Reino Unido lanza una guía clave sobre uso de pantallas en la infancia y presiona a las tecnológicas

El debate sobre el impacto de la tecnología en la infancia da un paso más. Reino Unido ha publicado una recomendación nacional que fija límites claros al uso de pantallas en los primeros años de vida. Llega en un momento en el que los gobiernos empiezan a intervenir de forma directa en los hábitos digitales de los menores.

La guía es concreta. Menores de dos años, sin pantallas. Entre los dos y los cinco años, un máximo de una hora al día. El foco no es solo el tiempo, sino sus efectos: problemas de sueño o menos juego físico. Por ejemplo, un niño que sustituye media hora de juego activo por vídeos antes de dormir puede dormir peor y moverse menos durante el día.

El movimiento no ocurre en aislamiento. Francia, Dinamarca o Países Bajos ya avanzan en medidas relacionadas con verificación de edad y seguridad online. Indonesia ha ido más lejos al restringir el acceso de menores de 16 años a ciertas plataformas. La regulación digital infantil deja de ser un tema educativo y pasa a la agenda política y tecnológica.

Padres desbordados ante el uso de pantallas

Detrás de esta decisión hay una realidad cotidiana. Muchas familias no logran controlar el tiempo digital. En Reino Unido, una cuarta parte de los padres con hijos de tres a cinco años admite dificultades. A esto se suma otro dato: casi todos los niños de dos años ya usan pantallas a diario. ¿Estamos criando a menores que pasan más tiempo conectados que acompañados? La guía intenta aterrizar el problema con medidas prácticas:

  • Evitar pantallas durante comidas y antes de dormir
  • Elegir contenidos pausados y adecuados a la edad
  • Acompañar el uso para fomentar lenguaje e interacción

El objetivo no es prohibir, sino recuperar el control del contexto en el que se usa la tecnología.

La inteligencia artificial entra en escena

El documento amplía el foco. No solo habla de móviles o tablets, también de productos impulsados por inteligencia artificial dirigidos a niños. Un panel de expertos aconseja evitar contenidos de consumo rápido, similares a redes sociales, y ciertos juguetes conectados en edades tempranas.

No todo queda dentro del mismo saco. Las tecnologías asistivas basadas en pantalla, utilizadas por menores con necesidades educativas especiales, quedan fuera de estas recomendaciones. Empieza a dibujarse una diferencia clara entre uso perjudicial y uso terapéutico o educativo.

De la recomendación a la presión regulatoria

El anuncio británico coincide con un aumento de la presión sobre las grandes tecnológicas. En Estados Unidos, un jurado en Los Ángeles ha considerado negligentes a Meta y Google por funcionalidades que, según el caso analizado, habrían afectado a un menor. Este precedente podría multiplicar las demandas y forzar cambios en el diseño de productos.

Europa también se mueve. Sobre la mesa están medidas como edades mínimas para redes sociales, restricciones nocturnas o límites a chatbots basados en IA. El mensaje empieza a ser difícil de ignorar. La relación entre infancia y tecnología ya no es un terreno sin normas. Lo que hoy se plantea como recomendación, mañana puede convertirse en obligación para plataformas, fabricantes y desarrolladores.

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