Zara ha comenzado a servir café en vasos comestibles dentro de algunas de sus cafeterías. La pieza no es suya: llega de Cookiecup, una startup española que diseña envases hechos de galleta como alternativa a los recipientes desechables. El vaso mantiene la bebida caliente y, cuando se termina, puede literalmente comerse.
Un desarrollo a base de prueba, error… y horno
Cookiecup nació con recursos mínimos, sin rondas de inversión y con un enfoque casi artesanal. Durante meses, el equipo fue ajustando mezclas y tiempos de horneado para lograr dos cosas a la vez: que el vaso no se deshaga con el líquido caliente y que la textura siga siendo agradable cuando se muerde. Nada de laboratorios sofisticados: pruebas de cocina, repetición y aprendizaje lento.
Su CEO, Marc Gómez Bachs, ha explicado que la idea original sonaba simple, pero la ejecución no lo era: querían que el envase no fuera un residuo más, sino parte de la experiencia.
De la mesa de una startup a una cadena global
Que estos vasos hayan llegado a Zara no es anecdótico. Señala algo relevante: una solución pequeña, nacida sin grandes presupuestos ni campañas, puede colarse en el consumo masivo si resuelve un problema claro. La colaboración muestra una vía distinta a la habitual en el retail: no depende de grandes acuerdos previos, sino de ofrecer algo reconocible y utilizable desde el primer día.
Este movimiento se alinea con una tendencia que avanza en cafeterías y retail: reducir residuos en algo tan cotidiano como pedir un café para llevar. No se trata solo de comunicar «sostenibilidad», sino de materializarla en el objeto que el cliente tiene en la mano.
Sostenibilidad sin discurso, en el gesto
La propuesta de Cookiecup no cambia la rutina de tomar café. Cambia el desenlace. Antes: tirar el vaso a la basura. Ahora: te lo comes. No hay reciclaje que gestionar, ni contenedores específicos. Simplemente, el envase desaparece porque pasa a formar parte del consumo.
Esta colaboración señala una dirección posible para el diseño de productos cotidianos: menos mensaje y más acción. Si la sostenibilidad quiere ser adoptada por el público, tal vez deba sentirse tan simple como un bocado después del último sorbo.
