FetaLife Technologies está desarrollando una incubadora líquida para bebés prematuros ultraextremos, de entre 22 y 26 semanas de gestación. La compañía es una spin-off del Hospital Sant Joan de Déu, el Hospital Clínic de Barcelona y la Universitat de Barcelona, y parte de más de seis años de investigación en BCNatal, uno de los grupos de referencia en medicina fetal.
La propuesta busca recrear parte del entorno uterino para aumentar la supervivencia y reducir las secuelas graves asociadas a la prematuridad extrema. Según los datos comunicados por la empresa, su objetivo es elevar la supervivencia del 30% al 90%, reducir las secuelas graves del 95% al 52% y rebajar hasta un 70% el coste por tratamiento. Son metas ambiciosas, todavía sujetas al recorrido clínico y regulatorio que exige cualquier dispositivo médico de alto riesgo.
FetaLife representa una de las caras más exigentes de la deep tech: convertir ciencia hospitalaria en un producto regulado, fabricable y adoptable por sistemas de salud. Aquí no basta con una demo. La compañía debe demostrar seguridad, eficacia, reproducibilidad, integración en unidades de cuidados intensivos neonatales y capacidad de mantenimiento en entornos donde cada minuto importa.
El equipo fundador combina perfiles clínicos, científicos y de desarrollo de producto. Elisenda Bonet, consejera delegada, aporta experiencia en liderazgo de productos médicos nacidos de necesidades clínicas. La doctora Elisenda Eixarch lidera la parte médica y traslacional, mientras que el doctor Eduard Gratacós, referente internacional en cirugía fetal, dirige la estrategia científica. Esa mezcla de hospital, ingeniería y negocio será decisiva para cruzar el tramo entre laboratorio y mercado.
La compañía ya ha validado un MVP en modelos preclínicos y ahora busca completar el desarrollo industrial, regulatorio y preclínico antes del primer estudio en humanos. Hasta la fecha ha captado dos millones de euros en financiación pública competitiva y 1,6 millones en inversión privada, con un millón adicional previsto para octubre. Mantiene abierta una ronda de entre cuatro y seis millones de euros.
El modelo de negocio previsto es B2B y se dirige a hospitales con UCIN de nivel III y a sistemas de salud. FetaLife contempla ingresos por venta de la incubadora, consumibles por paciente, mantenimiento, formación, licencias de software de monitorización y acuerdos con empresas medtech para acelerar la comercialización internacional. Es un planteamiento habitual en dispositivos médicos complejos, donde el valor no está solo en el equipo inicial.
El impacto potencial va más allá de una startup concreta. España cuenta con hospitales capaces de originar tecnología médica avanzada, pero muchas innovaciones se pierden antes de escalar por falta de capital paciente, apoyo regulatorio o experiencia comercial internacional. FetaLife pone sobre la mesa una pregunta estratégica: cómo financiar proyectos que no encajan en los ciclos rápidos del software, pero pueden generar propiedad intelectual profunda y retornos clínicos reales.
La empresa figura entre las finalistas de Al Andalus Innovation Venture, foro que se celebrará el 22 y 23 de septiembre en Sevilla. Esa visibilidad puede ayudarle a conectar con inversores especializados y socios industriales. Aun así, el reto central seguirá siendo científico y regulatorio. En neonatología, una promesa no vale hasta que se traduce en evidencia.
Si FetaLife logra avanzar hacia ensayos humanos con datos sólidos, puede convertirse en una referencia europea de medtech nacida desde hospitales españoles. La oportunidad es enorme, pero también lo es la responsabilidad. La compañía trabaja en una frontera donde innovación y prudencia tienen que caminar juntas.
