La Comisión Europea prepara una revisión profunda del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) con el fin de aliviar las restricciones que —según el sector— limitan el avance de la inteligencia artificial en Europa. El paquete, conocido internamente como “digital omnibus”, se presentará a finales de noviembre e incluirá cambios en el tratamiento de datos personales y en la normativa sobre seguimiento digital.
Según documentos filtrados por POLITICO, la Comisión estudia permitir el uso de datos sensibles —como salud, religión u orientación política— para entrenar modelos de IA, siempre bajo ciertas condiciones. También planea redefinir qué se considera dato personal, de modo que los datos pseudonimizados no estén sujetos automáticamente al RGPD. Otro punto sería simplificar la gestión de cookies y rastreadores, dando más margen a webs y apps para recopilar información sin consentimiento explícito en todos los casos.
Modificar el RGPD es un paso delicado. La norma, vigente desde 2018, se convirtió en un símbolo global de la protección de la privacidad. Sus arquitectos, como Jan Philipp Albrecht, advierten que los cambios “podrían erosionar la base misma del modelo europeo”. El activista Max Schrems acusó a la Comisión de “saltarse las reglas de buena legislación”.
El debate divide a Europa. Francia, Austria, Estonia y Eslovenia rechazan reabrir el reglamento, mientras Alemania apoya flexibilizarlo para impulsar la IA. En el Parlamento, las posiciones también se enfrentan: mientras la eurodiputada verde Markéta Gregorová pide anteponer los derechos fundamentales, la popular Aura Salla cree que la reforma podría aportar “seguridad jurídica” al ecosistema tecnológico europeo.
El Ejecutivo comunitario presentará la propuesta el 19 de noviembre, antes de su negociación con los Estados miembros y el Parlamento. Si se aprueba, sería la primera revisión del RGPD desde su entrada en vigor y un giro decisivo en el equilibrio entre privacidad y competitividad tecnológica dentro de la Unión Europea.
Por fin se plantea solucionar un problema que estaba creando dos grupos de países, los que avanzan en el terreno de la IA como EE. UU. y China, y los que se están quedando rezagados como Europa. Proyectos lanzados fuera del viejo continente, aplicaciones prohibidas o teléfonos limitados son algunos de los escenario que se viven hoy en día y que parece que, por fin, Europa quiere cambiar.
