Galicia ha dejado de ser un punto secundario en el mapa tecnológico español. El último retrato del ecosistema regional sitúa a la comunidad por encima de las 534 empresas tech e innovadoras, una cifra que confirma un cambio de escala en apenas un año. El dato más relevante no es solo el número de compañías, sino la velocidad con la que se ha trasladado al empleo, la facturación y la especialización sectorial.
Según los datos divulgados por El Referente y recogidos también por medios regionales a partir del informe elaborado por Scoutyn junto a la Xunta de Galicia, el ecosistema gallego suma ya 5.718 trabajadores y una facturación conjunta superior a los 556 millones de euros. La tecnología gallega empieza a medirse menos por casos aislados y más por la densidad de un tejido empresarial que ya compite por talento, inversión y clientes industriales.
El crecimiento llega en un contexto nacional también favorable. España alcanzó en 2025 las 10.294 empresas tech e innovadoras, frente a las 8.580 registradas el año anterior. El empleo del ecosistema español pasó de 107.987 a 137.042 puestos y la facturación conjunta superó los 19.442 millones de euros, un salto que acerca la economía digital al centro de la competitividad regional.
Para Galicia, la lectura empresarial es clara. Vigo, A Coruña y Santiago aparecen como polos con funciones distintas, pero complementarias: industria, servicios digitales, universidad, investigación aplicada y conexión con sectores tradicionales. Esa combinación permite que la tecnología no crezca solo como software exportable, sino como capa de mejora para biotecnología, energía, alimentación, logística y salud.
La comunidad ha construido una ventaja práctica: muchos de sus nuevos proyectos nacen cerca de empresas que ya tienen problemas reales que resolver. Una startup de analítica industrial puede encontrar clientes en fábricas, una compañía de foodtech puede probar procesos con productores locales y una spin off sanitaria puede dialogar con hospitales y grupos de investigación sin salir del territorio.
El reto ya no es demostrar que Galicia puede crear startups, sino evitar que sus compañías de mayor potencial tengan que marcharse para financiarse, contratar directivos o vender fuera. Ahí se jugará la siguiente fase del ecosistema. La masa crítica ayuda, pero no sustituye a capital especializado, compras públicas inteligentes, conexión con fondos europeos y una red comercial capaz de abrir mercado internacional.
El informe también refuerza una tendencia que se repite en otras regiones españolas: la innovación se está descentralizando. Madrid y Barcelona mantienen la mayor concentración de capital y sedes, pero comunidades con una base industrial clara empiezan a convertir la digitalización en un argumento propio. En Galicia, esa base puede ser diferencial si el crecimiento tech se conecta con productividad y no se queda solo en narrativa de emprendimiento.
Para los inversores, la cifra de 534 empresas invita a mirar más allá de rondas puntuales. Un ecosistema con empleo duplicado en un año necesita perfiles de producto, ventas, datos, ciberseguridad y desarrollo de negocio. También necesita mecanismos para que las pymes industriales adopten soluciones locales sin procesos de compra interminables.
La noticia, por tanto, no habla solo de una estadística regional. Habla de una economía que intenta convertir conocimiento distribuido en empresas capaces de sostener salarios cualificados y exportar tecnología. Si Galicia logra mantener esa tensión entre especialización local y ambición global, su ecosistema puede pasar de promesa territorial a pieza relevante del mapa tecnológico español.
