Las palomas han sido mensajeras desde la Antigüedad y jugaron un papel relevante en conflictos como la Primera Guerra Mundial, cuando el ejército estadounidense creó el United States Army Pigeon Service para garantizar comunicaciones tácticas. Hoy, una empresa rusa quiere dar un paso más allá. La startup Neiry afirma haber implantado interfaces neuronales en palomas para influir en su orientación en vuelo.
Según la compañía, el sistema consiste en implantar electrodos en el cerebro del animal, conectados a un pequeño estimulador colocado en la cabeza. La tecnología aplicaría impulsos leves en determinadas regiones cerebrales para inducir una preferencia hacia una dirección concreta. La paloma, aseguran, mantiene su comportamiento natural, pero su ruta puede ser modulada.
El consejero delegado de Neiry, Alexander Panov, sostiene que estas aves pueden operar en entornos complejos donde los drones tradicionales encuentran limitaciones. Por ejemplo, zonas urbanas con restricciones aéreas o áreas remotas donde el acceso técnico es complicado. En declaraciones recogidas por Bloomberg, la empresa plantea el uso de “portadores biológicos” cuando los vehículos no tripulados no resultan viables por alcance, peso o normativa.
En las pruebas difundidas por la compañía, las palomas llevaban una pequeña mochila con el controlador, paneles solares y una cámara. Es decir, no solo se trataría de guiar el vuelo, sino también de captar imágenes u otros datos durante el trayecto. El sistema completo se integra sobre el cuerpo del animal sin impedir, según la empresa, su capacidad natural de desplazamiento.
Uno de los argumentos que esgrime Neiry frente a los drones convencionales es la autonomía. Una paloma puede recorrer hasta 400 kilómetros al día sin necesidad de recarga eléctrica. No depende de baterías ni de estaciones de aterrizaje. En entornos donde un dron necesita volver a tierra cada pocas horas, el ave seguiría volando.
La empresa señala que las palomas serían solo el primer paso. Según la información publicada, podrían emplearse otras especies en función del entorno o de la carga que deban transportar. Bloomberg también menciona proyectos paralelos de implantación neuronal en vacas dentro de iniciativas denominadas NeuroFarming, orientadas a incrementar la producción de leche.
En cuanto a aplicaciones prácticas, Neiry menciona varios ámbitos:
- Inspección de infraestructuras.
- Búsqueda y rescate.
- Observación costera y ambiental.
- Monitorización de zonas remotas en países como Brasil o India.
La compañía afirma que no tiene planes de utilizar estas aves con fines militares. No obstante, el simple hecho de poder dirigir parcialmente a un animal mediante estimulación cerebral abre interrogantes sobre usos futuros.
La iniciativa ha generado debate ético. Neiry no ha presentado revisiones independientes que avalen públicamente su tecnología. Según Gizmodo, tras la cirugía de implantación el riesgo para la supervivencia del animal sería bajo, aunque no se han difundido estudios detallados. Especialistas en bioética cuestionan las implicaciones de alterar el comportamiento animal con dispositivos neuronales.
La profesora de Derecho en la Universidad de Duke, Nita Farahany, ha criticado este tipo de prácticas y ha señalado que utilizar implantes neuronales para controlar o manipular a una especie plantea problemas morales profundos. El debate no es solo técnico. Es también social.
