Flock Safety prueba una IA policial que reabre el debate sobre vigilancia y datos personales

Flock Safety está probando OS Investigate, una herramienta de inteligencia artificial para cuerpos policiales que va más allá del reconocimiento de matrículas. Una investigación de WIRED reconstruyó parte del sistema a partir de código servido por los propios portales de acceso de Flock y concluyó que la herramienta puede analizar patrones de movimiento, buscar posibles testigos y vincular vehículos con datos procedentes de archivos policiales, registros de llamadas y bases comerciales.

Flock sostiene desde hace años que su tecnología registra matrículas y no identifica a las personas que conducen. Sin embargo, WIRED señala que OS Investigate puede convertir matrículas en nombres, direcciones, familiares y otros datos cuando cruza información disponible para las agencias. La compañía respondió que se trata de un producto separado de su tecnología tradicional de lectores de matrículas, todavía en desarrollo y probado con un grupo reducido de socios policiales.

El caso Flock concentra una tensión que Europa y Estados Unidos aún no han resuelto: cómo usar IA en seguridad pública sin convertir bases de datos dispersas en vigilancia predictiva permanente. La tecnología puede ayudar a investigar delitos, pero también puede bajar demasiado el coste de buscar patrones sobre personas que no son sospechosas concretas.

Según la investigación, el sistema incluye 69 prompts predefinidos y 45 herramientas de acceso a datos. Algunos ejemplos permiten buscar vehículos vistos repetidamente en una zona, detectar coches que aparecen junto a otro vehículo o elaborar informes sobre personas con determinados registros. WIRED también describe prompts que no parten de una matrícula, un nombre ni un delito, sino de una ubicación, una franja temporal y un comportamiento.

Ese diseño preocupa a expertos en privacidad porque cambia la lógica de una investigación. En vez de consultar un dato concreto para confirmar una hipótesis, el sistema puede sugerir personas a partir de patrones de movimiento. Una visita repetida a gasolineras, bancos o zonas comerciales puede ser normal para miles de ciudadanos. El riesgo aparece cuando una herramienta convierte actividad ordinaria en señal policial sin supervisión suficiente.

La pregunta central no es si la policía debe usar tecnología, sino qué controles existen antes, durante y después de cada búsqueda. Un campo obligatorio de justificación sirve de poco si acepta términos vagos. Un registro de auditoría aporta valor solo si alguien lo revisa y sanciona abusos. Flock ha anunciado salvaguardas adicionales, como monitorización de búsquedas anómalas y códigos de caso, pero la confianza dependerá de su aplicación real.

El debate tiene lectura directa para empresas europeas que desarrollan IA para seguridad, movilidad o ciudades inteligentes. El Reglamento de IA y las normas de protección de datos obligan a justificar finalidades, minimizar información y evaluar riesgos. Una herramienta que cruza cámaras, datos personales y agentes conversacionales entraría en zonas especialmente sensibles de cumplimiento.

También hay una lección de gobernanza para administraciones locales. Comprar software de vigilancia no debería ser una decisión puramente técnica o presupuestaria. Requiere transparencia, límites de uso, revisión independiente y mecanismos de reclamación. Una ciudad que instala cámaras para buscar vehículos robados puede acabar habilitando usos mucho más amplios si los contratos y permisos no están bien definidos.

OS Investigate muestra que la IA policial avanza más rápido que el debate público sobre sus límites. Esa brecha es peligrosa para ciudadanos, administraciones y proveedores. La seguridad necesita herramientas eficaces, pero su legitimidad depende de que no conviertan la vida cotidiana en una base de datos interrogable sin frenos claros.

Contenido generado con IA. Este artículo ha sido elaborado mediante inteligencia artificial y puede no haber sido sometido a una revisión humana sustantiva. Más información sobre nuestra política editorial .
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