La economía digital crece 8,31 puntos desde 2019 y ya pesa el 27,01% del PIB en España

La economía digital ya no es un complemento del tejido productivo español. Se ha convertido en una parte central de la actividad económica. En 2025, su impacto alcanza el 27,01% del PIB, según la sexta edición del informe Economía Digital en España, elaborado por la Asociación Española de Economía Digital, Adigital. En términos absolutos, hablamos de 455.300 millones de euros.

El dato confirma una tendencia de fondo: la digitalización ha dejado de estar asociada solo a empresas tecnológicas, plataformas o negocios nacidos en internet. Hoy también atraviesa fábricas, comercios, cadenas logísticas, procesos administrativos y compañías tradicionales que han incorporado herramientas digitales para producir, vender, automatizar tareas o gestionar datos.

La lectura, aun así, no es lineal. El peso de la economía digital ha crecido 1,01 puntos porcentuales respecto a 2024 y acumula un avance de 8,31 puntos desde 2019. Pero el ritmo se ha moderado frente a los años de mayor aceleración tras la pandemia. Adigital relaciona esta evolución con dos factores: una economía que crece con menos fuerza y tecnologías que, en muchos sectores, ya han entrado en una fase de madurez.

Una economía digital que ya no depende solo de las tecnológicas

El informe mide el impacto digital en tres grandes capas. La primera es el impacto directo, que supone el 13,42% del PIB. Aquí entra el valor generado por la aplicación inmediata de tecnología en la actividad empresarial: desde una tienda que vende por internet hasta una planta industrial que automatiza parte de su producción.

La segunda capa es el impacto indirecto, que alcanza el 12,49% del PIB. Este bloque mide el efecto que una inversión digital provoca sobre proveedores, socios tecnológicos y cadenas de suministro. Cuando una empresa moderniza sus sistemas, también activa la demanda de software, servicios, equipamiento, consultoría y soluciones especializadas.

La tercera es el impacto inducido, situado en el 1,10% del PIB. Está vinculado al consumo generado por el empleo asociado al ecosistema digital. El informe señala que los trabajadores de este ámbito suelen tener salarios más altos, lo que termina impulsando la actividad económica a través del gasto privado.

La clave está en que la digitalización ya no funciona como un sector aislado. Su valor aparece cuando se integra en el funcionamiento diario de la economía, desde la gestión de inventarios hasta la logística o la automatización de procesos internos.

La industria gana protagonismo en la transformación digital

Uno de los puntos más relevantes del estudio es el papel de la industria. La digitalización genera un impacto especialmente visible cuando entra en el centro de la producción. La robotización, la logística avanzada y los sistemas predictivos permiten mejorar procesos en fábricas y cadenas industriales.

En una fábrica, por ejemplo, un sistema predictivo puede anticipar una avería antes de que una máquina se detenga. Esa mejora tiene un efecto directo sobre costes, tiempos y productividad. En cambio, algunos servicios tienen más límites para escalar mediante tecnología porque todavía dependen mucho de la interacción humana directa.

Esta diferencia ayuda a entender por qué la digitalización produce más valor medible en determinados entornos industriales que en otros ámbitos económicos. El crecimiento digital no procede únicamente de nuevas startups o plataformas. También nace de la modernización de sectores que ya existían.

El salto, según esta lectura, no está solo en crear empresas digitales. Está en transformar cómo producen, venden y operan las compañías tradicionales. La economía digital crece cuando la tecnología deja de ser una herramienta externa y pasa a formar parte del núcleo del negocio.

El aviso de Adigital: el exceso normativo puede frenar la inversión

El avance digital convive con una preocupación creciente: la fragmentación regulatoria. Adigital advierte de que un marco normativo demasiado complejo puede elevar costes, ralentizar decisiones de inversión y reducir la capacidad de las empresas para escalar.

La asociación no defiende eliminar reglas. El foco está en mejorar su calidad. Entre las medidas planteadas figuran la revisión de normas para evitar duplicidades, una relación más fluida entre empresas e instituciones y el uso de tecnología para automatizar parte del cumplimiento normativo y de la supervisión.

El debate gana peso tras la aprobación en el Consejo de Ministros del primer anteproyecto de ley nacional de Inteligencia Artificial. La futura norma incluye prohibiciones específicas de uso y un régimen sancionador bajo la vigilancia de la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial.

Para el sector, el riesgo está en añadir obligaciones nacionales a las exigencias europeas. Más capas administrativas pueden traducirse en más costes y menos velocidad para competir, especialmente en empresas que operan en mercados digitales y necesitan escalar con rapidez.

Sandboxes regulatorios para probar antes de imponer reglas generales

Adigital también pone el foco en los sandboxes regulatorios. Estos entornos permiten probar nuevas tecnologías bajo supervisión antes de llevarlas al mercado de forma amplia. La ventaja es clara: empresas e instituciones pueden detectar riesgos, ajustar criterios y aprender con menor coste.

El informe defiende avanzar hacia una arquitectura que facilite la creación de sandboxes de manera más sistemática. La idea es que cada prueba no empiece desde cero, sino que genere aprendizajes útiles para futuras normas. Este enfoque busca que la regulación funcione como una garantía de seguridad jurídica, no como una barrera de entrada. Para muchas compañías, saber con claridad qué pueden hacer y bajo qué condiciones resulta tan importante como acceder a financiación, talento o infraestructura tecnológica.

La IA agéntica abre una nueva fase para las empresas

El informe también dedica atención a la IA agéntica, una evolución de la inteligencia artificial generativa hacia sistemas capaces de ejecutar procesos con mayor autonomía. A diferencia de una herramienta que responde a una instrucción concreta, estos agentes pueden trabajar a partir de un objetivo, planificar pasos y usar herramientas para completarlos.

Para las empresas, el cambio puede ser profundo. La automatización ya no se limitaría a tareas aisladas. Podría extenderse a procesos completos en áreas como operaciones internas, gestión de datos, atención al cliente o flujos administrativos. Aun así, su adopción empresarial todavía está en una fase inicial.

El informe recoge estimaciones que apuntan a que los sistemas de IA generativa podrían alcanzar un valor económico global de hasta 450.000 millones de dólares en 2028. Ese potencial explica por qué la gobernanza de la inteligencia artificial se ha convertido en un asunto prioritario para empresas, reguladores y asociaciones sectoriales.

Cuando un fallo de IA ya no es solo una respuesta equivocada

La IA agéntica también introduce riesgos nuevos. En la inteligencia artificial generativa tradicional, un error puede acabar en una respuesta incorrecta o poco fiable. En sistemas con capacidad de acción, el impacto cambia: un fallo puede terminar en una operación ejecutada.

El informe plantea ejemplos concretos, como modificar un registro, enviar un correo o ejecutar código. Por eso, Adigital subraya la necesidad de diseñar controles desde el inicio y no limitarse a revisar el resultado final cuando el sistema ya ha actuado.

La propuesta pasa por reforzar tres áreas: el control de las capacidades del sistema, la seguridad operativa durante el despliegue y la transparencia para observar cómo se comporta la IA. En la práctica, esto obliga a pasar de una supervisión centrada solo en resultados a un modelo de vigilancia continua durante todo el ciclo de vida de la tecnología.

España ya cuenta con una economía digital con peso propio dentro del PIB. El reto ahora es convertir ese volumen en productividad, inversión y competitividad real. Para conseguirlo, el sector reclama una regulación más clara y una adopción de la inteligencia artificial que combine automatización, seguridad y control.

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