Ÿnsect: por qué la startup de insectos que levantó 600 millones acabó en liquidación

Durante casi una década, Ÿnsect fue presentada como una de las grandes esperanzas europeas de la proteína alternativa. Una startup francesa capaz de atraer capital público y privado, fondos climáticos y apoyos mediáticos internacionales con una idea potente: criar insectos a escala industrial para alimentar animales y reducir la huella ambiental del sistema alimentario. Hoy, el proyecto ha terminado en liquidación judicial, tras haber levantado más de 600 millones de dólares y sin lograr un modelo económico sostenible.

El final no llegó de golpe. Fue un desgaste lento, marcado por una distancia creciente entre el relato y los números. Mientras la compañía acumulaba titulares y reconocimientos, su facturación real nunca despegó. En su mejor año, 2021, ingresó unos 17,8 millones de euros, una cifra modesta para una empresa que ya operaba con una estructura industrial pesada y un consumo de capital elevado.

Uno de los errores más repetidos al analizar el caso es atribuir el fracaso al rechazo cultural a comer insectos. No fue así. La alimentación humana nunca fue el corazón del negocio. Ÿnsect apostó principalmente por la proteína para alimentación animal y de mascotas, mercados donde el precio manda y los márgenes son estrechos. Ahí, la sostenibilidad importa, pero no lo suficiente como para pagar sobrecostes significativos.

Esa falta de foco estratégico se mantuvo durante años. En 2021, la empresa adquirió Protifarm, una compañía holandesa especializada en insectos para consumo humano. La propia dirección admitió entonces que ese segmento apenas representaría entre un 10% y un 15% de los ingresos futuros. La operación no resolvió el problema principal y añadió complejidad operativa a un negocio que ya necesitaba simplificarse.

El choque con la realidad llegó en la planta industrial. Ÿnsect apostó pronto por Ÿnfarm, una megainstalación en el norte de Francia diseñada para producir insectos a gran escala. Era una infraestructura pensada para un volumen que aún no existía. Antes de demostrar que la unidad económica funcionaba, la empresa ya había comprometido cientos de millones en hormigón, automatización y costes fijos.

El modelo tenía un problema estructural. Criar insectos de forma industrial no resultó más barato que las alternativas tradicionales. La compañía utilizaba subproductos agrícolas como alimento para los insectos, materiales que ya tenían salida en el mercado del pienso. Lejos de abaratar el proceso, eso encarecía la cadena. En un sector donde cada céntimo cuenta, la ecuación nunca cerró.

Mientras tanto, las pérdidas crecían. En 2023, las pérdidas netas rondaban los 80 millones de euros. Aun así, Ÿnsect siguió captando financiación gracias a un discurso perfectamente alineado con los grandes temas del momento: economía circular, reducción de emisiones, soberanía alimentaria. El respaldo público y el capital de impacto ayudaron a prolongar la vida del proyecto más allá de lo que los ingresos permitían.

La corrección llegó tarde. En 2023, la empresa intentó centrarse con más claridad en la alimentación para mascotas, un mercado con mayor tolerancia al precio y más valor de marca. Para entonces, la estructura ya era demasiado grande. Hubo cambios en la dirección, cierres parciales y recortes de plantilla, pero el peso de la inversión inicial hacía inviable un ajuste gradual.

Finalmente, la liquidación judicial puso fin al proyecto. Los responsables de la compañía han señalado que la tecnología y el conocimiento desarrollados podrían ser reutilizados por terceros. Es posible. La ingeniería y los procesos existen. Lo que no funcionó fue el encaje entre ambición industrial, tiempos de mercado y realidad económica.

El caso de Ÿnsect no significa que la proteína de insectos sea una vía muerta. Otras empresas europeas siguen operando con modelos más pequeños, escalando paso a paso y con expectativas más realistas. Lo que sí deja es una lección conocida, pero a menudo ignorada en el ecosistema tecnológico: levantar mucho capital no sustituye a validar el modelo de negocio.

En un contexto donde la inversión verde busca grandes historias de transformación, Ÿnsect se convirtió en un ejemplo de cómo la narrativa puede adelantarse demasiado a los fundamentos. La sostenibilidad no elimina las leyes básicas de la economía. Y cuando eso se olvida, ni 600 millones de dólares bastan para sostener una startup.

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