La inflación española ha cerrado junio sin dar el salto que temía el Gobierno. El Índice de Precios de Consumo se mantuvo en el 3,2%, la misma tasa registrada en abril y mayo, según el dato adelantado publicado este lunes por el Instituto Nacional de Estadística. El resultado llega en un momento clave: el final de parte de las rebajas fiscales energéticas coincidía con la presión derivada del conflicto en Oriente Próximo.
El equilibrio ha llegado por dos vías. Por un lado, el retorno del IVA de la electricidad, el gas natural y otros combustibles al 21% ha encarecido los suministros. Por otro, la caída del crudo tras el alto el fuego entre Irán y Estados Unidos ha empezado a notarse en las gasolineras. La gasolina y el gasóleo han actuado como freno frente al repunte de la factura energética.
El dato que el Gobierno esperaba antes de renovar el escudo anticrisis
El avance del INE era una referencia importante para el Ejecutivo, que este lunes celebra un Consejo de Ministros extraordinario para decidir qué medidas mantiene a partir del 1 de julio. El paquete anticrisis aprobado a finales de marzo expira el 30 de junio, en un contexto todavía condicionado por la volatilidad energética.
El Ministerio de Economía sostiene que el plan desplegado durante los últimos meses ha reducido la inflación en torno a un punto porcentual. Aun así, el IPC sigue lejos del 2,3% registrado en febrero, antes de que la crisis en Oriente Próximo tensionara los mercados internacionales.
El departamento que dirige Carlos Cuerpo ha trasladado que el Gobierno mantendrá el apoyo a las familias y a los sectores más expuestos, entre ellos industria, transporte y agricultura. La idea del Ejecutivo es ajustar las medidas sin retirar de golpe la protección a quienes soportan mayores costes.
Luz y gas empujan al alza, los carburantes frenan el golpe
La estabilidad del IPC en junio no significa que los precios se hayan comportado igual en todos los sectores. La electricidad y el gas han sido los principales factores de presión. Desde el 1 de junio, el IVA aplicable a la luz, el gas natural y otros combustibles como el pellet volvió al tipo ordinario del 21%, tras meses con el tipo reducido del 10%.
A esa subida se suma la recuperación del Impuesto Especial sobre la Electricidad, que pasa del 0,5% a su nivel habitual del 5,11%. Según estimaciones del sector, este ajuste fiscal puede suponer unos 10 euros más al mes para un hogar del mercado libre con tarifa fija. En el mercado regulado, el PVPC, el incremento ronda el 15%.
El otro lado de la balanza está en los carburantes. El barril de Brent, referencia en Europa, se ha movido en junio en torno a los 72 y 75 dólares, niveles previos al inicio de la escalada en Oriente Próximo. Esa corrección contrasta con los picos de 120 dólares alcanzados durante los momentos de mayor tensión por el estrecho de Ormuz.
La consecuencia empieza a verse en las estaciones de servicio. El Instituto Complutense de Análisis Económico estima una caída del 7,6% en el gasóleo y del 4,5% en la gasolina. Esa bajada ha compensado parte del encarecimiento de la electricidad y ha evitado que la inflación general se desviara al alza.
La subyacente baja al 2,9%, pero los precios suben un 0,6% en el mes
El dato de junio deja otra señal relevante. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos por ser componentes más volátiles, bajó una décima hasta el 2,9%. Esto reduce parte de la preocupación sobre un posible traslado más amplio de la presión energética al conjunto del tejido productivo.
La lectura mensual, sin embargo, muestra más tensión. Los precios aumentaron un 0,6% respecto a mayo, una aceleración frente al 0,1% registrado un mes antes. Es decir, la tasa anual se mantiene estable, pero el movimiento dentro del mes refleja que los costes siguen reaccionando a cambios fiscales, energía y demanda.
Uno de los factores que ha añadido presión ha sido el consumo eléctrico asociado a las olas de calor. Según Raymond Torres, de Funcas, la fuerte demanda por el uso del aire acondicionado elevó los precios en el mercado regulado y evitó que el dato de junio fuera todavía más bajo.
La tregua del petróleo no elimina el riesgo para el verano
La caída del crudo ha dado margen a la economía española, pero no cierra la crisis energética. La inflación continúa expuesta a la evolución del conflicto en Oriente Próximo y a posibles interrupciones en rutas marítimas clave. Cualquier nuevo incidente en el entorno del estrecho de Ormuz podría volver a presionar los costes de transporte y energía.
El Gobierno se mueve con ese escenario sobre la mesa. Mantener parte del escudo anticrisis busca proteger a los sectores más sensibles ante un verano en el que los precios pueden cambiar rápido. Una subida del petróleo no tarda en trasladarse a los costes empresariales, desde el transporte de mercancías hasta la producción industrial. Las claves del dato de junio son claras:
- El IPC repite en el 3,2% por tercer mes consecutivo.
- La subyacente baja al 2,9%, una décima menos que en mayo.
- La luz y el gas suben por el fin de rebajas fiscales.
- Los carburantes bajan por la caída del crudo tras el alto el fuego.
- El Gobierno prepara nuevas prórrogas del escudo anticrisis.
El dato final del INE llegará en las próximas semanas. Hasta entonces, el avance de junio deja una fotografía con dos lecturas: España evita un repunte mayor de la inflación, pero la estabilidad depende de un equilibrio frágil entre fiscalidad, energía y geopolítica.
