SpaceX ha presentado sus primeros resultados trimestrales desde su salida a bolsa con un mensaje que cambia la lectura tradicional de la compañía. Sus ingresos del segundo trimestre crecieron un 92%, desde 4.000 millones de dólares en 2025 hasta 7.800 millones en 2026, impulsados por Starlink y por acuerdos para alquilar capacidad de computación a Anthropic y Google. La empresa todavía perdió 541 millones en el periodo, pero redujo la pérdida frente a los 1.000 millones registrados un año antes.
La sorpresa está en la división de IA. Según la información publicada por TechCrunch a partir de la llamada de resultados, casi 2.000 millones del crecimiento procedieron de esa unidad, mientras Starlink añadió otros 1.700 millones. SpaceX empieza a comportarse como una compañía híbrida: cohetes, conectividad satelital, centros de datos y servicios de cómputo para laboratorios de IA.
La operación tiene una lógica industrial. La antigua xAI fue integrada en SpaceX y la empresa ya había construido centros de datos en Tennessee para entrenar modelos propios. Al quedarse por detrás de los laboratorios líderes, parte de esa capacidad se ha redirigido a clientes externos con demanda urgente de GPU, energía y espacio de datos. Anthropic y Google aparecen como compradores de esa capacidad.
El director financiero, Bret Johnsen, afirmó que SpaceX tiene 6.700 millones de dólares adicionales en ingresos de servicios cloud bajo contrato para un periodo de seis meses que empezará a acelerarse en octubre. Elon Musk elevó el tono al decir que un ritmo anualizado de 100.000 millones de dólares en diciembre no era una incógnita. Esa previsión debe leerse con cautela, pero indica cómo la compañía quiere que el mercado valore su nueva mezcla de negocios.
La infraestructura de IA se está convirtiendo en una clase de activo tan estratégica como la red de satélites o la capacidad de lanzamiento. Quien controla energía, ubicaciones, chips, refrigeración y clientes ancla puede capturar una parte relevante del crecimiento de la inteligencia artificial sin vender directamente un chatbot.
El vínculo con Tesla también aparece en la energía. SpaceX compró 329 millones de dólares en Megapacks de Tesla en lo que va de año, probablemente para apoyar centros de datos con necesidades de potencia variables. Las cargas de IA no consumen electricidad de forma plana. Pueden generar picos que conviene suavizar con baterías para reducir costes y mejorar estabilidad.
Para empresas europeas y españolas, la noticia ofrece una lectura de mercado. La IA empresarial no depende solo de modelos y licencias. Depende de capacidad física, contratos energéticos, disponibilidad de memoria, redes y concentración de proveedores. Si el cómputo se convierte en cuello de botella, los precios, plazos y condiciones de acceso afectarán a toda la economía digital.
El riesgo para SpaceX está en que esta expansión aumenta exposición a negocios intensivos en capital, energía y escrutinio regulatorio. La empresa ya combina satélites, telecomunicaciones, defensa, datos e IA. Esa integración puede generar ventajas, pero también preguntas sobre competencia, seguridad y dependencia de infraestructuras privadas.
El cambio es relevante porque rompe una imagen simple de SpaceX como compañía espacial. El negocio de lanzamiento sigue siendo central, pero la batalla por conectividad y computación puede pesar cada vez más en su valoración. En la práctica, SpaceX está intentando convertir infraestructura física extrema en plataforma para la economía de IA. Si lo consigue, sus competidores no serán solo otras empresas espaciales, sino nubes, telecos y operadores energéticos.
