Tesla cerró 2025 con una señal que hasta hace poco parecía impensable. Segundo año consecutivo de descenso en ventas y pérdida del liderazgo mundial del coche eléctrico, ahora en manos de la china BYD. El fabricante estadounidense entregó 1,63 millones de vehículos, un 9% menos que en 2024, cuando había alcanzado los 1,79 millones, según los datos comunicados por la propia Tesla.
El golpe fue especialmente visible en el último tramo del año. En el cuarto trimestre, las entregas cayeron un 15,6% interanual, hasta las 418.227 unidades, una cifra muy por debajo de lo que esperaba el mercado. La reacción no se hizo esperar: tras el festivo de Año Nuevo, la acción abrió con descensos superiores al 2%. No fue un susto puntual. Fue la confirmación de una tendencia.
Un negocio cada vez más dependiente de dos modelos
El desglose de ventas deja poco margen a la interpretación. Model 3 y Model Y siguen sosteniendo casi todo el volumen. El resto de la gama apenas aporta tracción. En 2025, solo 50.850 unidades correspondieron a “otros modelos”, una categoría que agrupa al Cybertruck y a los ya veteranos Model S y Model X.
El Cybertruck, llamado a ser un revulsivo, todavía no ha compensado el desgaste del catálogo. En la práctica, Tesla sigue jugando con dos cartas mientras el mercado se llena de alternativas nuevas, más baratas y, en muchos casos, adaptadas a cada región.
Europa y China, los frentes más erosionados
La pérdida de liderazgo no se explica por un único factor. Europa y China han sido los mercados donde Tesla ha cedido más terreno. En ambos casos, la presión de los fabricantes locales, especialmente chinos, ha sido constante. BYD cerró 2025 con 2,26 millones de vehículos eléctricos entregados, una cifra que la sitúa como nuevo referente global del sector.
En China, el precio manda. Y ahí Tesla ha tenido dificultades para competir frente a marcas capaces de ajustar márgenes y lanzar modelos con ciclos de renovación más rápidos. En Europa, el problema ha sido doble: más competencia y un consumidor cada vez más sensible al precio en un entorno económico menos favorable.
Estados Unidos aguanta, pero sin red de seguridad
En su mercado doméstico, donde los fabricantes chinos no pueden vender, Tesla tampoco lo ha tenido fácil. El factor decisivo fue la eliminación del crédito fiscal federal de 7.500 dólares para la compra de vehículos eléctricos. Antes de que desapareciera el incentivo, la compañía vivió un espejismo.
En el tercer trimestre de 2025, Tesla firmó 497.099 entregas, un 29% más que en el trimestre anterior. Muchos compradores adelantaron su decisión para aprovechar la ayuda. El efecto fue inmediato… y efímero. Una vez eliminado el incentivo, las ventas retrocedieron pese a descuentos, financiación agresiva y campañas comerciales.
La narrativa de Musk cambia, el negocio no tanto
Este contexto coincide con un giro estratégico impulsado por Elon Musk, que lleva meses tratando de desplazar el foco de Tesla hacia la inteligencia artificial, la robótica y los sistemas autónomos. La idea es clara: presentar la compañía como un ecosistema tecnológico más amplio que un fabricante de coches.
Sobre el papel, la visión es ambiciosa. En la práctica, el coche eléctrico sigue pagando la mayor parte de la factura. En el tercer trimestre, Tesla facturó 28.000 millones de dólares, de los que 21.200 millones procedieron directamente de la venta de vehículos. La dependencia sigue ahí.
Un mercado que ya no espera a Tesla
El mayor cambio no está solo en las cifras, sino en el contexto. El mercado eléctrico global ha dejado de girar alrededor de un único actor. Hoy es más fragmentado, más competitivo y más sensible al precio. Fabricantes chinos lanzan modelos cada pocos meses. Marcas tradicionales europeas ajustan su oferta. Y los incentivos públicos ya no garantizan demanda automática.
Para Tesla, el reto es evidente. Recuperar volumen sin sacrificar márgenes, renovar una gama envejecida y demostrar que su apuesta tecnológica puede traducirse en ventas reales, no solo en promesas.
2026, año decisivo
El ejercicio 2026 será clave. No tanto por la posibilidad de volver al liderazgo inmediato, sino por algo más básico: frenar la pérdida de tracción en su negocio principal. Si las entregas siguen cayendo, la narrativa de la inteligencia artificial difícilmente compensará la realidad de los concesionarios.
Tesla ya no compite sola. Y el mercado, por primera vez en años, ha dejado claro que también sabe avanzar sin ella.
