Hoy en día es un hecho que la inteligencia artificial ya está integrada en el trabajo diario de muchas empresas. Se usa para crear estrategias, escribir textos, analizar datos o incluso para atender clientes. No se puede negar que se trata de una herramienta útil y eso hace que sea cada vez más común.
El problema ahora está en las normas para regular su uso. Ahora mismo hay dos posibles reglamentos: el AI Act, de la Comisión Europea; y el anteproyecto de ley del gobierno español. Ninguno se ha concretado aún, y en el sector tecnológico español se teme que esto vaya a perjudicar más que a ayudar.
Reglas que llegan sin explicarse bien
En teoría, el AI Act impulsado por la Comisión Europea, debería empezar a aplicarse en agosto de este año. Pero de momento sigue en revisión. ¿Y qué se quiere regular concretamente? A grandes rasgos acciones de alto riesgo con el uso de la IA y que exista transparencia cuando los contenidos sean generados de esta forma. Las empresas están de acuerdo en que exista una regulación que beneficie a todos. El problema es que muchas de esas reglas que plantean todavía no se saben aplicar en la práctica.
Desde el sector se quejan de que no hay explicaciones claras de qué se espera de las empresas y cómo deben adaptarse. Sin esas instrucciones básicas, trabajar con inteligencia artificial se vuelve una especie de salto al vacío, sobre todo para startups y empresas pequeñas.
El temor a normas más duras solo en España
A las dudas sobre la regulación europea, en España se suma otra inquietud. A pesar de que ahora mismo está bloqueado y no se sabe mucho más, desde el Gobierno de Pedro Sánchez se ha creado un anteproyecto de ley para regular la inteligencia artificial a nivel nacional.
El temor general es que esta regulación nacional choque con la europea o incluso sea más dura y restrictiva que las del resto de Europa. Ya se habla de multas mucho más elevadas que las contempladas en el AI Act, lo que podría poner en riesgo a muchas compañías. Si la ley española es más dura que la europea, esto podría empujar a algunas empresas a irse a otros países donde las normas sean más claras y menos duras. No sería justo para el sector español, que pide que todos los países jueguen con las mismas reglas.
Demasiadas dudas y pocas respuestas
Por otro lado, también hay confusión sobre quién debe vigilar que se cumplan estas normas. En España existe la AESIA, pero todavía no tiene bien definido qué controla exactamente. Desde el sector tecnológico se piden normas claras y tiempo para adaptarse y que los organismos se centren en ayudar a entender antes que a sancionar.
Mientras tanto, la inteligencia artificial seguirá avanzando a gran velocidad. Y lo que muchas empresas reclaman es poder usarla sin miedo constante a cometer errores por falta de información. De momento, tanto en Europa como a nivel nacional todo está marcado por retrasos que tienen a las empresas en pausa, esperando a saber qué normas se aplicarán y cuándo.

