleja la tensión de fondo: la IA puede crear oportunidades, pero también está acelerando ajustes internos en grandes corporaciones.
Prometheus, la nueva apuesta de Bezos en inteligencia artificial
Bezos también aprovechó su intervención para hablar de Prometheus, su nueva startup de inteligencia artificial. La empresa no se presenta como un competidor centrado en modelos de lenguaje generalistas, sino como una apuesta orientada a la fabricación física y a la ingeniería.
Ese enfoque sitúa a Prometheus en un terreno clave para la próxima fase de la IA: llevar la automatización avanzada fuera de la pantalla y aplicarla a procesos industriales. En lugar de limitarse a generar texto, código o imágenes, el objetivo pasa por acelerar tareas vinculadas al diseño, la producción y la resolución de problemas técnicos.
Blue Origin y la industria fuera de la Tierra
El otro gran eje del discurso fue el espacio. A través de Blue Origin, Bezos defendió la posibilidad de trasladar parte de la industria contaminante fuera de la Tierra si los viajes espaciales logran ser más fiables y baratos.
Su visión incluye utilizar materiales procedentes de asteroides, objetos cercanos a la Tierra y la Luna para fabricar en el espacio componentes como células solares o procesadores. La idea encaja con una ambición de largo plazo: convertir la infraestructura espacial en una extensión real de la economía industrial.
Pero el camino no está despejado. Blue Origin afronta todavía importantes retos técnicos. Tras la explosión vinculada al cohete New Glenn en mayo, la compañía ya ha comenzado la reconstrucción de su plataforma de lanzamiento en Florida.
Bezos conectó así dos debates centrales para la economía digital: el futuro del empleo con inteligencia artificial y el papel del espacio como próxima frontera industrial. En ambos casos, su mensaje apunta a una misma dirección: la tecnología no solo sustituye procesos, también puede abrir mercados que todavía no existen.
