El laboratorio sevillano donde se diseñan futuras terapias contra el cáncer: así funciona CITRE, el centro europeo clave de Bristol Myers Squibb

Fuente elmundo.es

En la Isla de la Cartuja, en Sevilla, un edificio que formó parte de la Expo 92 alberga hoy un laboratorio donde se estudian las bases biológicas de algunas enfermedades complejas. Allí se encuentra el Centro de Innovación e Investigación Traslacional en Europa (CITRE), una instalación de Bristol Myers Squibb (BMS) dedicada a la investigación básica que conecta a científicos y médicos de distintos países europeos.

Durante una visita al centro, el director científico de la compañía, Robert Plenge, explicó el papel que desempeña esta sede dentro de la estructura global de investigación del grupo farmacéutico. Según señaló, el centro sevillano funciona como “un hub crucial para científicos y clínicos de toda Europa en el desarrollo de la investigación global de la compañía”.

El lugar donde hoy trabajan decenas de investigadores tiene un pasado curioso. El laboratorio ocupa el antiguo pabellón de Italia de la exposición universal celebrada en 1992. Donde antes se mostraba tecnología del futuro, ahora se analizan células, proteínas y datos biológicos.

Dentro del edificio se alinean citómetros, espectrómetros y cámaras de refrigeración. Equipos diseñados para estudiar el comportamiento de células humanas o detectar moléculas que podrían convertirse en medicamentos. Más de 60 investigadores trabajan en estos laboratorios.

Desde aquí se impulsa una parte importante de la investigación del grupo en dos áreas médicas especialmente complejas:

  • Hematología
  • Oncología

Según datos de la compañía, más del 65% de los programas prioritarios globales de investigación y desarrollo en estas áreas pasan por el centro sevillano. El objetivo es identificar moléculas con potencial terapéutico antes de que entren en fases clínicas.

Un ejemplo de este trabajo es la plataforma CELMoD, una tecnología centrada en la regulación de proteínas implicadas en determinadas enfermedades. Durante la visita, Plenge explicó que se han obtenido datos positivos de dos moléculas basadas en esta tecnología para tratar el mieloma múltiple refractario, una forma de cáncer hematológico difícil de tratar.

Caminar por el laboratorio permite ver algunos de los instrumentos que utilizan los investigadores en su trabajo diario. Entre ellos destaca un citómetro de última generación que permite analizar células con gran precisión.

Curiosamente, algunos equipos tienen nombres propios. No se trata de una excentricidad científica. Según explicó Deborah Pons, responsable de Calidad y Prevención de Riesgos Laborales, esos nombres responden a personajes conocidos y ayudan a crear un entorno de trabajo más cercano. Al final, los investigadores pasan muchas horas en el laboratorio.

Otro aspecto que distingue al centro es su certificación interna dentro de la compañía. Según explicó David Villalba, director de Estrategia y Operaciones, esa acreditación valida tanto la calidad de los procesos científicos como la capacidad del laboratorio para reproducir resultados con estándares elevados.

La estrategia de investigación que guía el trabajo en CITRE parte de un principio que Plenge resume como biología humana causal. En términos simples, significa estudiar primero las bases genéticas y biológicas de una enfermedad antes de invertir grandes recursos en desarrollar un medicamento.

La lógica es clara. Si se entiende bien qué mecanismo provoca una enfermedad, es más fácil identificar una diana terapéutica, es decir, el punto exacto del organismo sobre el que debe actuar un tratamiento.

En paralelo, el centro ha incorporado herramientas digitales para analizar grandes volúmenes de información biológica. La Unidad de Informática y Ciencias Predictivas (IPS) procesa datos procedentes de experimentos y estudios clínicos.

En ese ámbito, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual dentro de la investigación farmacéutica del grupo.

Hoy en día, el 100% de nuestros programas de moléculas pequeñas cuentan con herramientas de IA”, explicó Plenge. Hace apenas unos años, añadió, esa proporción era cercana al 5%.

Aun así, el responsable científico subrayó que el criterio humano sigue siendo esencial. “El valor ahora no está en saber programar código, sino en saber escribir el prompt adecuado para interrogar a la biología y, sobre todo, en saber interpretar los resultados para evitar errores que en medicina pueden ser fatales”, afirmó.

Otra línea de investigación del centro se centra en la homeostasis de proteínas, un campo que estudia cómo las células regulan la presencia y degradación de determinadas proteínas. En ese ámbito se desarrollan las moléculas CELMoD, diseñadas para eliminar proteínas relacionadas con algunas enfermedades.

El centro sevillano también participa en el desarrollo clínico de tratamientos. La Unidad de Desarrollo Temprano y Operaciones Clínicas coordinó en 2024 un total de 37 estudios internacionales desde esta sede.

España ocupa además un lugar relevante dentro de la red global de ensayos clínicos de la compañía. Actualmente hay más de 3.000 pacientes participando en distintos estudios.

Los datos que generan esos ensayos se analizan en parte en el propio centro sevillano. Esa información ayuda a orientar el desarrollo de futuras terapias y a decidir qué proyectos avanzan hacia fases más avanzadas de investigación.

Otra ventaja del laboratorio es el acceso a muestras biológicas frescas. CITRE forma parte de la Red de Biobancos de Tejidos de España, lo que permite trabajar con tejidos humanos reales y evaluar posibles efectos secundarios en etapas tempranas del desarrollo de fármacos.

En este contexto de colaboración científica, la compañía ha firmado recientemente un acuerdo con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Según explicó Plenge, el objetivo es reforzar la cooperación entre la industria farmacéutica y las instituciones públicas de investigación en España.

Desarrollar un nuevo medicamento implica trabajar con incertidumbre. Muchos proyectos no llegan a convertirse en terapias aprobadas. Por eso, parte del trabajo de los científicos consiste en reducir ese riesgo lo antes posible mediante experimentos y análisis de datos.

Ahí entra en juego el papel de CITRE. El centro funciona como un punto de encuentro entre la investigación básica y la práctica clínica.

Desde Sevilla, los investigadores analizan células, proteínas y datos con un objetivo claro. Encontrar tratamientos que algún día puedan llegar a los pacientes.

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