El complejo frente a Shanghái ahorra un 22,8 % de energía, elimina el uso de agua dulce y marca un punto de inflexión en la sostenibilidad digital.
China ha inaugurado el primer centro de datos submarino del mundo alimentado por energía eólica, un proyecto que combina computación avanzada y sostenibilidad ambiental. Ubicado frente a la costa de Lin-gang (Shanghái), el complejo busca reducir el impacto ecológico de una industria que consume más electricidad que algunos países enteros.
Valorado en 1.600 millones de yuanes (unos 214 millones de euros), el centro aprovecha tanto la temperatura del mar como el viento costero para funcionar con mayor eficiencia. Según medios estatales chinos, logra reducir el consumo energético total en un 22,8 % y prescinde por completo del uso de agua dulce para refrigerar sus sistemas, un logro relevante en un contexto de creciente escasez hídrica.
Refrigeración natural a 35 metros bajo el agua
El mayor desafío de cualquier centro de datos es mantener los servidores fríos: la climatización puede llegar a representar la mitad del consumo eléctrico. En Lin-gang, el mar hace gran parte del trabajo. El agua circundante se usa como refrigerante natural, disminuyendo el gasto energético en enfriamiento a menos del 10 % del total.
El resultado es un Power Usage Effectiveness (PUE) inferior a 1,15, una cifra por debajo del estándar que China impondrá a partir de 2025 (1,25). En términos simples: casi toda la energía consumida se destina directamente al procesamiento, no a la refrigeración.
Una base para la inteligencia artificial y la nube industrial
El complejo no solo almacena datos. También servirá de soporte a plataformas de inteligencia artificial, redes 5G y sistemas de Internet industrial (IIoT). En esta primera fase, la instalación ofrece 2,3 megavatios (MW) de potencia operativa, pero el plan es alcanzar 24 MW en los próximos años.
El proyecto forma parte de la estrategia de computación inteligente de Shanghái, que pretende alcanzar los 200 EFLOPS de capacidad antes de 2027. Esa cifra equivale a ejecutar, al mismo tiempo, simulaciones climáticas globales, predicciones epidemiológicas o entrenamientos de modelos avanzados de IA.
Tecnología bajo presión: los retos del fondo marino
La construcción estuvo a cargo de la China Communications Construction Company (CCCC), a través de su Tercera División de Ingeniería del Puerto, especializada en infraestructura marítima. Instalar un centro de datos bajo el mar implica resolver problemas como la corrosión, el mantenimiento remoto o el impacto sobre los ecosistemas.
Wang Shifeng, presidente de la división, reconoció que aún deben mejorarse los diseños para hacerlos “más escalables y rentables”, pero destacó que el proyecto “abre un nuevo camino para el desarrollo de infraestructuras digitales sostenibles”.
China ya había probado un modelo similar en Hainan, aunque sin energías renovables. La diferencia ahora es clave: la integración directa con parques eólicos marinos, que permite operar sin depender de la red eléctrica terrestre.
Un nuevo paradigma energético para la era digital
Los centros de datos submarinos con energía renovable prometen transformar la industria tecnológica. Entre sus ventajas destacan:
- Cero uso de agua dulce para enfriar los equipos.
- Aprovechamiento directo de energía eólica sin largas líneas de transmisión.
- Menor ocupación de suelo urbano, al trasladar la infraestructura bajo el mar.
- Reducción significativa de la huella de carbono en uno de los sectores más contaminantes del planeta.
Con esta instalación, China refuerza su liderazgo en infraestructuras verdes y propone un modelo que podría extenderse a otras regiones costeras del mundo. La próxima generación de centros de datos ya no se construye en tierra firme: flota —y respira— bajo el agua.
