Nissan recortará su gama global de coches y llevará su tecnología de conducción con IA al 90% de sus modelos

Nissan ha decidido reducir su gama global de vehículos y acelerar el despliegue de tecnología de conducción basada en inteligencia artificial como parte de su plan de recuperación. La compañía japonesa recortará su catálogo de 56 a 45 modelos y prevé extender este tipo de tecnología al 90% de su oferta a largo plazo, en un intento por reforzar rentabilidad, simplificar su estructura y recuperar tracción tras varios años de inestabilidad.

El anuncio forma parte de la hoja de ruta que está impulsando su consejero delegado, Ivan Espinosa. La idea central es clara: menos modelos, más foco comercial y una gama más alineada con los mercados donde Nissan todavía tiene volumen o margen para crecer. En la práctica, eso significa dejar atrás vehículos con peor rendimiento y concentrar recursos en modelos con mayor potencial de ventas, beneficio o posicionamiento de marca.

La empresa se ha fijado además varios objetivos comerciales para el ejercicio fiscal 2030. Nissan aspira a vender un millón de vehículos al año tanto en Estados Unidos como en China, y elevar su volumen anual en Japón hasta 550.000 unidades. Son metas ambiciosas para un fabricante que, en ventas, sigue por detrás de otros grandes grupos japoneses como Toyota, Honda o Suzuki.

Junto a esa reorganización de cartera, la automovilística ha avanzado algunos movimientos concretos de producto. Espinosa presentó una versión híbrida del Rogue, conocido como X-Trail en Japón, y una versión eléctrica del Juke, dos lanzamientos con los que la marca busca ampliar opciones mecánicas y adaptarse mejor a una demanda cada vez más fragmentada. Un cliente no pide lo mismo en Europa que en China, ni tampoco en un SUV urbano que en un modelo familiar.

El plan no se limita al escaparate comercial. Nissan está inmersa en una reestructuración más profunda que incluye la reducción de su huella industrial global y un recorte del 15% de la plantilla, dentro del programa de giro estratégico que la compañía viene desplegando desde el año pasado. En documentación financiera publicada por la empresa, Nissan ya había detallado también medidas de reducción de costes, consolidación de plantas y simplificación de plataformas.

Uno de los ejes del nuevo discurso corporativo es el peso de la tecnología. La compañía quiere que la inteligencia artificial y las funciones avanzadas de conducción dejen de ser un elemento marginal para convertirse en parte habitual de su gama. En Japón, por ejemplo, Nissan prevé incorporar capacidad autónoma end-to-end en su nuevo monovolumen Elgrand antes del cierre del ejercicio fiscal 2027. Además, lanzará una nueva serie de coches compactos a partir del ejercicio 2028.

La ofensiva tecnológica también pasa por alianzas externas. Nissan trabaja junto a Uber y la startup británica Wayve en el desarrollo de robotaxis, con la vista puesta en un programa piloto en Tokio a finales de 2026. Este tipo de colaboración le permite compartir riesgo, acelerar pruebas y no quedarse fuera de una carrera en la que cada vez pesan más el software, los datos y la automatización.

En el plano geográfico, el grupo quiere reequilibrar su producción y sus exportaciones. En China, Nissan quiere convertir las exportaciones en un pilar estratégico y llevar su berlina eléctrica N7 a América Latina y al sudeste asiático, además de exportar la pickup Frontier Pro a Oriente Medio. En Estados Unidos, por su parte, planea elevar progresivamente la producción local hasta el 80%, frente al entorno del 60% actual. Esa decisión apunta tanto a eficiencia industrial como a protección frente a un entorno comercial más incierto.

Otro frente abierto es el reposicionamiento de Infiniti. Nissan también quiere revitalizar su marca premium con nuevos modelos, en una señal de que no renuncia a competir en segmentos de mayor valor añadido pese al ajuste de catálogo. Al mismo tiempo, la empresa insiste en que su estrategia futura pasará por una gama más corta, pero mejor definida y más rentable.

El mercado recibió el anuncio sin excesiva euforia. Las acciones de Nissan subían un 0,7% al mediodía en Tokio, por debajo del avance del 2,4% del índice Nikkei, lo que sugiere una acogida prudente por parte de los inversores. La compañía presentará sus resultados anuales el 13 de mayo, una cita en la que ofrecerá una actualización del plan de reestructuración. En febrero ya había recortado con fuerza su previsión de pérdidas para el conjunto del ejercicio y sorprendió con beneficio en el tercer trimestre, una señal de que el ajuste podría estar empezando a dar resultados.

Lo que plantea ahora Nissan es una apuesta bastante reconocible en la industria del automóvil actual: menos dispersión, más disciplina industrial y más software dentro del coche. El reto estará en ejecutar ese plan sin perder presencia comercial en un mercado que castiga rápido a las marcas que tardan demasiado en reaccionar.

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