Siete años gestionando equipos comerciales le dieron algo que el mercado tardó en ver: olfato. No tenía tiempo para aprender la parte técnica de la inteligencia artificial, pero supo que no podía dejarla pasar. Su jugada —entenderla, delegarla y venderla— acabó gestionando j unto a la agencia pionera iaFunnel Labs (España y Dubái) 1,2 millones de dólares en 2025.
Hay una frase que Tito Luzardo repite tanto que su equipo ya la termina por él: «Puedes tener el mejor producto del mundo, pero si no hay alguien que sepa vender y que tenga la mentalidad correcta, no consigues nada.» La ha dicho en oficinas de Madrid, en llamadas de madrugada con clientes de Bogotá y delante de equipos comerciales que llegaban quemados y se iban convencidos de que sí se podía.
Porque eso es lo que ha hecho durante los últimos siete años: entrar en empresas, mirar a sus equipos de ventas y reconstruirles la cabeza antes que el guion. No es un gurú de los de pizarra y promesa fácil. Es alguien que se ha sentado al lado del comercial que no cerraba, ha revisado sus llamadas una por una y le ha enseñado que el problema casi nunca era el cliente, sino la mentalidad con la que descolgaba el teléfono.
El muro que vio antes que los demás
Gestionando decenas de equipos comerciales, Tito empezó a ver el mismo patrón en todas partes. No era un problema de talento ni de esfuerzo. Era de velocidad. Los leads entraban a centenares, las consultas se acumulaban de noche y los fines de semana, y por muy bueno que fuera el equipo, era humanamente imposible responder a todos a tiempo. Y en ventas, el que responde tarde, pierde.
«Me di cuenta de que estábamos perdiendo dinero todos los días, pero no por culpa del equipo», cuenta. «El equipo daba el máximo. Lo que faltaba era una capa por debajo que no durmiera nunca.»
Esa capa era la inteligencia artificial. Y aquí jugó a favor su oficio: precisamente por venir de los equipos comerciales, Tito fue de los primeros en ver dónde golpeaba esta tecnología. Primero, en lo suyo —los procesos de venta: una IA que responde al instante y no deja escapar a ningún lead mejora los números de cualquier empresa. Y de ahí, en casi todo lo demás —atención, seguimiento, soporte, operaciones—. En cada sitio donde una empresa pierde tiempo y dinero, la IA podía ayudarla a vender más y a perderlo mucho menos.
Vio la oportunidad con una claridad incómoda. El problema era evidente: no tenía tiempo para aprender la parte técnica. Pero tenía algo aún más claro —no podía dejarla pasar. Así que tomó la decisión que define toda su forma de pensar: no comerse la cabeza intentando convertirse en ingeniero. Entendería la IA lo justo para saber qué resolvía, a quién y por cuánto valía, y delegaría la ejecución en quien de verdad supiera construirla. Era, otra vez, lo mismo que llevaba siete años predicando: no lo hagas todo tú, rodéate de los mejores y quédate con la parte donde eres imbatible.
La alianza
Dicho y hecho. Delegó toda la parte técnica en agencias especializadas y se asoció con iaFunnelabs, la agencia pionera en implementación de inteligencia artificial en España y Dubái, dirigida por su CEO Carlos Rodan. El reparto era limpio: ellos montaban los agentes de IA que respondían a cada lead de forma automática, a cualquier hora; Tito ponía lo que domina como nadie —la máquina comercial, el cierre y la mentalidad del equipo que estaba detrás.
La mezcla funcionó desde el primer mes. Agentes de IA contestando al instante por delante, sistemas de venta afinados por detrás. La apuesta conjunta cerró 2025 con 1,2 millones de dólares facturados —y, más importante que la cifra, con algo que se podía repetir: un sistema, no un golpe de suerte. De ahí se desarrolló todo lo que vino después.
«Jamás había conocido a alguien que gestionara un equipo de ventas como Tito», admite Carlos Rodán, CEO de IAFunneLabs. «Te das cuenta de que todo está en la mentalidad. Por muy buenos que sean tus equipos, si no tienes a un coach que sea una máquina en ventas y en cabeza, no consigues nada. Nosotros poníamos la IA; él la convertía en facturación.»
El pionero de un modelo que casi nadie había nombrado
Lo que Tito construyó tiene nombre: drop servicing con inteligencia artificial. Un nuevo modelo de negocio que abre las puertas a cualquier persona, sin tener que tener grandes estudios, ni estar meses intentandolo. El concepto es fácil de explicar y facil de ejecutar pero pocos conocen que se puede hacer…y ahí está su mérito—. Se vende un servicio de IA, un equipo técnico lo entrega, y el que vende se queda con un margen alto. Sin programar. Sin ser ingeniero. Sin estar meses aprendiendo…
«La gente cree que para ganar con IA hay que ser técnico», dice. «Es justo al revés. Los que están ganando dinero con esto no son los que más saben de tecnología, son los que la entienden, saben venderla y delegan la parte difícil. Yo soy la prueba: no escribí ni una sola línea de código y montamos un negocio de siete cifras.»
Es, en el fondo, la misma idea que lleva repitiendo toda su carrera, ahora aplicada a la herramienta más potente que ha visto pasar. Durante siete años convenció a comerciales de que su techo estaba en la cabeza y no en el mercado. Hoy lo demuestra con su propio nombre, posicionado como uno de los primeros en convertir la inteligencia artificial en una verdadera máquina de ventas para las empresas.
«No hacía falta saber de IA», resume. «Hacía falta entender qué cambiaba y tener la cabeza fría para no perder el tren. Lo demás, lo construyes.»
