Uber cerró 2024 en España con dos realidades que apenas se tocan entre sí. Por un lado, la movilidad urbana empieza a dejar beneficios. Por otro, el reparto a domicilio sigue siendo un pozo de pérdidas. La diferencia no está solo en los números, sino en el modelo, la fiscalidad y, sobre todo, en el conflicto laboral que rodea a los repartidores.
Las últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil dibujan con claridad ese contraste. Uber Systems Spain, la filial que agrupa la actividad vinculada al transporte con VTC, obtuvo un beneficio después de impuestos de 3 millones de euros. Es un salto relevante frente al ejercicio anterior y confirma que esta parte del negocio ha encontrado cierta estabilidad.
Ese avance también se refleja en el balance. El patrimonio neto de Uber Systems se duplicó en un año, hasta 5,6 millones de euros. Un dato que, sin grandes alardes, muestra una filial saneada, con costes contenidos y sin grandes sobresaltos regulatorios en el corto plazo.
La imagen cambia de forma radical al pasar al delivery. Portier Eats, la sociedad que gestiona Uber Eats en España, cerró 2024 con pérdidas de 28,2 millones de euros, casi diez veces más que el año anterior. No es una caída puntual ni un ajuste contable menor. Es el reflejo de un problema estructural que la compañía arrastra desde hace años.
El principal factor está identificado. Las cuentas recogen fuertes provisiones para hacer frente a posibles sanciones por la presunta utilización de repartidores autónomos. Esas previsiones han terminado por erosionar por completo la situación patrimonial de la empresa.
El contraste entre ambas filiales es tan marcado que se aprecia incluso en el patrimonio neto. Mientras Uber Systems presenta cifras positivas, Portier Eats acumula un patrimonio negativo de 142 millones de euros, un 20% más que un año antes. En condiciones normales, esa situación podría llevar a una disolución. No ocurrirá porque la matriz del grupo se ha comprometido a sostener financieramente la sociedad.
También hay diferencias claras en la forma de facturar. Uber Systems Spain ingresó 27,3 millones de euros en 2024, un 17,3% más que el año anterior. El aumento no se debe a más viajes ni a mayor uso de la app en España, sino al crecimiento de los servicios internos de promoción y marketing prestados a otras empresas del grupo.
La clave está en dónde se registra el negocio real. Uber no factura en España los ingresos generados directamente por los trayectos. Esa facturación se canaliza a través de Uber International Holding B.V., con sede en Países Bajos, aunque la matriz última es Uber Technologies, en Estados Unidos. En ese esquema, la filial española declaró un resultado bruto de 3,3 millones de euros y pagó cerca de 349.000 euros en Impuesto sobre Sociedades.
En el reparto ocurre justo lo contrario. Uber Eats sí declara en España toda su actividad. En 2024, Portier Eats alcanzó una facturación neta de 136 millones de euros, un 36% más que el año anterior. El negocio crece, los pedidos aumentan, pero el resultado sigue siendo negativo.
La explicación vuelve a estar en el frente laboral. La compañía acumula 51 expedientes abiertos por la Inspección de Trabajo, a los que se suman otros diez vinculados a Uber Systems. Estos procedimientos se reactivaron tras la decisión de la empresa de volver en 2022 al uso de repartidores autónomos.
Para cubrir ese riesgo, Portier Eats ha provisionado cerca de 172 millones de euros y ha constituido avales por 130 millones, formalizados con Deutsche Bank. Son cifras que pesan como una losa sobre las cuentas y limitan cualquier mejora a corto plazo.
El conflicto está lejos de cerrarse. El Ministerio de Trabajo mantiene una macroinspección en 21 provincias y estudia incluso la apertura de la vía penal. Si llegan nuevas sanciones, el impacto financiero podría ser aún mayor. ¿Puede un negocio crecer en ventas y hundirse en resultados al mismo tiempo? En el caso de Uber Eats en España, la respuesta ya está sobre la mesa.
Así, Uber avanza y retrocede a la vez. Gana dinero moviendo personas, pero pierde millones repartiendo comida. Dos actividades bajo la misma marca, dos balances opuestos y una incógnita clara: cuánto tiempo podrá sostener el grupo un negocio que factura más cada año, pero sigue sin encontrar la salida a su mayor problema.
