Dreame Technology, hasta ahora conocida por sus aspiradoras y pequeños electrodomésticos inteligentes, ha decidido presentarse ante el gran público con un mensaje contundente. La compañía china emitió un anuncio de 30 segundos durante la Super Bowl para anunciar su entrada en el coche eléctrico de lujo. Según la propia empresa, el coste del spot rondó los 10 millones de dólares, una cifra que sitúa la campaña entre las más caras del año.
El escenario elegido no es casual. La Super Bowl sigue siendo el escaparate publicitario más caro y visible del planeta. Aparecer ahí no garantiza éxito, pero sí deja clara una cosa: Dreame quiere jugar en la primera división. El anuncio no se limitó a mostrar un vehículo, sino que construyó un relato visual donde aspiradoras y cortacéspedes se transformaban en robots junto a un supercoche eléctrico verde, en una secuencia de estética futurista pensada para impactar más que para explicar.
Con esta acción, la compañía refuerza su ambición de convertirse en algo más que un fabricante de electrodomésticos. Dreame ya había anunciado el año pasado su objetivo de construir “el coche más rápido del mundo” y adelantó que sus primeros modelos eléctricos de lujo llegarán al mercado en 2027. El anuncio en la Super Bowl actúa como carta de presentación global de ese plan.
El movimiento recuerda a la estrategia seguida por otras tecnológicas chinas que han decidido dar el salto al automóvil. Xiaomi es el ejemplo más evidente y, en este caso, también uno de los primeros inversores en Dreame. La lógica es similar: trasladar experiencia en electrónica de consumo, software y fabricación a gran escala a un sector en plena transformación.
El proyecto empezó a tomar forma pública en enero, durante el Consumer Electronics Show de Las Vegas. Allí, Dreame presentó su primer prototipo bajo la marca Dreame Auto: el Nebula 1. Se trata de un superdeportivo eléctrico con cuatro motores y una potencia combinada de 1.902 caballos, cifras pensadas más para llamar la atención que para anticipar un producto de gran volumen. Según la empresa, acelera de 0 a 100 km/h en 1,8 segundos, un dato que lo sitúa en el territorio de los hipercoches eléctricos.
El diseño del Nebula 1 bebe claramente del imaginario de los superdeportivos europeos. Líneas agresivas, carrocería baja y un uso intensivo de fibra de carbono para reducir peso y reforzar la rigidez. No es un coche pensado para el día a día, sino una pieza de demostración tecnológica. Un escaparate rodante para mostrar hasta dónde quiere llegar la compañía.
Más allá del prototipo, Dreame trabaja en la infraestructura necesaria para convertir esta ambición en algo industrial. La empresa ha reconocido que estudia la construcción de una planta de fabricación en Europa, con especial interés en Alemania y, en concreto, en el estado de Brandeburgo. La elección no es trivial: Alemania concentra gran parte del conocimiento industrial del automóvil y ofrece proximidad a proveedores clave.
En paralelo, la compañía está formando un equipo de alrededor de 1.000 profesionales procedentes del sector del automóvil. El objetivo es integrar ese conocimiento con sus capacidades en inteligencia artificial, sensores y sistemas inteligentes. Dreame insiste en que sus futuros vehículos no solo competirán en prestaciones, sino también en funciones avanzadas de conducción y experiencia digital.
El acceso a mercados como Estados Unidos, sin embargo, no será sencillo. Los vehículos eléctricos chinos están sujetos a aranceles del 100% y a otras restricciones regulatorias que dificultan su entrada. Dreame ya vende aspiradoras, purificadores de aire y secadores de pelo en el país, pero el salto al automóvil implica otro nivel de escrutinio político y comercial.
Pese a esas barreras, la empresa presenta el Nebula 1 como una declaración de intenciones. No se trata tanto de vender ese coche en concreto como de posicionar la marca en la conversación global sobre el futuro del automóvil eléctrico de altas prestaciones. El anuncio de la Super Bowl cumple esa función: situar a Dreame en el radar de consumidores, inversores y competidores.
El reto real llegará después del ruido inicial. Pasar de un prototipo espectacular a un vehículo homologado, fiable y producido en serie es un camino largo y caro. Muchas compañías se han quedado a medio camino. Dreame, por ahora, ha elegido una estrategia clara: visibilidad máxima, promesas ambiciosas y una puesta en escena propia de una gran tecnológica.
La pregunta no es si el anuncio fue llamativo. Lo fue. La cuestión es si Dreame logrará convertir esa atención en un proyecto industrial sólido antes de 2027. El Nebula 1 ya ha cumplido su papel. Ahora empieza la parte difícil.
