En la planta de pediatría del Hospital Universitario Fundación Alcorcón ha aparecido estos días un visitante poco común. Se llama R2-KT, es un robot inspirado en la saga Star Wars y su misión no es médica, sino emocional: acompañar a los niños hospitalizados durante su estancia.
El robot ha recorrido las habitaciones de los menores ingresados en el hospital madrileño. Se mueve por los pasillos, emite sonidos y saluda a los pacientes. El objetivo es simple: romper por unos minutos la rutina hospitalaria y ofrecer un momento de distracción a quienes pasan días o semanas ingresados.
La iniciativa forma parte de las actividades que impulsa The Pink Force Foundation, una organización sin ánimo de lucro que desarrolla proyectos de acompañamiento para menores hospitalizados. La entidad busca que el paso por el hospital sea menos duro desde el punto de vista emocional.
Para muchos niños, el ingreso supone cambios bruscos en su día a día. De un momento a otro pasan de ir al colegio y jugar con sus amigos a permanecer en una habitación hospitalaria rodeados de pruebas médicas. En ese contexto, una visita inesperada puede marcar la diferencia.
Eso es lo que pretende el robot R2-KT.
El proyecto tiene además un origen personal. Según explicó el presidente de la fundación, Andoni Serrano, la idea nació a partir del caso de una niña estadounidense con un tumor cerebral.
“El robot es igual que R2-D2 pero rosa porque se creó para una niña que tenía un tumor y su padre, que era amigo de George Lucas, creó la Legión 501 y este robot para ella”, explicó Serrano durante una entrevista en Cadena SER.
A partir de aquel primer robot, la iniciativa fue creciendo con el paso de los años. Actualmente existen más de 40 robots similares repartidos por distintos países, que participan en visitas a hospitales y en actividades con menores enfermos.
El robot que ha visitado el hospital de Alcorcón mantiene el diseño del conocido droide de la saga cinematográfica, pero con un rasgo distintivo: su característico color rosa.
La llegada de R2-KT al centro hospitalario ha sido posible gracias a la colaboración de profesionales sanitarios implicados en el proyecto. Entre ellos está María Martínez, médica y voluntaria de la fundación.
Martínez conoció la iniciativa cuando se presentó en la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ámbito sanitario, la propuesta despertó interés por el efecto que podía tener en los menores ingresados.
“Yo conocí el proyecto porque fueron a la Universidad Rey Juan Carlos y nosotros, desde el ámbito de la salud, dijimos que, con el potencial que tiene el robot y el proyecto, era una oportunidad increíble para hacer una colaboración y llevarlo al hospital”, explicó.
La reacción de los niños suele ser inmediata. Según la propia médica, el momento más significativo se produce justo cuando el robot aparece en la habitación.
“Lo primero que hacen los niños es sonreír y nosotros nos quedamos con esto”, señaló.
En el Hospital Universitario Fundación Alcorcón, estas visitas se integran dentro de un programa más amplio para mejorar la experiencia de los pacientes pediátricos. A lo largo del año, la planta infantil organiza distintas actividades pensadas para hacer más llevadera la hospitalización.
Entre ellas se incluyen colaboraciones con entidades sociales, ONG y organizaciones como Cruz Roja, que participan en iniciativas de apoyo y acompañamiento.
La jefa del servicio de pediatría del hospital, Mercedes Bueno, subraya que estas actividades influyen en cómo los menores recuerdan su paso por el hospital.
“El hecho de que puedan vivir el hospital como un lugar de juego o donde pueden encontrar cosas distintas a las que encuentran en la calle, hacen que el recuerdo de su estancia no sea tan doloroso para ellos”, explicó.
Para un niño ingresado, incluso pequeños cambios en la rutina pueden tener un efecto importante. Un robot que entra en la habitación, saluda y recorre el pasillo puede convertirse en un momento inesperado dentro de un día lleno de pruebas médicas.
No cura enfermedades. Pero durante unos minutos consigue algo igual de valioso en ese contexto: distraer, sorprender y provocar una sonrisa.
La iniciativa de The Pink Force Foundation continúa extendiéndose a distintos hospitales. El objetivo sigue siendo el mismo que inspiró el primer robot: acompañar a los menores hospitalizados y ofrecerles, aunque sea por un instante, una experiencia diferente dentro del entorno hospitalario.
