El cierre del Golfo Pérsico pone a prueba la resistencia de la economía global

La escalada tras el ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel, y la respuesta de Teherán, ha devuelto la energía al centro del tablero económico. Con exportaciones del Golfo Pérsico paralizadas y el estrecho de Ormuz bajo amenaza, el mercado mira una sola variable: cuánto tiempo puede durar la interrupción.

La mayoría de analistas no trabaja, por ahora, con un conflicto prolongado. Citi plantea un escenario base de una o dos semanas de hostilidades y posterior desescalada. El problema surge si el choque supera ese plazo: aumentan los riesgos de desabastecimiento y se activa un patrón ya conocido en 2022 tras la invasión de Ucrania, con más precios, menos crecimiento y presión sobre los bancos centrales.

El cuello de botella que inquieta a los mercados

El estrecho de Ormuz, de apenas 34 kilómetros en su punto más angosto, canaliza una parte decisiva del comercio energético global. Por allí circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial y alrededor del 20% del gas natural licuado transportado por metaneros. La Guardia Revolucionaria iraní lo dio por cerrado el lunes por la noche, elevando el riesgo de un shock mayor si la interrupción se prolonga.

Berenberg advierte de que un cierre prolongado o total, ya sea por ataques a petroleros o por el uso de minas marinas, podría desencadenar un fuerte impacto en los mercados energéticos. ING pone cifras: un cierre completo comprometería unos nueve millones de barriles diarios de crudo, una vez descontados los volúmenes que pueden desviarse por oleoductos, además de seis millones de barriles diarios de productos refinados.

En el caso de Arabia Saudí, el margen es limitado. Como mayor exportador mundial, solo podría colocar aproximadamente la mitad de su producción a través de oleoductos hacia el mar Rojo. El resto depende de Ormuz. La infraestructura existente no absorbe todo el flujo que hoy pasa por el estrecho.

Infraestructuras bajo presión y el umbral de los 100 dólares

El riesgo no se limita al tránsito marítimo. También entran en juego las instalaciones energéticas. Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano, señala que será clave comprobar si se ven afectadas infraestructuras críticas para exportar hidrocarburos en Irán o en otros países de la región.

Este lunes, Qatar y Arabia Saudí paralizaron una planta de gas y otra de petróleo tras ataques con drones. MUFG fija un umbral sensible: el barril podría superar los 100 dólares si los flujos no se restablecen con rapidez. El mercado partía de expectativas de superávit global, pero sigue expuesto a una inestabilidad geopolítica persistente. El riesgo aumentaría si el suministro adicional anunciado por la OPEP+ no llega a materializarse con Ormuz interrumpido.

Del crudo al carrito de la compra

El traslado a precios no es automático. Depende, otra vez, del tiempo. Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, considera que si la crisis se limita a días o pocas semanas, el impacto en inflación y crecimiento sería reducido. Si se enquista, el efecto cambia.

Afi aporta una referencia concreta: una subida del 10% en el petróleo podría añadir entre dos y cuatro décimas a la inflación en economías desarrolladas. Es una magnitud suficiente para alterar previsiones y calendarios de política monetaria.

Hay además un canal menos visible. Oriente Próximo es relevante en fertilizantes y productos químicos como el amoniaco. Un cierre prolongado de Ormuz podría tensionar la industria agroalimentaria europea. No solo subiría el combustible; también podrían encarecerse insumos agrícolas, con efecto indirecto en alimentos.

Crecimiento en juego y presión sobre el BCE

Barclays estima que cada aumento sostenido de 10 dólares por barril resta entre una y dos décimas al crecimiento en los siguientes 12 meses. Si el petróleo alcanzara los 120 dólares y se mantuviera, el golpe sería significativo para Estados Unidos y para la economía global.

En España, Funcas modeliza un escenario de tensión moderada: con el petróleo en torno a 80 dólares y el gas en el Mibgas alrededor de 40 euros de forma persistente hasta final de año, el IPC podría situarse en el 3,2% en 2026, frente al 2,4% previsto a comienzos de ejercicio. Raymond Torres descarta, en principio, un repunte como el que llevó la inflación al 10% tras el inicio de la guerra en Ucrania, cuando el gas natural fue el principal detonante.

En política monetaria, Afi contempla dos vías:

  • Que el deterioro de la actividad empuje a relajar tipos.
  • Que la presión inflacionista obligue a adelantar subidas del BCE no previstas para este año.

La diferencia se traduciría directamente en el coste de las hipotecas. El equilibrio entre crecimiento e inflación vuelve a ser frágil.

Dólar fuerte y cálculo político en Washington

El mercado de divisas ya refleja tensión. El dólar recuperó su papel de activo refugio y se apreció casi un 1% frente al euro el lunes. MUFG recuerda que, tras el shock energético de 2022, el índice del dólar llegó a fortalecerse cerca de un 20% entre febrero y septiembre. No prevén un movimiento similar ahora, pero el precedente ilustra el potencial alcista de la moneda estadounidense en escenarios de estrés.

Barclays añade un componente político: el impacto en las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos. Según su análisis, el mandatario intentaría contener una escalada de precios para proteger el poder adquisitivo, lo que reduciría el margen para tolerar un petróleo significativamente más caro durante un periodo prolongado.

El mercado, en esencia, se mueve entre dos hipótesis. Un choque breve y contenido, o un enfrentamiento prolongado comparable al de Rusia y Ucrania, como plantea JP Morgan. La pregunta es: ¿será un sobresalto puntual o el inicio de un nuevo ciclo de energía cara? En esta crisis, el calendario pesa tanto como los barriles.

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